Los teólogos piden al Vaticano que escuche el sufrimiento de los pobres

El Congreso de la Asociación Juan XXIII rinde homenaje a Jon Sobrino

La figura de Jon Sobrino, uno de los grandes pensadores religiosos en español, se agigantó ayer en el congreso que celebra este fin de semana en Madrid la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Representante sobresaliente de la teología de la liberación, Sobrino fue censurado muy severamente por la inquisición vaticana la primavera pasada por sus doctrinas sobre Jesús. Ayer, los teólogos de la Juan XXIII le rindieron homenaje con reproches a la actitud de las jerarquías de la Iglesia romana ante el sufrimiento de los pobres.

"En la lista de los jesuitas vivos o muertos, como Arrupe, Fernando Cardenal, Ignacio Ellacuría, Berrigan, padre Llanos, Díez-Alegría, etcétera, que hacen viable y positiva mi pertenencia a la Compañía de Jesús, Jon Sobrino ocupa un lugar muy destacado", dijo Alfredo Tamayo-Ayesterán, de la Universidad de Deusto. El homenaje se completó con lecturas de Julio Lois, Loreto Rey, José María Castillo y Juan José Tamayo.

Jon Sobrino, nacido en Barcelona durante la Guerra Civil en una familia vasca, entró en los jesuitas a los 18 años y viajó a El Salvador en 1957. Después de estudiar ingeniería y teología en EE UU y Alemania, volvió a El Salvador y fue estrecho colaborador del arzobispo Óscar Romero, asesinado en 1980. El 16 de noviembre de 1989 se encontraba en Tailandia dictando una conferencia cuando agentes del Estado salvadoreño mataron a seis de sus compañeros (Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Juan R. Moreno, Ignacio Martín Baró, Amando López y Joaquín López), a una mujer (Elba Ramos) y a su hija menor de edad (Celina).

La condena del Vaticano se produjo con la venia de Benedicto XVI, que siendo cardenal había presidido durante décadas el ex Santo Oficio de la Inquisición y promovido sonados procesos contra algunos colegas de Sobrino. Mil personas expresaron ayer su disgusto por esa actitud y respaldaron, con emotiva serenidad, la valiente ejecutoria intelectual, doctrinal y personal del pensador vasco.

"¿Qué ha visto Jon Sobrino en Jesús que tanto ha soliviantado a los vigilantes de la ortodoxia romana? ¿Por qué su cristología ha sido, de toda su producción teológica, lo que más inquieta al Vaticano?", se preguntó José María Castillo, él mismo censurado por Roma pese a haber enseñado teología en las mejores universidades católicas (Gregoriana de Roma y Pontificia de Comillas, entre otras). Ésta fue la respuesta de Castillo: "Jesús, con su forma de vivir, tiene la irresistible eficacia de quien nos impulsa a los seres humanos a reproducir en nosotros lo humano verdadero. He ahí la salvación y el camino para la salvación. Lo cual no acaba con la muerte en la cruz. La piedra que cierra la bóveda es la resurrección. Pero aquí Sobrino nos advierte: el Resucitado es el Crucificado. Dios no resucitó a cualquiera. Resucitó a un crucificado. Dios dio vida a un hombre que, para mostrar la plenitud de la vida, pudo enseñar sus manos y sus pies heridos, llagados. El sufrimiento y las llagas de las víctimas son la esperanza de la vida. Sólo desde ahí cabe la esperanza. ¿Comprenden por qué esta Cristología ha inquietado tanto a los escribas del actual sistema eclesiástico? Porque, si aceptamos de verdad esta Cristología, la Iglesia y la vida cristiana no tendrían más remedio que ser muy distintas de como actualmente aparecen ante la gente".

El principio-misericordia

Según Juan José Tamayo, secretario general de la Juan XXIII, el horizonte de la reflexión teológica de Sobrino "es el principio misericordia, que, junto al principio-liberación, constituyen los dos ejes de la teología de la liberación". Mientras le llueven testimonios de solidaridad de todo el mundo, Sobrino guarda "un silencio muy elocuente", dijo recordando la canción de Atahualpa Yupanqui: "La voz no la necesito. Sé cantar en el silencio".

Julio Lois, presidente de la asociación organizadora del congreso, aportó por su parte la carta de solidaridad que el obispo Pere Casaldáliga dirigió a Sobrino. "Somos millones los que te acompañamos y es, sobre todo, Jesús de Nazaret quien te acompaña", le dijo el famoso prelado.

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