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El 'todo vale' del arte actual

Las creaciones más provocadoras inundan Nueva York con la bienal del Whitney

Hay que aparcar los prejuicios, las etiquetas y evitar las clasificaciones. Buscar un hilo conductor tampoco sirve. La Biennal 2008 del Whitney Museum of American Art, que mañana se inaugura en Nueva York, no aspira a titular las tendencias del arte actual o a construir o proclamar de forma forzada estilos o estéticas. Como aseguran sus dos jóvenes comisarias, Henriette Huldisch y Shamim M. Momim, simplemente han "querido tomarle el pulso al estado del arte que hoy se hace en Estados Unidos y lo que hemos encontrado es un paisaje en el que cabe casi de todo".

Muchos trabajos recuperan el espíritu de Duchamp

Una obra empleará como camareros a artistas y ofrecerá cerveza y tequila

Dentro de este selecto cajón de sastre caben desde la polémica película de Spike Lee sobre el efecto del huracán Katrina en Nueva Orleans a la exquisita reinterpretación del objet trouvé de Carol Bove, las performances de la artista de glam-punk Kembra Pfahler (líder de The Voluptuous Horror of Karen Black) o los collages sobre plexiglás de Rita Ackerman. Sí que abundan, es cierto, los trabajos que recuperan el espíritu de provocación nacido con Marcel Duchamp y su urinario (1917), exacerbado por Yves Klein y los Nouveax Realistes franceses en los cincuenta y que estalló en todas direcciones con el performance art de finales de los sesenta y principios de los setenta.

Los artistas del siglo XXI, educados en este mundo de redes sociales virtuales y múltiples, se muestran en esta bienal preocupados con la necesidad de expresarse a diferentes niveles. Como metáfora de esta tendencia, al menos un tercio de los 81 escogidos -un número bastante más modesto que en pasadas ediciones- extienden sus tentáculos artísticos hasta otro edificio, el Park Avenue Armory, espacio para la primera ampliación de la historia, la bienal fuera del Whitney. Allí, durante las próximas tres semanas, se asistirá a las performances de artistas embarcados en recuperar el humor y la ironía de los happenings de toda la vida.

Matthew Brannon, a cuyas creaciones en papel el Museo Whitney le dedica toda una sala, trabajará en el Armory sobre un guión sonoro titulado The last page in a very long novel que construirá con los sonidos que grabe cada noche en el edificio. Al final, enterrará su obra. Ellen Harvey muestra también sus dibujos en el Whitney, realizará 100 retratos de visitantes del Armory. Pedirá a los modelos opinión sobre el trabajo y después les regalará los dibujos. Bert Rodríguez ha construido una sala titulada La habitación del coronel. Ofrece "terapia psicológica" gratuita en sesiones grabadas y después emitidas como murmullos en el espacio.

Por haber, hay incluso evocaciones directas a Gordon Matta-Clark, aquel artista rebelde y genial que en los setenta creó en Nueva York el restaurante Food, donde cada noche se hacía de la gastronomía un arte... invitando a creadores a cocinar para él. Tantos años más tarde, el joven Bert Rodríguez ha construido en el Armory un bar en el que empleará como camareros a otros artistas y ofrecerá cerveza y tequila gratis.

El californiano Robert Betchle y John Baldessari, ambos de 76 años, representan a la generación más veterana de artistas estadounidenses actuales. Y se agradece su presencia, ya que demuestra que pese a la juventud de las comisarias, que no llegan a los 35 años, la Biennal ha tratado de mostrar obra de todas las generaciones. Envejecer no significa perder el espíritu innovador. Daniel Joseph Martínez, de 51 años, ofrece una de las obras más políticamente provocadoras de la muestra: la instalación, Divina violencia, una sala llena de lápidas amarillas en cuyas inscripciones se puede leer desde el nombre del grupo terrorista ETA al de la organización judía Jewish Defense League pasando por los servicios secretos del KGB, la CIA o el Mossad.

También se agradece que las comisarias hayan optado por mostrar en profundidad la obra de pocos artistas en lugar de intentar abarcar demasiado y apretar poco. De todas, la más representada es la generación nacida en los años setenta, entre la que hay nombres conocidos como el de Seth Price o Carol Bove junto a otros menos publicitados como el de Adam Putnam. La obra de todos ellos podrá ser explorada en profundidad también gracias a un programa de open studios que permitirá visitar los talleres de los artistas. "El Whitney expuso a Philiph Guston y Georgia O'Keeffee cuando nadie les conocía. De aquí saldrán algunos de los grandes del futuro", proclamó ayer el director del museo Adam Weinberg.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de marzo de 2008