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Europa apuesta por la transparencia para afrontar la crisis financiera

Bruselas y los cuatro grandes países de la UE rechazan el proteccionismo

La mini-cumbre europea celebrada anoche en Downing Street se cerró con grandes declaraciones de intenciones y pocas decisiones concretas. Los jefes de Estado o de Gobierno del Reino Unido, Alemania, Francia e Italia apostaron por la transparencia en los mercados como mejor medicina para combatir la crisis global que afecta a los mercados financieros. Y dejaron muy claro que esta crisis no puede ser una excusa para volver al proteccionismo económico.

"Los fundamentos de la economía de la UE son buenos", según Barroso

"Estamos de acuerdo en que los fundamentos de la economía europea siguen siendo sanos, estamos comprometidos a cooperar muy de cerca para mantener la estabilidad económica, reforzar y profundizar las reformas económicas y apoyar a las empresas", rezaba el comunicado leído por Gordon Brown flanqueado por la alemana Angela Merkel, el francés Nicolas Sarkozy, el italiano Romano Prodi y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso.

"Estamos de acuerdo en que en estos tiempos de incertidumbre global necesitamos dar una señal de nuestro compromiso por una economía abierta y también estamos de acuerdo en la necesidad de buscar un acuerdo ambicioso en la ronda comercial de Doha", continuó el primer ministro británico tras una reunión de menos de tres horas que se iba a prolongar luego en forma de cena.

Por su parte, Sarkozy señaló la necesidad de "un capitalismo de empresarios, no de especuladores". El presidente francés puso como ejemplo la crisis provocada estos días por Société Générale al afirmar: "No podemos aceptar que la falta de transpariencia incida en el crecimiento económico".

La palabra clave del mensaje lanzado por los cuatro países más ricos de Europa fue transparencia. Transparencia en los mercados financieros y en especial en la banca y en las agencias de calificación de riesgo para que los consumidores sepan qué riesgo están corriendo realmente cuando apuestan por nuevos productos financieros. Apoyaron también la idea de convertir al Fondo Monetario Internacional (FMI) en gendarme de las finanzas globales mediante la puesta en marcha de un sistema de alerta rápida, pero las medidas, si es que se toman, hay que pactarlas con el resto de potencias económicas del globo.

Lo apuntaba así el economista Martin Wolf antes de la reunión. Los europeos "no pueden tomar decisiones porque estamos hablando de mercados globales", dijo a la BBC. "El epicentro de esta crisis es Nueva York. Pueden encontrarse y hablar, pero su influencia es cero. Sólo se pueden hacer nuevas reglas si estas afectan a todo el mercado: eso es posible, pero no hay acuerdo sobre eso", añadió.

El espíritu de la reunión fue sintetizado por el presidente de la Comisión Europea. "Los fundamentos de la economía de la UE son buenos. Tenemos la tasa de paro más baja en 25 años. Nuestra balanza por cuenta corriente es positiva. El euro está fuerte. Seguimos en la senda del crecimiento", dijo Barroso en una declaración previa en Bruselas. "Tenemos que actuar de manera proporcionada y con objetivos concretos", defendió. "No nos podemos dejar tentar por el proteccionismo, o por fútiles intentos de detener la globalización financiera, o por estímulos artificiales a la economía".

La reunión fue concebida inicialmente por Brown en forma de triunvirato con Merkel y Sarkozy, pero ha acabado teniendo un formato mucho más comunitario de lo que quería el británico. No sólo porque se acabó ampliando al italiano Prodi y al presidente de la Comisión, sino porque la agenda acabó por concertarse el pasado día 22 en Bruselas entre los ministros de Economía de los Veintisiete, el presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, y el comisario de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia.

Una cumbre informal que despierta recelos

La ausencia del jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en la minicumbre europea de anoche ha provocado cierta polémica en España. La cumbre fue convocada en diciembre pasado por Gordon Brown, que invitó entonces a la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Tras el revuelo que la convocatoria provocó en Bruselas, Brown extendió la invitación al italiano Romano Prodi -ayer asistió como jefe del Gobierno de Italia en funciones- y al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso. El formato de triunvirato, que siempre despierta recelos en Bruselas, se transformó así en un G-7 europeo.

Tony Blair tuvo un problema semejante en noviembre de 2001, cuando invitó a sus homólogos alemán y francés a preparar la invasión de Afganistán tras los atentados del 11 de septiembre. Entonces tuvo que ampliar la invitación a italianos, españoles, belgas (que ocupaban la presidencia de turno de la Unión Europea) y a Javier Solana, jefe de la política exterior europea.

Ahora Brown no ha seguido ese esquema, quizás porque le hubiera obligado a añadir no sólo a España, sino a Polonia (con el mismo peso demográfico que España) y la minúscula Eslovenia (actual presidencia de turno de la UE).

A juicio del vicepresidente segundo y ministro de Economía, Pedro Solbes, España "se siente perfectamente representada" a través del presidente de la Comisión Europea. "Son cuestiones del G-7 y, que yo sepa, España no ha estado nunca en el G-7", declaró. Pero el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, afirmó que la reunión de anoche es "una bofetada para España".

La cumbre fue concebida por Gordon Brown en diciembre pasado con el doble objetivo de fortalecer la posición de influencia del Reino Unido en Europa y disimular el bochorno que ha supuesto para su Gobierno y para el prestigio británico la crisis del Northern Rock.

El hundimiento de este pequeño banco hipotecario del norte de Inglaterra en septiembre pasado puso de relieve los peligros que para la economía europea tenía la crisis de las subprimes (hipotecas de alto riesgo) en el mercado estadounidense.

Pero también expuso las carencias del sistema de regulación y control de la industria financiera del Reino Unido y puso en evidencia a la autoridad política (Tesoro), reguladora (Autoridad de Servicios Financieros) y monetaria (Banco de Inglaterra). Los tres niveles de control se fueron echando de unos a otros la culpa de la crisis y la polémica salpicó a Brown, responsable de la estructura de control de la City como canciller del Exchequer que fue entre 1997 y 2007.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de enero de 2008

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