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Reportaje:SUCESOS

"Mi odio crece, mi ira aumenta"

Un presunto asesino relata a la juez cómo mató en Valencia a su ex novia y a la madre de ésta, tras haberlo planeado durante meses

Vladímir Rausell Blay está en el módulo hospitalario de la cárcel de Picassent, en Valencia, desde el 31 de mayo. Nadie va a visitarle. En la madrugada del 29 de ese mismo mes degolló a su ex novia Sandra Corral, de 20 años, y a la madre de ésta, Julia Manzanera, de 53, e incendió la casa de su primo Ramón, que murió dos días después a consecuencia de las quemaduras. Vladimir, de 23 años, ucranio de origen, había sido adoptado años antes junto con un hermano por una familia valenciana.

El texto de la declaración en el juzgado a la que a la que ha tenido acceso EL PAÍS recoge que la relación con Sandra empezó hace cuatro años, aunque "desde noviembre se estropeaba". ¿En qué estado se encontraba Vladímir en esa época? "Rayado", afirma. Él sabía que "Sandra mantenía otra relación con un compañero de clase". Llegó a esa conclusión porque le mintió sobre "unas fotos en las que se la veía junto con otros chicos". Y explica que fue en noviembre cuando se inició en el consumo de "cocaína y cristal". Antes fumaba porros.

No dejó de hablar durante ocho horas; lo contó todo sin problemas con todo lujo de detalles

El distanciamiento en la pareja llegó a un punto en el que ella, según el testimonio de Vladímir, le dijo que no le quería. En todo caso, sólo para practicar sexo. Vladímir se obsesionó con ella. Guapa, simpática, muy abierta, había hecho prácticas en el Ayuntamiento y compatibilizaba el trabajo en una pizzería con otro en una asesoría fiscal, pero le engañaba. Vladímir también trabajaba y no la podía controlar. Su inquietud llegó a tal punto que intentó cortarse las venas. Ella le dejó porque "era muy fuerte lo que había hecho". Por la cabeza de él empezó a circular un torbellino de pesadillas, imágenes siniestras, recuerdos de una infancia dolorosa. En una pintura que guardaba en su casa había escrito: "Mi odio crece, mi ira aumenta". Así fue incubando la idea de acabar con Sandra. Y lo hizo.

Tras acuchillarla a ella y a la madre de ésta, fue a la buhardilla a buscar en un baúl el diario de Sandra. Lo encontró, lo leyó sentado en el suelo, buscando si en sus páginas había consignado otra relación. Encontró referencias sobre un chico de Buñol. Vladimir tenía ya en su cámara de fotos el coche y la casa en la que vivía ese chico, y conocía sus movimientos. Miró también en el ordenador de Sandra las fotos que tenía. Después metió el diario en su mochila gris, se puso las zapatillas y se fue escaleras abajo , recogió las llaves de acceso a la puerta de la vivienda, abrió y las volvió a dejar donde estaban.

Desde ahí, caminando, se fue al corral de su primo Ramón, con el que le unía una estrecha relación, pese a que éste le recriminaba su comportamiento con Sandra. Allí encontró unas botellas con gasolina para la motosierra. Cogió cuatro y entró en la vivienda en la que su primo, su tía y su abuela todavía dormían. Derramó la gasolina por debajo de la puerta de la habitación de Ramón y la incendió.

El agente de la Guardia Civil que le tomó declaración comentó que "no dejó de hablar durante ocho horas. Lo contó todo, sin problemas, con todo lujo de detalles".

Su madre había muerto cuando él tenía nueve años. Desde entonces vivió "en un orfanato y en la calle, como podía". No aceptó la muerte de su madre y piensa que fue "envenenada por una vecina que le debía dinero". Llegó a esa conclusión porque la hermana de su madre era "una especie de enfermera y le dijo que no se encontraba mal por beber como hacía siempre, sino que la habían envenenado". Su infancia fue "mala", afirma que su madre le pegaba, que tenían que robar para comer, que sufrió malos tratos en el orfanato, "llegando a sufrir un intento de violación". Relató también que, desde que llegó a España con 16 años, su vida cambió. "Vivía bien, pero tenía pensamientos raros, pensaba en el hermano pequeño que está solo y en los días que murió su madre".

A la juez de Llíria (Valencia) le confesó que quiere morirse y que, aunque vaya a la cárcel, los sueños le van a matar. Y pronosticó que más adelante se suicidará.

Machete, petardos con tornillos, cuerdas y veneno

LA PRIMERA VEZ que Vladímir pensó en acabar con la vida de Sandra, según consta en su declaración, fue el pasado 25 de mayo. Ese viernes discutieron. Ella llegó a decirle que deseaba tener relaciones con otros chicos y que no quería volver a verle. Él pensó en envenenarla. Discutieron en los días sucesivos. Reconoce que la llamaba sin cesar, que la agobiaba, que la perseguía. Los celos le consumían.

Cuenta que la madrugada del 29 de mayo cogió "el machete, los petardos forrados de tornillería, cuerdas, veneno, una chaqueta negra de cuero y otra de plástico" y lo metió en la mochila. Mientras lo preparaba tomaba cocaína. Poco antes de las seis de la mañana salió andando hacia la casa de la que aún creía que era su novia. Usó una cuerda para colocarse sobre el muro de la parte de atrás del adosado y llegar a una terraza desde la que se accede por una puerta a la habitación de Sandra. Dejó las zapatillas, los pantalones, la camisa, la camiseta y la mochila en la terraza y se quedó en calcetines y calzoncillos. Se acercó muy despacio hasta la habitación y se introdujo debajo de la cama, donde permaneció entre cinco y diez minutos. Ella notó una presencia que la despertó. Entonces él la acuchilló en el tórax, aún sin incorporarse. Los ruidos despertaron a la madre de Sandra. Al entrar en la habitación, la apuñaló y luego notó que tenía una herida en la cabeza y otra en el cuello. Las degolló y se quedó unos minutos allí "sin saber qué hacer, estaba muy nervioso".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de septiembre de 2007

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