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Rusia elige a un nacionalista como embajador ante la OTAN

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, firmó ayer el decreto por el que nombra al político nacionalista Dmitri Rogozin como embajador de su país en la OTAN, lo que parece una señal de que Moscú mantendrá una línea dura en los problemas con Occidente. Rogozin es un experto en relaciones internacionales, que dirigió el comité de Exteriores de la Duma Estatal (Cámara baja) de 1999 a 2003. Su retórica patriótica, que parecía muy radical en época de Borís Yeltsin, coincide hoy con el rumbo adoptado por el Kremlin.

Al enviar a Rogozin a Bruselas, Putin resuelve varios problemas a la vez, ya que se dota de un representante enérgico ante la Alianza y aleja de Moscú a un personaje carismático y populista que podría ser conflictivo en una delicada época de relevos en el Kremlin.

El movimiento Ródina, del que Rogozin era líder, obtuvo cerca del 10% en los comicios parlamentarios de 2003 y más del 15% en Moscú. Animado por el apoyo popular obtenido, Rogozin, que había recibido ayuda del Kremlin entre bastidores, creyó después que podía jugar su propio juego y desmarcarse de sus protectores. En 2005, se declaró en huelga de hambre en su despacho de diputado para protestar contra una controvertida ley que abolió numerosas prestaciones sociales. El Kremlin maniobró hábilmente y logró arrebatarle el apoyo de sus seguidores, condenándolo a una marginalidad política, de la que sólo salió en septiembre al ser nombrado vicepresidente del Comité de Seguridad de la Duma.

Graduado como periodista especializado en asuntos internacionales por la Universidad de Moscú, Rogozin trabajó en las juventudes comunistas de 1986 a 1990 y en 1993 fundó el Congreso de las Comunidades Rusas, una organización que defendió a los rusos en los Estados resultantes de la desintegración de la URSS. El político habla español, además de otros idiomas.

Orador notable, Rogozin hará lo que el Kremlin disponga, defenderá bien los intereses de Rusia y será el mejor portavoz posible, si Moscú endurece su rumbo, ya sea en Kosovo, las armas convencionales o un escudo antimisiles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de enero de 2008