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Reportaje:Festival de Otoño de Madrid

Alquimia escénica

Una treintena de espectáculos reunirán a grandes nombres del teatro internacional

"La gente, cuando salga de ver los espectáculos, va a tener la impresión de haber cambiado en algo sus vidas", dice Ariel Goldenberg, director del Festival de Otoño de Madrid, que hoy inaugura su XXIV edición. Goldenberg, argentino nacionalizado español y también director del Teatro Nacional de Chaillot de París, está muy seguro de que lo que trae al festival es alta cultura con la que puede impactar a todo tipo de almas sensibles. Él se decanta habitualmente por valores seguros de la escena mundial. Espectáculos de primerísimo nivel internacional para los que, en muchas ocasiones, ya no quedan entradas semanas antes de su estreno.

Están programados (www.madrid.org/fo2007) 32 espectáculos, de los que 28 son de compañías extranjeras. En total, 17 montajes de teatro, seis de danza, ocho de música y uno de circo, de los que 18 no se han visto nunca en España y 14 nunca en la Comunidad de Madrid.

Tras el concierto-teatro inaugural, el festival inicia su andadura con el National Theatre de Gran Bretaña y el famoso y beckettiano Happy days que han puesto en pie la directora Deborah Warner y su actriz fetiche Fiona Shaw destilando esa amarga vitalidad de Winnie, uno de los personajes más estremecedores del teatro del siglo XX.

Tras ellas dos, otros grandes de la escena mundial. Dentro de los clásicos impecables y sublimes, el Piccolo de Milano con Luca Ronconi dirigiendo un Goldoni y La Comédie-Française; la impresionante versión que el polaco Krystian Lupa ha hecho de Extinción de Thomas Bernhard; el vanguardista y recientemente estrenado Don Quixote interpretado por Greg Hicks, uno de los más importantes actores teatrales británicos; la perturbadora versión que Matthias Langhoff ha hecho del Quartett de Heiner Müller con la actriz Muriel Mayette. Y Peter Brook, el más grande gurú escénico vivo, por partida doble con su teatro sagrado con dos montajes: El gran inquisidor, su retórica versión de Los hermanos Karamazov, de Dostoievski y Fragments, un montaje sobre textos de Beckett aún no visto en España.

Si alguien aún no ha descubierto al estadounidense Quantum Theatre o al italiano autor, director y actor Pippo del Bono y su compañía de marginados, que corra a ver cualquiera de los dos trabajos de este hombre, que afirma ver la belleza donde otros dirían que no la hay de ningún modo.

La escasa presencia de la danza cuenta con Les Ballets C. de la B y la presencia del coreógrafo Sidi Larbi Cherkaoui, aún muy desconocido en España .

Caetano Veloso, Philip Glass y algunos excelentes y excéntricos grupos completan la programación musical, en la que habría que incluir lo que para muchos es el gran puntazo del festival: ese Negro sobre blanco que Heiner Goebbels ha hecho con el Ensemble Modern cuyos músicos se convierten en actores que conquistan el espacio con el impacto de lo sorprendente.

España también está representada con el Tirant lo Blanc de Calixto Bieito, la compañía francesa de la española Blanca Li o la ópera caleidoscópica de Carles Santos. "Nos hemos decantado por valores seguros, es cierto, pero es que la alquimia es siempre la misma", afirma Goldenberg.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de octubre de 2007