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Crítica:LA CRÍTICA DE LA SEMANA

Clooney, el perdedor improbable

Como la irremediablemente sensual y preciosa vampiresa de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? que confesaba con desarmante lógica "No soy mala. Es que me dibujaron así", el justificado sex symbol George Clooney podría ofrecer un razonamiento similar. Consciente de la voluptuosidad que representa, de los millones de entradas que vende la irresistible imagen de un señor que provoca gozosas sensaciones erógenas a innumerables mujeres de cualquier lugar y condición, además de caerle bien a los tíos, Clooney y su mareante cuenta corriente se dejan querer por Hollywood en sofisticados productos a la medida de la estrella, como la prescindible saga de Oceans.

Pero él, que no tiene la culpa de haber nacido tan dionisiaco, se esfuerza en afearse, engordar, ponerse gafas de oficinista antiguo, vulgarizarse, interpretar a personajes secundarios en proyectos arriesgados en los que vuelca su dinero, su influencia y su autoría directa o indirecta. La brutal y lúcida Syriana y la estilizada y militante Buenas noches y buena suerte son modélicos ejemplos del pensamiento y la vocación del inquietante y contestón chico de oro.

MICHAEL CLAYTON

Director: Tony Gilroy.

Intérpretes: George Clooney, Tom Wilkinson, Sidney Pollack y Tilda Swinton.

Género: Drama/ Thriller.

Estados Unidos 2007.

Duración: 119 minutos.

El actor hace de perdedor con conciencia en una retorcida intriga

Tony Gilroy retrata las esencias depredadoras del poder

Siempre a la caza de guiones con alma, Clooney y sus socios en la producción, Steven Soderbergh y Sidney Pollack, han encontrado un vehículo inmejorable en la muy atractiva Michael Clayton para que la estrella luzca el prestigioso rol de perdedor con conciencia en una retorcida intriga con moraleja y denuncia social, terrorífica en el planteamiento, repleta de atmósfera, con una metodología narrativa que te despista en el arranque y que adquiere pleno sentido en el desenlace.

Michael Clayton es la ópera prima como director de Tony Gilroy, un hombre joven que sabe mucho de guiones, algo comprobable en las tres historias que ha escrito sobre las desventuras de Jason Bourne, el amnésico y temible asesino de la CIA empeñado en encontrar sus primitivas y letales señas de identidad y desarrollado en tres películas que demuestran que el moderno cine de acción no tiene porqué ser hueco, aparatoso y efectista para reventar las taquillas, que es posible combinar las persecuciones espectaculares y la violencia permanente con personajes, diálogos, situaciones y sentimientos creíbles. Clooney no sólo ha apreciado el suspense, la negrura y la densidad psicológica que contiene la historia que ha escrito el prestigioso Tony Gilroy en Michael Clayton, sino que le permite a éste que asuma el control, que la traduzca a imágenes, y el primerizo lo hace con estilo y personalidad, con un resultado final más que digno.

Lo que cuenta no es original pero sigue siendo aterrador. Habla de las esencias depredadoras del poder, de su tenebrosa falta de escrúpulos y su desprecio de esa cosa tan aleatoria llamada sentido moral, de las leyes selváticas por las que se rigen las grandes corporaciones, de la corrupción como pragmática moneda de cambio, de la implacable y siniestra metodología para acallar cualquier intento de resistencia, incertidumbre o deserción.

Clooney se mete en la piel de un perdedor, de un abogado ludópata especializado en resolver las sordideces de la clientela problemática y cubrir su mierda, de alguien hecho pedazos y que lleva demasiado tiempo a la deriva, abarrotado de deudas inaplazables, cuya misión profesional es intentar recomponer la vida de los otros. Su antihéroe con pincelada romántica y ansia subterránea de redención que se enfrenta al sistema no es novedoso y el improbable (en la vida real) triunfo del solitario también huele a previsible y forzado, pero eso lo piensas después. Mientras que dura la película te lo crees todo, los acorralados personajes te contagian su angustia y su miedo.

Tony Gilroy domina los mecanismos, el ritmo y el clima del cine negro. Igualmente, sabe aprovechar a sus admirables actores de reparto Tom Wilkinson, Sidney Pollack y Tilda Swinton. Por mi parte, estoy encantado de ver y escuchar a Clooney, pero también me planteo su credibilidad como fracasado. Con levantar la ceja y sonreír tendría el mundo a sus pies.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de noviembre de 2007