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Reportaje:6. ISLAS BALEARES | La destrucción del litoral

Paraíso y caos en la costa balear

El informe encargado por el Gobierno propone derribar media docena de hoteles en tres islas y trasladar dos puertos deportivos y varias urbanizaciones

Palma de Mallorca
Tiene un millón de habitantes y 11 millones de visitantes anuales. La mayor parte de la costa balear, paraíso del turismo, está protegida desde hace décadas contra el urbanismo salvaje. Pero muchas zonas han sucumbido ya a los hoteles, piscinas y urbanizaciones levantadas en primera línea de playa.

"Liberar" el litoral de Baleares y evitar su "privatización de hecho". Es la pretensión que la Estrategia para la sostenibilidad de la costa -informe encargado por el Ministerio de Medio Ambiente- expresa en su capítulo dedicado al litoral insular, donde están los yacimientos del enorme negocio turístico de sol y playa y residencial.

El riesgo de inundación es "severo" en algunas calas ocupadas

El plan quiere evitar la "privatización de hecho" de la Costa de los Pinos

Medio siglo de éxito del turismo de masas y de élite, más el urbanismo salvaje reciente, han dejado su huella de hormigón sobre buena parte del paisaje costero. Pero la mayor parte del perfil insular, de 1.428 kilómetros, no ha sido explotada: está casi intacta, a salvo del desarrollismo que dejó inaccesible, sin uso público, muchas decenas de kilómetros.

La naturaleza en su esplendor mediterráneo queda a tramos interrumpida por barreras de construcciones: casas y hoteles con piscinas sobre el mar, instalaciones cimentadas en las playas y puertos deportivos que reducen los arenales, un repetido catálogo de destrozos. Esta frágil dualidad paraíso-caos está retratada en el análisis de Medio Ambiente, que incluye propuestas de actuación para resolver el desaguisado urbanístico.

Los expertos y el Gobierno plantean un ambicioso programa de máximos a largo plazo: reubicar la central eléctrica de Endesa de Mallorca, privatizar el puerto de una base militar de Hidros de Pollença, derribar media docena de hoteles en tres islas o reubicar dos puertos deportivos y varias urbanizaciones ahora en zonas naturales.

La cirugía reparadora para lograr que se aplique la Ley de Costas -que prohíbe construir en primera línea de playa- está zurcida en cientos de medidas que podrían tener un alto coste económico y político. En los puntos negros, saturados, se proponen derribos para poner fin a los tramos ciegos de costa privatizada, las agresiones de chiringuitos playeros, chalés irregulares, piletas y terrazas que besan el mar y hoteles que obstruyen cauces agravando la situación de zonas inundables.

El riesgo de inundación por lluvias intensas es una problemática "de carácter severo" en calas ocupadas por edificios turísticos en Es Corso, cala Marsal, Portopetro, cala Llombards, cala Murada, calas de Mallorca, Portocristo, Caló de Es Torrent de Ibiza, y en diferentes puntos de la bahía de Palma. Las marinas artificiales y los puertos deportivos han dejado el litoral "completamente hormigonado", según el informe.

La piqueta podría actuar en el hotel Cala en Fonoll de Puerto Andratx; en Menorca se estudiará la "reubicación" del agresivo hotel Cala Galdana, que durante el franquismo fue calificado de "barbaridad" por el entonces ministro Manuel Fraga. Otros dos hoteles de Son Bou de Menorca pueden ser escombros "por su gran impacto". En Ibiza se ha puesto la cruz en el hotel de Cala Molí y se rescatará la concesión del hotel Es Torrent en Cala Es Torrent y del Alocs de Es Figueral.

En Cala Tirant, en Menorca, se plantea el derribo a largo plazo de un complejo ilegal en franja costera. En Soller y en Pollença hay dos hoteles que el plan de Mallorca fija para demoler. Uno de ellos, el don Pedro de Cala Sant Vicenç, fue valorado por el dueño en 24 millones.

