Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

El bumerán Kylie está de vuelta

La diva australiana que cae bien a todo el mundo y rivaliza con Madonna en 'glamour', Kylie Minogue, regresa tras superar un cáncer de pecho. "Me había sentido reducida a la nada".

"En mi próxima gira voy a hacer lo posible por actura en España"

"Estaba aterrada. Pensaba que jamás podría enfrentarme de nuevo a mi propio cuerpo"

"No puedo soportar que se metan con mi familia o mi pareja. Es lo único que puede llegar a enfadarme"

Existen dos clases de estrellas del pop en este planeta: las que tienen admiradores y detractores, y las que caen bien a todo el mundo. Esta última categoría estaría vacante de no ser por la existencia de Kylie Minogue. La diminuta diva australiana, con todos los bandazos artísticos que ha dado en su carrera, ha conquistado a todo tipo de públicos, desde el mundo gay, sus primeros y más fieles seguidores, hasta niños y mayores. Sobre todo desde el pelotazo de Can't get you out of my head, el mayor hit de lo que llevamos del siglo XXI (con permiso de Madonna).

Kylie en aborigen australiano significa, literalmente, bumerán. Kylie, la persona, la artista, el icono, también ha vuelto. Tras la interrupción forzosa de su carrera en mayo de 2005 por un cáncer de pecho cogido a tiempo, publica su primer disco en cuatro años. X es el décimo álbum de una trayectoria que empezó hace dos décadas. A punto de cumplir los 40, Kylie está dispuesta a que lo que se le avecina le salga tan redondo como las cifras que la acompañan en este preciso instante de su vida. En un hotel de diseño zen situado al norte de Hyde Park, en Londres, la cantante recibe a un reducido grupo de periodistas europeos como precalentamiento de su promo mundial.

Desde una habitación recoleta, custodiada por Terry Blamey, su manager de toda la vida, liquida ésta, su última entrevista del día, con una resplandeciente sonrisa. Tiene prisa, pero no lo demuestra. Esta misma noche ha de acudir al estreno de la versión inglesa del musical Rent, dirigida por su estilista personal y director creativo, William Baker, y aún no ha decidido qué vestido llevar.

Está recién llegada de Barcelona, de una visita relámpago en la que ha firmado un contrato para ser la imagen de la firma de joyas Tous hasta 2010; y lo primero que hace, sin esperar a que se le pregunte, es disculparse por no haber actuado nunca en España. "Lo siento mucho, prometo que en mi próxima gira voy a hacer todo lo posible por estar allí". Esta total disposición responde a un mono de escenario, según confiesa ella misma. Aunque en realidad se ha prodigado más de lo que los propios médicos le han aconsejado. El titánico esfuerzo por retomar hace un año la gira de grandes éxitos Showgirl, que dejó para recuperarse de la enfermedad, ha sido documentado en White Diamond, una película entre bambalinas con la conclusión de este tour entre Australia e Inglaterra que sale a la venta de cara a estas navidades en formato DVD. "Durante mi convalecencia he sentido un apoyo muy fuerte de la gente. No se me ocurre mejor forma de agradecérselo que ofrecerles un documento tan íntimo y honesto". La película no nos priva de nada: de las ovaciones a los retiros forzosos del escenario por agotamiento.

Todavía hoy se le quiebra la voz cuando se refiere al cáncer y sus secuelas. "En cuanto tuve la menor oportunidad me precipité en el estudio, sin que ni siquiera hubiéramos planteado la posibilidad de grabar un nuevo disco. Necesitaba salir de un periodo oscuro, aclarar mi vida, y la única manera era obligándome a cantar. Entrar en contacto con algunos de mis productores habituales y echarme unas risas con ellos se convirtió en una parte crucial de la terapia. Las canciones vinieron después". Lo realmente duro, según confiesa, fue recuperar la forma física. "William [Baker] me llamó un día y me amenazó: 'Ya tengo un entrenador personal, voy con él para tu casa ahora mismo. ¡Así que prepárate!'. Prácticamente me lo tuvo que imponer. Yo estaba supervaga y aterrada, pensaba que jamás podría enfrentarme de nuevo a mi propio cuerpo". Ella, que antaño había protagonizado campañas censuradas de Agent Provocateur, veía de repente cuestionada su femineidad.

