Crítica:LA PELÍCULA DE LA SEMANACrítica
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Negrura de primera clase

Existió una época gloriosa en el cine norteamericano, la década de los setenta, habitada por una generación en la que insólitamente todo el mundo había sido bendecido con algún tipo de talento, gente con universo propio y un lenguaje poderoso para expresarlo. También tuvieron la fortuna de que hubiera productores con sentido del riesgo y convencidos de que el arte también puede ser rentable, que el cine de calidad no era incompatible con lo de vender muchas entradas, que el público podía deleitarse con películas que huyeran de lo convencional, de la mediocridad, de la fórmula, de la computadora.

Actualmente, resulta complicado encontrar con cierta frecuencia en la mercadería de Hollywood películas con voluntad de autoría, atmósfera, personalidad reconocible. Lo que entonces era normal, tener siempre en la cartelera títulos atractivos, firmados por la inagotable creatividad de aquella legendaria pandilla de creadores, de los que Peter Beskind nos contó sus grandezas y miserias en el libro Moteros tranquilos, toros salvajes, hoy resulta excepcional.

James Gray pertenece a la raza de los directores de la década dorada
Su cine está obsesionado con la familia, sus tormentas y catarsis

James Gray sólo ha rodado tres películas en 15 años. Lástima que se demore tanto, ya que pertenece a la raza de aquellos directores de la década dorada. Su cine está obsesionado con la familia, sus tormentas, su desintegración y su catarsis.

En la excelente y sombría La noche es nuestra retorna a esa fijación siempre amenazada por la tragedia. Cuenta la huida de sus raíces de un hijo pródigo que se ha sentido asfixiado por las tradiciones que le imponían, por la rigidez moral y la ortodoxia que rigen a una familia formada por policías. Su transgresión le llevará a coquetear con el lado oscuro, con los trapicheos que mueve la noche. Se sentirá triunfador dirigiendo un club de moda y disfrutando de la estabilidad sentimental que le procura su sensual y latina novia. También acogido por la calidez y el refugio que le ofrece la encantadora familia rusa para la que trabaja.

Esa coraza profesional, mental y amorosa se desmoronará cuando esos rechazados padre y hermano que representan a la ley le cuenten que sólo es un inconsciente peón al servicio de la tenebrosa mafia rusa, cuando estalle inevitablemente la sangre que impone el mercado de la heroína y le salpique por dentro y por fuera, cuando este hombre progresivamente atormentado tenga que decidir entre el antipático orden que representa el ambiente y la familia de la que desertó y el encantador oropel del mal, de aquellos que le adoptaron y le hicieron feliz.

James Gray narra con tensión de altura, clima tan negro como creíble, fatalismo, aroma bíblico y complejidad psicológica la tragedia de este tipo dividido y desgarrado. Retrata ambientes con admirable densidad. Consigue interpretaciones tan potentes como veraces de Joaquin Phoenix, Robert Duvall y Mark Wahlberg. Se atreve a un desenlace que indignará al progresismo miope. Es un director tan personal como inquietante.

Drogas y policías con Joaquin Phoenix y Mark WahlbergUNIVERSAL

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 27 de marzo de 2008.