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Bush amenaza con perseguir a Al Qaeda en suelo paquistaní

"Con buena información, haremos nuestro trabajo", advierte el presidente de EE UU

El órdago que lanzó la semana pasada el candidato demócrata a la presidencia Barak Obama al afirmar que atacaría Pakistán si supiera donde está Bin Laden cayó ayer en medio de Camp David, donde el presidente Bush llevaba dos días recluido junto a su homólogo afgano, Hamid Karzai. Bush lanzó una velada amenaza contra los terroristas ocultos en Pakistán: "Con buena información, haremos nuestro trabajo y llevaremos a los líderes de Al Qaeda ante la justicia". Pero no aclaró si pediría permiso al Gobierno de Islamabad.

La contestación esquiva del presidente Bush no sorprendió del todo: desde que Obama hizo aquellas afirmaciones la semana pasada, toda la Administración de Bush se ha volcado en explicar la necesidad de actuar en Pakistán con el permiso explícito del presidente Pervez Musharraf. "No creo que actuáramos sin decirle a Musharraf lo que vamos a hacer", aseguró el domingo el secretario de Defensa, Robert Gates, en el programa Meet the press.

El problema de los talibanes a lo largo de la frontera paquistaní y afgana será discutido el próximo 9 de agosto en un encuentro entre jefes tribales afganos y paquistaníes al que se espera que acudan tanto Karzai como Musharraf. Afganistán ya se ha quejado a menudo ante su homólogo paquistaní del flujo de extremistas que cruza a su país provenientes de Pakistán y ante lo que Musharraf parece lavarse las manos ya que, en el fondo, un terrorista que entra en Afganistán es un terrorista menos en Pakistán.

Ni Bush ni Karzai anunciaron decisiones relevantes, aunque el presidente estadounidense aprovechó para volver a subrayar su compromiso en la lucha contra el terrorismo y, de paso, lanzarle un par de advertencias a Irán, a quien Karzai ha definido como un aliado en la guerra contra el narcotráfico y contra los talibanes. "Yo sería muy precavido respecto a si la influencia de Irán en Afganistán es una fuerza positiva o no" dijo Bush.

"Al fin y al cabo es un país que se ha saltado las normas internacionales y ha anunciado su intención de querer construir una bomba atómica. Es Irán quien tiene que mostrarle al mundo que quiere vivir según las reglas internacionales. Nosotros vamos a seguir trabajando para que sigan estando aislados hasta que cumplan con ellas", añadió el presidente.

Tanto Bush como Karzai hicieron especial hincapié en los supuestos progresos que habría hecho Afganistán desde la invasión estadounidense a finales de 2001, donde Bush aún mantiene a 23.000 soldados y donde sólo en este año ya lleva gastados 7.300 millones de euros en ayudas para desarrollo y seguridad. "Todavía hay mucho por hacer, no se equivoquen, pero estamos viendo progresos y nos sentimos muy orgullosos de usted", clamó Bush.

El problema del opio

Karzai centró gran parte de su discurso en elogiar a los estadounidenses y en subrayar que gracias a ellos hoy en Afganistán había 85.000 niños más que no hubieran podido sobrevivir si Estados Unidos no los hubiera liberado del yugo de los talibanes. Sólo de refilón reconoció que "tenemos el problema de las semillas de opio, que es diabólico, y es malo para nosotros y para ustedes. Pero con la ayuda estadounidense, la lucha continúa".

Ninguno de los dos mencionó los 475 millones de dólares (344 millones de euros) que Afganistán debería haber recibido ya de los fondos antinarcóticos estadounidenses para luchar contra la producción de opio y que continúan en el limbo por el debate entre oficiales americanos sobre cómo debería invertirse ese dinero.

El pasado año, Afganistán recibió 420 millones de dólares y aun así, según un informe de la ONU que se publicará en septiembre, la producción ha aumentado en un 15% respecto al año pasado y produce el 95% del total mundial. Según funcionarios anónimos citados por Associated Press, hay un informe de casi 1.000 páginas del Departamento de Estado sobre cómo gastarse el dinero, que incluye puntos como la erradicación coercitiva o la supeditación de las ayudas al desarrollo a la eliminación de plantaciones, pero los funcionarios estadounidenses no acaban de ponerse de acuerdo y el informe no termina de hacerse público.

La pregunta que nadie parece ser capaz de resolver es cómo luchar contra la producción de opio y evitar que los productores que se quedan sin forma de subsistencia no se transformen, por pura necesidad económica, en extremistas islámicos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de agosto de 2007