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El régimen de Mugabe se tambalea

La oposición proclama su victoria y el Gobierno aplaza la difusión de los resultados

La oposición al régimen de Mugabe se atribuyó la victoria pese a las advertencias del Ejército de que no toleraría una declaración antes de que se divulgaran resultados oficiales. Los líderes opositores se escondieron para evitar represalias y todo el país aguardaba desde sus casas la difusión de los primeros datos oficiales. La policía antidisturbios recorrió las calles vacías de Harare en un gesto claramente disuasorio. El organismo encargado de hacerlo guarda silencio. Anoche se limitó a informar de que se darían a conocer a primera hora de la mañana, sin precisar nada más. En 2002 (existe consenso internacional de que Mugabe manipuló los comicios), el Gobierno anunció los resultados la misma noche electoral. Nunca antes había tardado tanto en ofrecer sus cifras, lo que la mayoría de analistas interpretaba como un signo de debilidad.

El lugar donde debían anunciarse los resultados era ayer un caos: ningún político de peso, ningún portavoz. Y la sede de ZANU-PF, el partido de Mugabe, estaba también vacía. Dos militares la custodiaban con sus Kaláshnikov y apenas reunía a media docena de personas que veía un partido de fútbol.

Aunque no se había difundido ningún dato oficial, en algunas circunscripciones se fueron colgando los resultados parciales junto al colegio electoral. Muchos jerarcas han perdido su escaño, incluida la vicepresidenta. En Zuimba, la provincia natal de Mugabe, ha ganado la oposición. Y en feudos tradicionales del ZANU-PF, como Gueru, la oposición suma el 76%.

"Estamos cansados de tanta precariedad; queremos un cambio", aseguraba Moyo en Goromonzi, otro de los feudos de Mugabe que se vienen abajo. La explicación se encuentra quizá en la polvorienta plaza central: el único bar ofrece un único producto: barritas de pan. No tiene nada más. Ni siquiera agua.

Los principales dirigentes del Movimiento para el Cambio (MDC), incluido su presidente, Morgan Tsvangirai, pasaron a algo parecido a la clandestinidad tras anunciar un tsunami electoral que supuestamente debe llevarles al poder. Temen la brutalidad policial, que conocen bien, y que ayer olisquearon: decenas de agentes merodeaban por el hotel donde habían montado su cuartel general. Antes de desaparecer hicieron un llamamiento a la calma y anunciaron sus datos.

Una por una, fueron detallando circunscripciones en las que supuestamente han ganado, lo que les hizo concluir que Tsvangirai "ha logrado el 67% de los votos". Sus datos no tenían el más mínimo rigor científico. Fue más bien un acto político de afirmación: "En 2002 y 2005 abusaron de nuestra buena fe por esperar los datos oficiales. ¡No va a volver a pasar!", exclamó el secretario general del partido, Tendai Biti.

Mucho más rigurosa era una estimación basada en los resultados de casi 8.000 mesas electorales recopilados por las embajadas occidentales, cuyos países han sido vetados como observadores. Estos datos otorgan a Tsvangirai el 55% de los votos; a Mugabe, el 36%, y a Simba Makoni, escindido de ZANU-PF, el 9%. En la estimación están sobrerrepresentadas las zonas urbanas en detrimento de las rurales, donde el presidente mantiene sus apoyos más sólidos.

El retraso en la difusión de resultados oficiales -aunque fueran parciales- no hizo sino disparar especulaciones de todo tipo en un país en el que también las comunicaciones están en quiebra: hablar por teléfono es a menudo una odisea y lo más fiable son los SMS, los mensajes de móvil. Todo el mundo se preguntaba cuál sería la reacción de Mugabe y hasta qué punto hay disensiones en el todavía monolítico ZANU-PF. La candidatura de Makoni, que hasta febrero era militante de este partido y uno de los candidatos a suceder a Mugabe, ha cambiado completamente el escenario.

El entretenimiento favorito de los diplomáticos occidentales es tratar de adivinar qué apoyos mantiene Makoni en el Ejército y en las cloacas del Estado. Pese a la calma, la incertidumbre ha aumentado el riesgo a un estallido de violencia. La Embajada de Estados Unidos advirtió ayer a sus ciudadanos que deben quedarse en casa por temor a disturbios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 31 de marzo de 2008