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Análisis:

La máquina sigue rota

Se dice que "a la tercera, la vencida". Pues no. En esta ocasión ningún experto cree que esta tercera actuación conjunta entre los bancos centrales de Estados Unidos y Europa para suministrar liquidez al mercado financiero acabará con el problema de fondo. Lo hicieron en agosto, cuando estalló la crisis, luego en diciembre para que los bancos pudieran cerrar el ejercicio, y ayer lo repitieron ante el mal cariz que está tomando la situación.

Ayer la Reserva Federal de Estados Unidos anunció la ampliación de su programa de préstamos con el lanzamiento de una línea de crédito temporal en valores de hasta 200.000 millones de dólares (130.000 millones de euros). También comunicó un acuerdo con el BCE y el Banco Nacional de Suiza para que ambos presten hasta 21.000 millones de dólares.

Ésta es la decisión más importante que ha tomado la Fed desde que empezó la crisis. Como toda medida, tiene sus aspectos positivos y negativos. Entre los primeros cabe destacar que inyectará grasa en la maquinaria de los mercados financieros, que amenaza con bloquearse por la falta de liquidez. Un colapso en el crédito frenaría aún más la economía norteamericana, que se encamina a la recesión. Por eso, los bancos y los brókers recibieron esta noticia con gran alegría y las Bolsas sobreactuaron. Además, Ben Bernanke quiere revitalizar el mercado de los activos hipotecarios, que está muerto porque nadie ofrece contravalor por ellos ante la incertidumbre de la crisis de las hipotecas basura (algo que ya ha repercutido en España).

Pero el problema no es la falta de liquidez, porque dinero hay y en grandes cantidades. El colapso de los mercados y de los activos hipotecarios es la consecuencia de la falta de confianza en la situación de los bancos. Seis grandes entidades internacionales han rectificado sus previsiones iniciales para reconocer mayores pérdidas de las anunciadas. Fue una mala noticia. Pero el dinero de la Fed no arreglará la caída del mercado de la vivienda de Estados Unidos, origen de la crisis. Si esto no cambia, los activos hipotecarios de los bancos seguirán perdiendo valor y serán necesarias nuevas provisiones. Bernanke ha dado un golpe, quizá a la desesperada, para evitar problemas a los bancos ante el cierre del primer trimestre. La máquina sigue rota y hasta que no se arregle el motor, de poco servirá ponerle más grasa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de marzo de 2008