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Reportaje:

Tejas lleva a cabo su ejecución número 400

"Los tejanos decidimos hace mucho tiempo que la pena de muerte es un castigo justo", dice el gobernador

El huracán Dean perdía ayer intensidad en su ruta hacia Tejas (EE UU), mientras un ciclón también mortífero pero de otro tipo, el de la pena de muerte, aterrizaba en la ciudad de Huntsville. Diversas organizaciones contra la pena capital se habían movilizado hasta allí para intentar evitar la inminente ejecución de John Ray Conner. Pero no sirvió de nada. Conner se convirtió ayer en la víctima número 400 en Tejas desde que se restableció la pena de muerte en EE UU en 1976, un triste hito que lo convierte en el Estado que ha llevado a cabo más ejecuciones de los 38 donde aún es legal esta condena.

Conner, que tardó ocho minutos en morir tras recibir una inyección letal, era un hombre de 32 años de raza negra acusado del asesinato de Kathyanna Nguyen, empleada de una tienda de comestibles muerta durante un atraco en 1998. Varios testigos identificaron hace casi una década a Conner como al asesino y poco importa, parece, que el acusado, padre de dos hijos, fuera algo cojo y apenas pudiera correr. Los testigos aseguran haberle visto huir raudo y veloz del lugar del crimen, pese a que Conner aseguraba que estaba al otro lado de la ciudad cuando se perpetró el delito.

Incluso la Unión Europea solicitó el martes su perdón enviándole una carta al gobernador, Rick Perry, en la que le pedía una moratoria en las ejecuciones de su Estado. "La irreversibilidad de la pena significa que los errores de la justicia, que son inevitables en cualquier sistema legal, no pueden enmendarse", alertaba la UE en su misiva.

Pero Perry, orgulloso del récord que ostenta Tejas, donde sólo en lo que va de año han sido ejecutadas ya una veintena de personas, le contestó a la UE: "Los tejanos nos las apañamos muy bien solos gobernando Tejas". No contento con eso, Perry decidió además repasar para la Unión Europea la historia de su país: "Hace 230 años los fundadores de nuestro país lucharon en una guerra para deshacerse del yugo de un monarca europeo y conseguir la libertad de la autodeterminación. Los tejanos decidimos hace mucho tiempo que la pena de muerte es un castigo justo y apropiado para los crímenes más horribles cometidos por nuestros ciudadanos".

"En la cultura tejana se mezcla el fuerte individualismo de la época del lejano oeste con una larga tradición de gobernadores y fiscales entregados a las ejecuciones", afirma el abogado George Kendall. Entre los políticos a los que se refiere Kendall destaca el presidente George W. Bush, con quien se dispararon las ejecuciones en Tejas en los años noventa durante su mandato como gobernador. "Además, hay leyes obsoletas que permiten condenas injustas como la que actualmente amenaza al joven Kenneth Foster, uno de los casos más preocupantes de los últimos años", aseguraba en entrevista telefónica Bob Owen, codirector del Centro para la Pena Capital de la Escuela de Leyes de la Universidad de Austin (Tejas).

Si nadie lo evita, Foster se convertirá el próximo día 30 en el ejecutado número 401 de Tejas por un crimen que ni siquiera cometió y por el que ya fue ejecutado el autor. "Existe una ley en Tejas que aún permite condenar a la pena capital a quienes fueron testigos de un delito y no hicieron nada por evitarlo, y en esa trampa legal es donde está ahora Foster. Es el único Estado que mantiene viva esa ley", explica Owen.

Foster estaba en el sitio equivocado en el momento equivocado: viajaba en un coche con tres personas y una de ellas mató durante un atraco a un joven de 25 años. El crimen se produjo a 20 metros de donde estaba Foster. Los otros dos jóvenes que iban en el coche con él fueron absueltos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de agosto de 2007