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El silencio de Rajoy desespera al PP

Varios dirigentes se preocupan por la sensación de indecisión tras las vacaciones - Zaplana se escuda en que es "portavoz en funciones" para evitar asuntos clave

Todo en el PP parece estar, como el Gobierno, "en funciones". Hasta su portavoz parlamentario: así se autodefinió ayer Eduardo Zaplana. El principal partido de la oposición se ha instalado de nuevo, ante el silencio de su líder a la vuelta de vacaciones, en la misma histeria que vivió ante el proceso de elaboración de listas.

De nuevo, como entonces, tanto internamente como, sobre todo, externamente -en los medios más cercanos a la militancia del PP- se critica la sensación de indecisión que traslada Mariano Rajoy. Desde el lunes, los reproches han ido creciendo de intensidad, sobre todo en la Cope. Y eso también afecta a los dirigentes, cada vez más nerviosos.

"Nos han votado más de 10 millones de personas, debemos decirles claramente y desde el principio que han hecho bien, que nosotros éramos la mejor opción, olvidarnos de la derrota y seguir adelante", sentencia un dirigente. Él, como otros, se queja en privado de la sensación transmitida durante toda la semana, que se atribuye al estilo Rajoy, que siempre prefiere dejar todas las decisiones para el último minuto y aumentar así el suspense.

Mientras el PSOE, explican estas fuentes, ha trasladado tras las vacaciones una sensación de fortaleza y actividad, el PP seguirá en funciones hasta el lunes, cuando Rajoy ha convocado una Junta Directiva Nacional en la que anunciará el nombre del nuevo portavoz parlamentario y avanzará puntos fuertes y tal vez nombres clave para el congreso de junio.

Rajoy, en Calahorra

Esa sensación de partido en funciones, expectante ante el silencio de su líder -que hoy visita Calahorra, la zona del último atentado de ETA, y hará declaraciones para los medios- se vio reforzada ayer por el calendario. El PSOE ha dedicado toda la semana a negociar la Mesa del Congreso. Y le tocaba el turno al PP, el último de los grupos en ser consultado. Pero como Rajoy aún no ha nombrado a un nuevo portavoz parlamentario, a la reunión con José Blanco tuvo que acudir Eduardo Zaplana, prácticamente dimitido desde antes de Semana Santa, cuando anunció su voluntad de quedarse como diputado raso para "abrir paso a la necesaria renovación".

Zaplana compareció tras la reunión para aclarar que no hay acuerdo sobre la composición de la Mesa. Los periodistas, ante la ausencia de portavoces del PP estos días, le preguntaron sobre todo tipo de asuntos: pacto antiterrorista, Gescartera, balanzas fiscales, presidente del Congreso, investidura de Zapatero...

Zaplana, que siempre accede a contestar todas las preguntas en sus largas ruedas de prensa, no rechazó ninguna, pero varias veces se escudó en la fórmula: "Miren, yo estoy aquí como portavoz en funciones y he venido a negociar el asunto de las Mesas. De lo demás, les darán buena cuenta después de la Junta Directiva del lunes". Esto es: de lo demás, pregunten al nuevo portavoz.

Ese puesto es absolutamente clave. Interna y externamente. La imagen del partido, el tipo de oposición que Rajoy quiere realizar y el mensaje de renovación dependen de ese nombre. Pero sobre todo internamente, el portavoz parlamentario es el número tres del partido cuando está en la oposición -después del presidente y el secretario general- y la persona encargada de distribuir juego y controlar al grupo parlamentario. Por eso, entre los 154 diputados del PP se ha instalado una enorme inquietud ante la sensación de que Rajoy no se decide. Las quinielas siguen con los mismos nombres: Esteban González Pons, Juan Costa, Soraya Sáenz de Santamaría y Manuel Pizarro, a los que se suman Ignacio Astarloa y José María Michavila.

El miércoles, casi todos se encontraron en el funeral de Rogelio Baón, un diputado muy querido, fallecido en plena campaña electoral. Se celebró en la madrileña iglesia de Los Jerónimos. Acudió la plana mayor del partido y casi todos los nuevos parlamentarios. En los corrillos no se hablaba de otra cosa, según varios de ellos, y ante esa evidente presión por saber algo Rajoy se marchó corriendo para evitar que le pararan y le plantearan el clásico qué hay de lo mío.

Rajoy está hablando con mucha gente, y el fin de semana piensa recibir a otros dirigentes en su casa, su lugar preferido de trabajo. Esperanza Aguirre, la presidenta de Madrid, no está de momento entre las consultadas. Ayer comenzó un viaje oficial a Argentina, país en el que casualmente, aunque por una convocatoria diferente, también está José María Aznar. La mano derecha de Aguirre, su vicepresidente Ignacio González, aseguró que Rajoy "hablará en los próximos días" con su jefa y negó que se sienta "molesta o ninguneada" por el hecho de que aún no se haya puesto en contacto con ella.

Alberto Ruiz-Gallardón, gran rival de Aguirre, promovió una carta del grupo municipal de apoyo a Rajoy. Un concejal aguirrista se mostró molesto por la iniciativa pero al final la asumió y se aprobó por unanimidad un texto en el que también se felicita a la presidenta por los resultados en Madrid, informa Daniel Verdú.

En medio de la tensión ante el silencio del líder, María Cristina Castro, una militante de base afiliada en 2004, desconocida y sin ninguna posibilidad, anunció ayer su intención de presentarse como candidata alternativa en el congreso del PP en junio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de marzo de 2008