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La carrera hacia la Casa Blanca

El miedo, contra la esperanza

Clinton y McCain arremeten contra Obama por falta de experiencia y él responde con su mensaje optimista

Todo el debate electoral en Estados Unidos está centrado en este momento en descubrir las verdaderas cualidades de Barack Obama. Mejor aún, en descubrir sus carencias. "No es más que un piquito de oro", decía ayer uno de los teloneros de Hillary Clinton en un mitin.

Con ligeras diferencias, tanto Clinton como el candidato republicano, John McCain, intentan atacar ese ángulo del senador de Illinois, su supuesto punto débil, la pretendida palabrería insustancial con la que llena sus discursos.

Clinton y McCain insisten en alertar sobre las amenazas del futuro

Para ello, tanto Clinton como McCain recurren a advertir a los electores sobre los grandes peligros que nos amenazan en estos tiempos. "Todos los días, en cada rincón del mundo, surgen nuevas amenazas -hoy ha sido en Cuba- que requieren a un presidente que esté listo desde el primer día para ser comandante en jefe", dijo Clinton el martes pasado. "Vivimos en un mundo en cambio. Algunos de esos cambios representan un gran desafío y otros, una gran amenaza para la humanidad", recordó McCain.

Ambos quieren dejar patente así que Obama, con 46 años y sólo dos de ellos en la política nacional, no está preparado para ser presidente.

Frente a eso, el joven senador, incapaz, por supuesto, de negar su inexperiencia, responde con dos argumentos. Uno, sencillo: ¿Qué clase de experiencia aporta Clinton? ¿La de haber autorizado la guerra de Irak? ¿Qué clase de experiencia aporta McCain? ¿La de prometer cien años más de conflicto?

El otro argumento es más sofisticado. Sin negar la existencia de amenazas, se trata de ofrecer una vía para hacerles frente con menos dramatismo. Obama no habló el martes de Cuba ni de Pakistán, como hicieron sus rivales. Dijo, eso sí, que era partidario de mantener "las mejores fuerzas armadas del mundo, con más equipamiento y más atención a los veteranos".

Pero el mensaje del senador por Illinois fue, esencialmente, el siguiente: "Cuando sea presidente, voy a ir al mundo y le voy a decir que Estados Unidos ha vuelto, y que ha vuelto dispuesto a asumir el liderazgo frente a los retos actuales, pero no sólo con su Ejército, sino con todos sus recursos para liderar también contra el cambio climático, contra el sida, contra el genocidio en Darfur y en defensa de los derechos civiles y de las libertades".

Probablemente es un enfoque de la política exterior bastante heterodoxo si lo juzgan los sabios del Council of Foreign Relations. Pero es un mensaje que conduce al optimismo, y eso, por superficial que resulte en apariencia, puede ser tan útil en la actual situación internacional como la fortalece en la defensa de los principios.

"No es un optimismo ciego", asegura Obama. "La esperanza de la que hablo es la misma que movió a las mejores generaciones de norteamericanos a proclamar la independencia, a acabar con la esclavitud o a derrotar al fascismo".

¿Palabrería? Es posible. En última instancia, a ningún gobernante se le puede juzgar hasta que no empiece a gobernar. Pero el resultado de este debate entre dos figuras de experiencia y un joven sin ella, entre dos rocosos senadores y un brillante orador, entre dos realistas y un soñador es el de la oferta del miedo contra la esperanza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de febrero de 2008