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Hamás asesta un duro golpe a Israel

La milicia islamista, cada vez más preparada, mata a tres soldados hebreos - El Ejército israelí contraataca en Gaza y acaba con la vida de 17 palestinos

Terrible jornada en Gaza. Tras la muerte ayer de cinco milicianos de Hamás en dos de las diarias invasiones de la franja, los hombres armados del movimiento islamista golpearon con dureza y mataron a tres soldados hebreos. A partir de ahí, la venganza fue atroz.

Los disparos desde helicópteros Apache acabaron con la vida de 17 palestinos -la mayoría civiles, entre ellos cinco niños, un anciano y un fotógrafo de la agencia Reuters- en un campo de refugiados en el centro del territorio. Sólo desde hace un par de meses fallecen en las ofensivas militares de Israel más civiles que milicianos.

Cinco niños y un periodista, entre las víctimas de los ataques israelíes

"Algunos milicianos se adiestran en Irán", confiesa Abu Jaled

Ayer, los ataques israelíes también dañaron una mezquita, un hospital, y arrasaron campos de cultivo. Y es que desde hace mucho tiempo no morían tres soldados hebreos en una sola operación. La milicia de Hamás se ha convertido en un Ejército. Preocupa, y mucho, a los mandos militares de Israel.

Las incursiones en Gaza salen cada día más caras a los uniformados israelíes. A la determinación de los milicianos -más de 20.000- se suma una situación desesperada producto de un brutal bloqueo económico que se prolonga desde junio. Abu Jaled, de 22 años, es amable y siempre sonríe. Pero cuentan de él que es una fiera. Está a cargo de misiones de alto riesgo. "Mando sobre decenas de soldados. Patrullamos la frontera con Israel", explicaba días atrás.

Es muy joven, pero ha vivido la evolución de una milicia que ha pasado de jugarse la vida con alpargatas a disponer de medios técnicos que ni sabía utilizar. El adiestramiento y la calidad del armamento han mejorado sustancialmente; las tácticas de combate mejoran, y la motivación es tremenda. "Trabajamos por la patria y por Dios. Claro que imitamos a Hezbolá, pero aquí es diferente. Nos invaden todos los días", dice Abu Jaled.

Tras un reciente ataque del Ejército, los soldados hebreos se sorprendieron por un detalle aparentemente banal. Los milicianos muertos llevaban una cinta elástica en la parte inferior del pantalón. Para evitar tropiezos. Detalles que revelan que su entrenamiento es más minucioso. Casi nada pueden hacer frente al tremendo poderío militar de su enemigo, y sus bajas se cuentan por decenas al mes en los últimos dos años. Para ellos lo de ayer no es nada nuevo. Pero los militares israelíes lo tienen claro. "No son una banda de terroristas. Se parecen a un Ejército regular", ha asegurado un oficial.

"El soldado de Ezedín el Kassam [brazo armado de Hamás] está cada vez mejor preparado. Tenemos cuidado de que los relojes no reflejen la luz. En las zonas calientes sólo usamos las radios con cascos. Y la ropa debe ser diferente según el momento del día o la zona que patrullemos. Cuidamos las suelas de las botas para que no hagan ruido. Hace sólo cuatro años era muy diferente", relata Abu Jaled.

Los oficiales israelíes también están convencidos de que el brazo armado de Hamás cuenta con un centro de coordinación. "Cada grupo", ratifica Mohamed, "sólo opera en la zona asignada. Y está terminantemente prohibido cambiar de área sin recibir la orden. Cuando patrullamos, nadie debe vernos. Ni siquiera ciudadanos palestinos". Cada pequeña brigada es un compartimento estanco.

Al igual que hizo la milicia chií en el sur de Líbano, Gaza está horadada. Decenas de túneles contienen explosivos listos para detonar. Las brigadas palestinas han logrado mejorar la conservación de sus explosivos y sus cohetes Kassam. Ya no necesitan dispararlos a los pocos días de su ensamblaje. Ahora los conservan almacenados durante largo tiempo y los lanzan desde escondites subterráneos, a veces con temporizador. Como Hezbolá. Los milicianos pueden huir con más facilidad. Y en lo que supone un salto cualitativo, su alcance llega a los 20 kilómetros y se fabrican en Gaza. Ya no dependen tanto de los difíciles suministros desde el exterior.

Dos acontecimientos ayudaron a esa mejoría de su capacidad militar. En junio de 2007, cuando Hamás se hizo con el control de Gaza, las fuerzas leales al presidente palestino, Mahmud Abbas, abandonaron los cuarteles. Sin apenas resistencia. El botín fue cuantioso: equipos de escucha, prismáticos de alta calidad, ametralladoras que pueden alcanzar helicópteros, equipos de visión nocturna, armas largas y cortas, granadas RPG, fusiles estadounidenses M-16, vehículos blindados y munición a mansalva.

El segundo hecho decisivo fue la voladura de la frontera de Gaza con Egipto. El 22 de enero, a las nueve de la noche, comenzaron a colocar los barriles de explosivos, avisaron a los guardias egipcios, y las cargas comenzaron a estallar. Entre las dos y las seis de la mañana, sólo los implicados en el plan se acercaron a la frontera.

Durante esas cuatro horas, hasta que los milicianos de Hamás permitieron a las masas cruzar hacia Egipto, tuvieron que pertrecharse. No es verosímil que no se hicieran con un gran cargamento de armas, de sustancias químicas para fabricar cohetes y con potentes explosivos. La resistencia es lo primero. Y una operación planificada desde meses atrás no podía dejar suelto ese cabo.

El Ministerio de Defensa israelí piensa lo mismo. Y sospechan que en esas fechas regresaron a Gaza decenas de milicianos que se habían entrenado en Irán y Siria. "Es cierto que algunos se adiestran en Irán, pero no tantos como dice Israel", concluye Abu Jaled.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de abril de 2008