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Reportaje:ELECCIONES 2008 | Precampaña electoral

Los estafados de los sellos piden el voto para el PP

Rajoy promete por carta ayudas a los afectados de Fórum y Afinsa

"A mi izquierda tengo una mano vacía. A mi derecha, un compromiso". El portavoz de la Coordinadora Española de Afectados por Fórum Filatélico (Ceaffa) y Afinsa levantó su brazo derecho para mostrar a los manifestantes una carta firmada por Mariano Rajoy en la que prometía que el Partido Popular incluirá en su programa electoral compensaciones a los afectados por la presunta estafa. "¿A quién vais a votar ahora?", preguntó el orador, y casi la totalidad de las 50.000 voces reunidas ayer en la Plaza de España de Madrid se levantó para corear "¡Al PP, al PP!".

La manifestación de apoyo a los afectados por la intervención de las compañías filatélicas en mayo de 2006 terminó convertida en un acto de apoyo al PP ante la cita electoral del 9 de marzo. A lo largo del recorrido entre Moncloa y la Plaza de España se cantaron consignas antisocialistas y, sobre el podio preparado para las intervenciones, se fueron sucediendo coordinadores regionales de las asociaciones de afectados que arengaron a los asistentes contra el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. A la cabeza de la manifestación se cantaron consignas como "En las urnas nos veremos" o "¡Arriba España, abajo Zapatero!". También fueron una constante los cánticos estableciendo paralelismos entre la intervención de Afinsa y de Rumasa, en 1983, ambas dirigidas por Ejecutivos socialistas. Sólo algunas pancartas aisladas hacían referencia a los responsables de las empresas que permanecen acusados de estafa. Una preguntaba al ex presidente de Fórum Filatélico: "¿Briones, dónde están los millones?", en referencia al hueco de entre 3.500 y 5.200 millones de euros que atribuyen a las empresas los administradores judiciales.

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En los cánticos se acusaba al PSOE de convertir Afinsa en otra Rumasa

Entre los manifestantes era unánime el reproche al Gobierno por "olvidar" a las más de 460.000 familias que perdieron sus ahorros. Algunos miembros de la Ceaffa fueron más lejos y sugirieron una actuación malintencionada del Gobierno. Leonor Martínez, de Cáceres, blandía un paraguas con una careta de Zapatero gritando "¡Que me devuelva mis cinco kilos (30.000 euros)!". Entre los manifestantes existían opiniones más matizadas. Una parte se centraba en exigir al Estado que asumiera responsabilidades por el presunto hueco en la legislación que permitió las irregularidades en la gestión de las empresas. "No es culpa del PSOE, pero si en 30 años Hacienda no fue capaz de darse cuenta de que el sistema era una mierda, tendrán que asumir sus responsabilidades", protestaba una pareja de pensionistas.

La traca final llegó con la lectura de los manifiestos. La coordinadora de la plataforma de afectados del País Vasco definió el 14 de marzo de 2004 como "una fecha maldita en la historia de la democracia", por la llegada de los socialistas al poder. Fue el último de los oradores, un portavoz no identificado de la Ceaffa quien cargó con más fuerza contra el PSOE. También fue quien arrancó más aplausos a los manifestantes, en su mayoría, de edad avanzada. Señaló las elecciones como "una oportunidad única" para "acortar la lucha" y pidió el voto abiertamente para los populares. Él fue también el encargado de leer la carta del PP que incluía el compromiso de constituir un fondo de garantía para cubrir los perjuicios ocasionados por la presunta estafa, además de la creación de una línea de créditos del Instituto de Crédito Oficial que cubra el cien por cien de la inversión, sin intereses.

Los manifestantes que optaron por no disolverse después de la lectura de la carta se dividieron en dos grupos. El primero acudió a una parroquia cercana para participar en la misa por los 2.000 perjudicados que han fallecido desde que la Agencia Tributaria intervino las compañías. El segundo se encaminó hacia la catedral de la Almudena para arropar a los 14 afectados que el viernes se encerraron en protesta. Después de una tensa noche de negociaciones, los encerrados llegaron a un acuerdo con el Arzobispado de Madrid para abandonar la catedral a las seis de la tarde. "Los curas no se han mostrado nada solidarios", protestaban ayer por la tarde dos de los piquetes en el templo. "Han intentado sacarnos a las tres de la mañana, cuando no había periodistas".

No faltó la habitual guerra de cifras en torno al número de manifestantes. Los organizadores aventuraron 140.000. La Policía Local lo rebajó a la mitad: 75.000, mientras que la Delegación del Gobierno lo cifró entre 55.000 y 65.000 personas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de febrero de 2008