La solución pasó por una de las decisiones más difíciles de su carrera: afrontar una primera acción mundial tras la enfermedad, este mismo verano, posando en bañador para H&M. "Creo que jamás he estado tan decidida a hacer algo en mi vida como entonces. Me había sentido morir, reducida a la nada, machacada por una medicación tan fuerte y totalmente dependiente de la gente que me había ayudado. Ahora no lo veo así, pero en aquel momento sentía que las secuelas físicas eran más fuertes que las psicológicas. La idea de hacer una campaña de baño disparaba mis nervios, antes de enfermar ya me había jurado a mí misma que nunca volvería a hacer algo así. Pero ¿sabes qué? Después pensé que tenía que abrazar esta causa con todas mis fuerzas. Un gesto así puede resultar importante para cualquier mujer que haya pasado por un cáncer de pecho o, incluso, haya visto su condición femenina cuestionada en cualquier momento". Una fiel consejera, su compatriota Olivia Newton-John, que también ha superado un cáncer de pecho, la ayudó a quitarle hierro al asunto. "Me ha enseñado que ésta es una lucha que no acaba. ¡Demonios! Esto no ha terminado, es un proceso constante; pero entretanto tienes que seguir con tu vida. En mi caso, cantar y actuar".

Como parte de su expiación, en el videoclip de 2 Hearts Kylie susurra a un micro en forma de calavera y cubierto de cristales Swarovski: "Me siento estupenda". El primer single de este disco, donde se presenta respaldada por la banda de chicas Kish Mauve y convertida en una involuntaria sosias glam de Marilyn Monroe (o en la prima enrollada de Marilyn Manson, según se mire), no ha sido muy bien recibido por los fans que campan por los foros de Internet. La mayor acusación, su intento de desvincularse de la imagen de princesa disco para tratar de alistarse en las filas del pop alternativo. A Kylie, que a estas alturas ya ha pasado por innumerables conversiones y hasta ha autoparodiado sus supuestos yoes artísticos (hace diez años, en el videoclip de Did it again, su yo sexy, su yo indie, su yo disco y su yo niña mona batallaban por la supremacía), le hace hasta gracia el debate: "A mí tampoco me gustó Sexyback, de Justin Timberlake, la primera vez que la escuché. No la pillé. Tres escuchas después estaba enganchada". Y añade: "Los fans siguen todo lo que haces, pero eso no significa que les tenga que gustar todo lo que haces. No puedes obsesionarte con repetir las fórmulas que te han dado el éxito, ni intentar repetir un disco como Fever (2001). Si empiezas a hacer lo que los fans esperan de ti, es imposible que les entregues algo fresco y novedoso. Sólo quiero decirles que… ¡sigo siendo yo!". Y estalla en risas.

No se apuren, a pesar del golpe de efecto del tema de presentación de X, buena parte del álbum incluye el disco pop de corte camp que la ha traído hasta donde está hoy. "De acuerdo", estalla de nuevo en risas, gesticula dramática, "¡soy camp, siempre lo he sido! Los gays son una buena parte de mi audiencia porque mis canciones hablan mucho de aceptación. Yo no puedo ser lo que todo el mundo quiere que sea, así que acéptame como soy. Y eso, hasta donde yo sé, es lo que ha motivado que mi público gay sea tan fiel, y al mismo tiempo me proteja y defienda. Siempre estaré agradecida por ello". Eso, entre muchas otras cosas, la emparenta con Madonna, su máxima referencia confesa, la única que puede hacerle realmente sombra. La Ciccione, que lleva en este negocio una década más que la Minogue, no tuvo reparos en demostrar que esa admiración era mutua luciendo una camiseta con el nombre de Kylie Minogue durante su actuación en los premios MTV de 2000, precisamente antes del resurgir superventas de su supuesta rival. La pregunta es: ¿son amigas? "Aunque cueste creerlo, sólo nos hemos cruzado una vez en la vida, en el backstage de una gala de premios. Tenemos muchos amigos en común, pero supongo que a las dos nos pasa lo mismo, tenemos una agenda loca y, en cuanto podemos, nos encerramos en nuestra vida privada. Pero imagino que si un día nos encontráramos, seríamos amigas, seguro".

