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Marruecos da un primer paso para superar la crisis con España

El gesto de Rabat no va aún unido al anuncio del regreso de su embajador

Marruecos hizo ayer un primer gesto tendente a reconciliarse con España, con la que mantiene tensas relaciones desde que, hace 15 días, se anunció la primera visita de los Reyes a Ceuta y Melilla. Don Juan Carlos y doña Sofía visitaron esas ciudades los pasados días 5 y 6.

Hace tan sólo una semana, cuando concluía la estancia real en Melilla, el rey Mohamed VI hizo público un comunicado que rezaba: "Condenamos enfáticamente y denunciamos una visita sin precedentes, un paso contraproducente (...)". El portavoz del Gobierno marroquí, Khalid Naciri, declaró ayer, con lenguaje afectado: "(...) Esperamos que nuestros amigos españoles pongan su mano en la nuestra para superar esta crisis".

Naciri no pronunció unas palabras improvisadas ante unas cámaras de televisión sino que hizo una declaración al término de la reunión del Consejo de Gobierno, como los marroquíes llaman a los Consejos de Ministros que no preside el Rey. Su iniciativa adquiere así mayor calado.

Tras dos semanas de tensión, Rabat manda de esta manera su primer mensaje apaciguador al Gobierno español, pero no anuncia aún el regreso a Madrid de su embajador, Omar Azziman, al que el Monarca llamó personalmente a consultas el pasado día 2.

"El regreso del embajador se efectuará (...) en función de la renovación, que deseamos rápida, de nuestras relaciones bilaterales", precisó el portavoz del Ejecutivo de Marruecos. Será el rey Mohamed VI quien tome la decisión definitiva.

Debate sobre las ciudades

Naciri reiteró por enésima vez "la necesidad de discutir seriamente del futuro de Ceuta y Melilla" con España, pero el lenguaje que utilizó fue mucho menos vehemente que en anteriores ocasiones. El portavoz llegó, por ejemplo, hace varios días a supeditar la normalización de las relaciones diplomáticas con España a la apertura de una negociación sobre el traspaso de soberanía. Esa condición se ha esfumado. Antes de que las autoridades marroquíes rebajaran ayer el tono, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y su ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, se mantuvieron en la línea conciliadora que adoptaron cuando se anunció la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla. "Hemos tenido un episodio que ha tenido alguna dificultad" entre Madrid y Rabat, reconoció Zapatero en una entrevista con La Sexta. Pero "mi opinión (...) es que la relación con Marruecos va a seguir bien", añadió. Moratinos expresó su deseo de que el embajador marroquí "regrese cuanto antes".

La actitud amigable explica que el Gobierno español no haya protestado después de que el primer ministro marroquí, Abbas el Fassi, comparase en dos ocasiones -la primera, en el Parlamento- la "ocupación" de Ceuta y Melilla por España con la de Palestina por Israel.

Desde un punto de vista jurídico y político, cualquier paralelismo "raya el insulto", recalca un colaborador de Moratinos. En una tercera intervención, El Fassi señaló que la presencia española en ambas ciudades era una amenaza para la paz en el Estrecho.

Dos semanas después de que se desencadenase, la tensión hispano-marroquí tiende a rebajarse, algo que no sucedió durante la anterior crisis -conocida por el episodio de Perejil-, que duró 15 meses (de octubre de 2001 a enero de 2003).

Mohamed VI ha formulado, sin embargo, en público críticas más duras hacia España y ha expresado su reivindicación territorial en términos más contundentes que los que empleó hace un lustro tras el desalojo de sus hombres del islote de Perejil, en el que se instalaron en julio de 2002, señalan fuentes diplomáticas españolas.

La razón de ese lenguaje más rotundo hay que buscarla, probablemente, en el enfado real, según fuentes marroquíes. "El Rey está muy enojado", era una frase que repetían la semana pasada en Rabat varios de sus colaboradores.

Mohamed VI considera que, a diferencia de su padre, no ha sido nada molesto para España. Hasta octubre pasado, sólo reivindicó en una ocasión -tras el desalojo de Perejil- la soberanía marroquí sobre Ceuta y Melilla.

Colaboración

En el otoño de 2005, Mohamed VI ordenó incluso la intervención de su Ejército para acabar con los saltos de los subsaharianos que intentaban entrar en Ceuta y Melilla franqueando las verjas fronterizas. "¿Se dan cuenta los españoles de que garantizó la seguridad de dos enclaves españoles cuya soberanía reivindica?", subraya un diplomático marroquí.

La tirantez entre Madrid y Rabat no afectó, a diferencia de lo sucedido hace un lustro, al conjunto de la relación bilateral. Prueba de ello es que uno de sus hombres de máxima confianza, Yassin Mansouri, jefe del espionaje exterior, estuvo el pasado día 6 en Mallorca -el día en que don Juan Carlos visitó Melilla- para reunirse, entre otros, con Alberto Saiz, director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

Pese a la contundencia de su condena, Mohamed VI centró sus ataques y los de sus colaboradores sobre el Gobierno español y se cuidó de ni rozar la figura de don Juan Carlos, al que llama a veces con cariño "tío".

Los cientos de manifestantes que, a principios de la semana pasada, se concentraron en las fronteras de Ceuta y Melilla para protestar por la visita real sí llevaban, en cambio, pancartas insultantes para el jefe del Estado español. En una de ellas se podía leer, por ejemplo: "¡Juan Carlos, sionista!".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de noviembre de 2007