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Editorial:

Familias endeudadas

Las familias españolas hace meses que han asumido que sus condiciones económicas no van a mejorar precisamente a corto plazo. Especialmente las muy endeudadas. Las decisiones de gasto familiar están moderando la importancia del consumo privado en el crecimiento de la economía. Se consume menos, precisamente, porque la renta disponible no ha aumentado.

La moderación de las rentas salariales desde hace años y la intensa escalada de los tipos de interés son las principales explicaciones de esa gradual, pero suficientemente explícita, moderación del consumo. Y es previsible que así seguirá a tenor de los últimos datos conocidos, que no hacen sino abundar en la elevada proporción que esa deuda supone sobre la renta disponible. La deuda de los españoles ha crecido más que en ningún otro país avanzado: un 56,1% entre 1999 y 2005 hasta situarse igualmente en los niveles más elevados (103%) en proporción a la renta disponible. La situación es tanto peor cuanto menor es la renta: en las familias con renta baja la proporción del endeudamiento es mucho mayor.

El futuro no es más favorable que el inmediato pasado. Las tensiones crediticias de las últimas semanas van a incidir significativamente sobre los agentes económicos endeudados. Puede darse por concluida la fase financiera más extraordinariamente favorable de la historia de España. Los prestamistas serán más selectivos y cobrarán más, aun cuando los tipos de interés oficiales se mantengan bajos o incluso desciendan. Los sectores más dependientes de la financiación crediticia, como el de la construcción, verdadero motor de nuestra economía en la ultima década, ya se han resentido y, previsiblemente, sufrirán más. Las renovaciones crediticias serán más lentas y más costosas.

Pero la situación no es alarmante. La economía española sigue creciendo notablemente, al igual que el ritmo de creación de empleo. La política económica empieza a dar muestras de adaptación: la monetaria, desde luego, con el BCE más tranquilo, pero también la presupuestaria. Es sensato que se aproveche parte del margen de maniobra presupuestario que tiene España en potenciar la inversión en esos intangibles que puedan acelerar un patrón de crecimiento más diversificado y menos vulnerable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de septiembre de 2007