Las islas generan mucha renta privada y pública. Tienen más de 360 playas, un millón de habitantes y once millones de turistas al año. En el corazón turístico de Baleares, la bahía palmesana, hay tramos que suman 17 de los 62 kilómetros de litoral en los que no es posible acceder a la costa. Existen 14 kilómetros con vallas y piscinas que impiden el paso. Cuatro de las 28 playas de la bahía no tienen acceso debido a la ocupación por hoteles, en s'Hostalet, Costa d'en Blanes, Cala Viñas y Bendinat. El plan propone derribos.

Una acción a largo plazo plantea también cambiar de lugar o modificar puertos deportivos (en Palmanova y S'Arenal) para regenerar las playas.

La compra de una franja costera de 500 metros de terreno se indica para redundar en la protección de áreas rústicas y naturales; y, en las zonas urbanizadas, se deben recuperar servidumbres, recurriendo a expropiaciones si es preciso y liberalizando los viales en muchas urbanizaciones. El hotel club Pollentia se sacaría de la Albufereta.

La medida común en todos los tramos costeros del archipiélago es la apertura de senderos para darles un uso público. Facilitar los accesos al mar, ahora oculto por los muros de la obsesión constructora, es un reiterado objetivo estratégico. Las urbanizaciones residenciales de lujo de Formentor, Costa de los Pinos, Mahón o Formentera no quedan exentos de ese proyecto de apertura al tránsito.

En el caso de la exclusiva Costa de los Pinos, un enclave donde disfrutan de mansión las familias de Pedro J. Ramírez, Ana García Obregón o Carlos Sáinz, el documento de Medio Ambiente proclama la exigencia de restaurar los "usos comunes" y evitar "la privatización de hecho" de la costa. Para ello se "liberará la servidumbre de tránsito eliminando los obstáculos existentes y garantizando la accesibilidad a cualquier tramo del litoral".

Delante de las casas se hará un sendero y "se expropiará la banda de seis metros de ancho, generalmente ocupada por piscinas y excepcionalmente por alguna edificación". Se revisarán las concesiones que impiden el acceso y se eliminarán las piscinas y solarium en dominio público. "Se han de recuperar para uso público las terrazas y jardines de uso privado", dice el informe.

Salvar lo que queda del paraíso es el reto que plantea Medio Ambiente. El plan de actuaciones busca "abortar que se repitan los errores del pasado" y dar valor a las zonas vírgenes para que "sean ejemplo para la atracción del turismo de calidad".

El posible impacto "de forma crítica" del cambio climático en las playas es otra variante contemplada detalladamente. En las islas, el retroceso del límite de la orilla, en 50 años, podría ser de entre siete y 13 metros. La subida del mar de hasta 15 centímetros en medio siglo afectaría a grandes playas de Mallorca, como la emblemática playa virgen de Es Trenc o las de Palma, Alcúdia-Muro, Talamanca, d'en Bossa en Ibiza y los largos arenales protegidos de Formentera.

Los bañistas también impactan. En decenas de playas se dan ocupaciones de la arena de menos de cinco metros cuadrados por persona, cuando la recomendación está entre siete y 12 metros por usuario. Se ve necesario revisar la capacidad de acogida: ya se detectan "colapsos" por la presión "humana alarmante".

El lado intacto de las islas Baleares quedó sin explotación urbanística porque en democracia las instituciones impulsadas por los ecologistas dictaron leyes de preservación en los escenarios más interesantes y vírgenes. Sa Dragonera y Cabrera, Es Grau, Ses Salines de Ibiza y Formentera son parques naturales, y más de un tercio de Baleares está blindado: no es edificable.

Además, las baterías costeras del Ejército, y los terratenientes con su renuncia a fragmentar y capitalizar su patrimonio, dejaron decenas de kilómetros vírgenes: es el caso de las extraordinarias playas naturales y latifundios sin urbanizar -protegidos por ley- de los nobles Squella, Olivar, Torresaura y otros, en Menorca, y de la familia March en Mallorca. Eso sí, la necesidad de hacer accesible por caminos públicos la costa y las calas también les afecta a ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de noviembre de 2007