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Editorial:

Oxígeno financiero

El plan británico contra la crisis de liquidez es una idea sugerente; la inacción no lo es

La crisis crediticia en el sistema bancario estadounidense no ha reducido su severidad. Las inyecciones de liquidez de los principales bancos centrales y la flexibilidad de algunos de ellos en la admisión de garantías no están resultando suficientes para normalizar la actividad crediticia en los sistemas financieros mundiales. Ese estrangulamiento de los mercados mayoristas compromete la solvencia de entidades financieras solventes y erosiona las posibilidades de crecimiento. No sólo en Estados Unidos. El FMI acaba de reconocer que Europa puede sufrir en igual medida que EE UU esta combinación de crisis financiera y económica. Con la salvedad de que las condiciones de financiación en la eurozona, tipos de interés y de cambio, son menos propicias a su rápida superación.

El Banco de Inglaterra ha dado un paso en la neutralización de algunas de esas amenazas. Ha decidido admitir el canje de hipotecas que tienen los bancos en sus balances por bonos del tesoro británico, por una cuantía que se estima pueda superar los 60.000 millones de euros. Trata de fortalecer la liquidez de los bancos, ya no en el muy corto plazo, sino por periodos de un año o más. Esos bonos de máxima calidad crediticia, que reemplazan a las penalizadas hipotecas, facilitarán la obtención de liquidez de los bancos que accedan a la permuta. Impone condiciones estrictas en la conversión (sobre la calidad de las hipotecas objeto de canje, precios y relación de conversión) para, sin incentivar la mala gestión de riesgos, tampoco obligar a que sea el sector público el que acabe soportando el coste de los errores privados.

Decisiones como la del Banco de Inglaterra pueden evitar males mucho peores en el futuro. Para el Banco de España y el Gobierno debería ser motivo de reflexión, porque la importancia del crédito hipotecario en bancos y cajas es tan destacada como en el Reino Unido. Y la necesidad de renovar vencimientos de emisiones de títulos amparados en esas hipotecas es tan urgente como en la mayoría de los sistemas bancarios del mundo. Es un sistema solvente, es cierto, pero sólo con esa declaración no se evitan los problemas. Si hay algún problema serio en el sistema financiero, España será de las economías que menos crezca en el futuro. Sería paradójico que la inacción complicara la vida a uno de los sistemas bancarios más eficientes del mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de abril de 2008