Además de máxima figura camp, Kylie se ha convertido en todo un icono de estilo, respaldado por una reciente exposición centrada en sus modelones en el Victoria and Albert de Londres. Hoy, esos trajes han sido donados al Performing Arts Museum de Melbourne, su ciudad natal, donde se crió bajo el manto de un padre contable y una madre ex bailarina acompañada de un hermano que hoy es cámara de televisión y una hermana que también canta, Dannii Minogue. Haciendo gala de su sentido del humor, Kylie, que hoy viste con un recatado vestido negro, se lamenta de no haber conservado su caudal estilístico: "Si acabo como una viejecita arruinada, rodeada de diecisiete gatos en mi casa, no podré ir vendiendo mis vestidos para sobrevivir". A muchas mujeres les gustaría meterse en su armario. Y no saben que es más fácil de lo que piensan. Lo que ya no usa "se lo regalo a mis amigas o a las chicas de la oficina discográfica. Si notan que alguna aparece con un bolso mío, porque estoy haciendo limpieza de armario, enseguida hay como una onda expansiva… Es como si hubiera abierto el mercadillo [risas]. No puedo guardarlo todo y no creo que sea sano aferrarse a ese tipo de cosas. Los zapatos es lo que más me cuesta dar. No porque me encariñe con ellos, sino porque casi nadie tiene unos pies tan pequeños como los míos. Mi talla es un 3 inglés [un 35 español]".

Esta imagen de accesibilidad es lo que ha hecho de Kylie un objetivo fácil para la prensa, incluso para la más carroñera, a pesar de que ella nunca haya tenido reparos en aclarar cualquier duda sobre sus relaciones personales. Dentro de ese círculo íntimo, el trabajo le ha servido como bálsamo frente a la ruptura definitiva con el actor Olivier Martínez, que actualmente sale con Goya Toledo. "Es frustrante cómo la etiqueta de desafortunada en el amor aparece cada vez que rompo con un novio. Tiendo a pensar: 'Sí, no estoy casada, no tengo 2,4 hijos y las cosas que las estadísticas asocian con alcanzar el éxito y haberte asentado en la vida. Pero sin haber cubierto todo eso puedes vivir igual de satisfecha y sentirte una persona completa. Estás condenada si sigues ese esquema y estás condenada si no lo sigues. Yo sigo queriendo ser madre, sea por la vía que sea, sé que será con mucho amor.

Lo que no me gusta es sentir que tengo que justificarme siempre sobre lo que haga o deje de hacer. Mi último novio [por Olivier] afrontó en silencio muchos comentarios desacertados de la prensa sobre nosotros. Y nunca abrió la boca para confirmar o desmentir. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará. Yo, en cambio, sí estoy dispuesta a hablar. Si alguien tiene que poner las cosas en su sitio, nadie mejor que tú misma. Yo estoy en este negocio, no siempre salgo a la calle guapa y lidio con mi día a día lo mejor que puedo, pero no puedo soportar que se metan con mi familia o mi pareja. Creo que es lo único que realmente puede llegar a enfadarme". En este punto de la conversación tocan a la puerta con el almuerzo. Se ha acabado nuestro tiempo, aunque dé la sensación de que podríamos pasar el resto de la tarde charlando amigablemente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de noviembre de 2007