Análisis:EL ACENTOAnálisis
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El nombre ya no es importante

Hacia dónde va la literatura con el resurgimiento de autores fantasma, autorías compartidas o el nacimiento de la era del libro electrónico, con el aparato que acaba de comercializar con gran éxito Amazon en Estados Unidos con el nombre de kindle? La revolución cibernética que ya ha cambiado completamente el consumo de música, con consecuencias dramáticas para su industria, está llamada a afectar ahora también al consumo del libro.

Es difícil aventurar si este terremoto tendrá un impacto positivo en el hábito de lectura, sobre todo entre la población joven. De ser así habrá que felicitarse, aunque al mismo tiempo todo ello obligará a las casas editoriales a una transformación de tal calibre que peligra su propia existencia. El kindle es capaz de almacenar por ahora hasta 200 títulos y Amazon tiene digitalizados 90.000.

Es una certeza que la Red está fomentando la creación de historias colectivas online, firmadas conjuntamente bajo un nombre ficticio. Se llaman wikinovelas y también blogonovelas. Algunas son francamente malas, pero no hay que menospreciarlas.

En realidad, como observan los novelistas profesionales, no es fácil coordinar un texto iniciado por una persona seguida por otras muchas. Si no hay un director de orquesta capaz de pulir luego las aportaciones, hay peligro de que el galimatías sea de tal calibre que sería mejor arrojar las cuartillas al fuego.

Con todo, es innegable que resulta muy atractivo y en ocasiones hasta terapéutico recurrir a un método de textos elaborados por múltiples manos si se tiene ingenio, humor, dominio del idioma, capacidad para contar historias y desde luego vivencias. Y más aún si quienes lo hacen son personas de distinto sexo, sinceras y predispuestas a intercambiar roles si el guión así lo exige.

La proliferación no sólo a través de Internet de autores anónimos o con identidad ficticia -en algunos casos con éxito- empieza a ser frecuente. Lo curioso es que son los propios editores quienes se encargan de propiciar el anonimato. Parece como si al público le importara ahora menos el nombre del escritor. Qué golpe tan duro para la vanidad literaria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 17 de diciembre de 2007.

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