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COLUMNA

Zaplana y los tránsfugas

El portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Eduardo Zaplana, ha calificado de "vergüenza" que el Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero se aproveche del apoyo de dos tránsfugas -el exdiputado del PP, Joaquín Calomarde y el diputado de Nueva Canaria, Román Rodríguez- para sacar adelante la ley de Presupuestos en el Congreso, tras el veto sufrido en el Senado. En opinión del señor Zaplana, cuando en una Cámara se veta una ley presentada por el Gobierno y en la otra se tiene que llegar a un acuerdo con dos tránsfugas para ser aprobada, "lo mejor sería que el Gobierno se sometiese al veredicto de las urnas". Y esto lo dice quien consiguió ser alcalde de Benidorm, recurriendo al soborno de una concejala socialista para que se convirtiese en tránsfuga y le diese el voto que le faltaba para alcanzar la mayoría necesaria y empuñar la vara de alcalde. No quiso someterse al "veredicto de las urnas" como él exige a los demás. ¿Podríamos acusar al señor Zaplana de no "tener vergüenza" como hace él con el Gobierno? Juzgue el lector.

Zaplana es un político protegido por El Mundo y la COPE. Por esa especie de Asociación Temporal de Empresas constituida por Pedro J. Ramírez y Jiménez Losantos para aumentar su cuenta de resultados, empresariales y personales. A lo que tanto ha contribuido el PP valenciano, primero con Zaplana y luego con Camps, concediéndoles emisoras de radio y televisión y adjudicándoles campañas de publicidad. La cantidad de improperios, insultos y descalificaciones que la citada pareja hubiese lanzado contra Zaplana en caso de ser este un portavoz de la izquierda y haciendo lo que ha hecho. Y estos son lo que se presentan como abanderados de la ética periodística, de la democracia y de la libertad. La suya, claro.

Pero no acaba aquí la cosa. También el señor Zaplana acusaba la semana pasada al Gobierno de gastarse una millonada en publicidad partidista con fondos públicos. ¿Pero qué otra cosa hizo el ahora portavoz del PP, siendo ministro de Trabajo, sino invertir dinero de su departamento en publicidad para pregonar lo buen ministro que era y lo bien que hacía las cosas? Y siendo presidente de la Generalitat valenciana ¿cómo distribuía la información institucional en la prensa? Pues excluyendo a los medios de comunicación que no le eran favorables, violando la legalidad vigente, y beneficiando a los que le bailaban el agua.

¿No tenía el PP otra persona menos contaminada para protagonizar la campaña contra el Gobierno presidido por Zapatero que el señor Zaplana, un político que ha caído en la misma sinvergonzonería de la que él acusa al Ejecutivo?

Así está la derecha española, la derecha del PP: con portavoces como el que nos ocupa saliendo a la palestra a pedir la ilegalización de la Acción Nacionalista Vasca (ANV) y la del Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV), mientras su líder, el señor Rajoy, está en Belén con los pastores cantando el villancico de moda de estas Navidades. En las elecciones autonómicas al Parlamento vasco de 2001, el pueblo de Euskadi acudió a votar en masa: el 80% del censo. Y el resultado más importante de aquella votación fue el gran descalabro de Batasuna. De los 14 diputados que tenía se quedó en 7. Pero el entonces presidente Aznar se empeñó en ilegalizar a Batasuna, cuando el voto acababa de ilegalizar a la mitad de su representación en el Parlamento de Vitoria. Si no se hubiese ilegalizado Batasuna, precisamente cuando empezaba a perder apoyo popular, ni el PCTV estaría en el Parlamento vasco ni ANV en varios ayuntamientos. Y la legal Batasuna aumentando, tal vez, la pérdida del respaldo de los vascos. A quienes entonces nos opusimos a su ilegalización, parece que el tiempo nos va dando la razón.

fburguera@inves.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de diciembre de 2007