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El rearme de Oriente Próximo

Los nuevos contratos anunciados por Rice impulsan la industria militar de EE UU

Los acuerdos aportarán 46.000 millones a uno de los sectores preferidos por los inversores

Nueva York
La gira de Condoleezza Rice por Oriente Próximo acabó ayer sin resultados tangibles, salvo en un punto: la venta de armas estadounidenses a los aliados de George W. Bush en esta turbulenta región. La secretaria de Estado anunció ventas a ocho Estados -los mayores beneficiarios serán Israel y Egipto- por valor de 46.000 millones de euros en los próximos 10 años. El anuncio ha sido recibido con entusiasmo por la industria militar estadounidense, uno de los sectores preferidos por los inversores debido a la gran demanda de la Administración. En 2006 el gasto militar de EE UU superó los 450.000 millones de euros si se incluyen los costes presupuestados para Irak y Afganistán, lo que supone el 45% del gasto militar mundial. Pero la lluvia de armas sobre Oriente Próximo no procede únicamente de Washington. China y, sobre todo, Rusia han entrado con fuerza en la subasta, con la ventaja de que pueden vender a todos los actores enfrentados porque, a diferencia de EE UU, no provocan grandes odios. Rusia es el segundo mayor exportador mundial de armas, seguido de Alemania. España vende cada vez más y ocupa ya el octavo puesto.

EE UU es una máquina de guerra. Su presupuesto de defensa para el ejercicio fiscal que arranca en octubre es de 481.400 millones de dólares (352.000 millones de euros), y si a eso se suman los costes no presupuestados de las operaciones en Afganistán e Irak, el total supera los 640.000 millones de dólares, el equivalente al 4% del PIB y el 45% del gasto militar mundial. Como dicen en Wall Street, "en tiempos de guerra es momento para invertir en empresas que venden armas". La anunciada venta de armas a Oriente Próximo da aún más impulso a una industria que marcha viento en popa.

En el parqué neoyorquino no pierden estos días de vista las páginas políticas de la prensa, porque dicen que puede encontrarse muy buena información, como el suculento contrato de armas anunciado para los seis aliados en el Golfo Pérsico, Egipto e Israel. El motivo es simple: la primera beneficiada de los contratos avalados por el Pentágono y el Departamento de Estado, claves para apoyar los intereses de EE UU en la región, es la poderosa industria de la defensa, que aprovecha las triquiñuelas geopolíticas para hacer caja.

El Gobierno ha autorizado ventas de empresas estadounidenses por valor de 46.000 millones de euros a los países del Golfo, Egipto e Israel. Estos dos países son los máximos beneficiarios de un acuerdo que cubre los próximos 10 años y cuyos detalles sólo se conocerán por completo cuando llegue al Congreso de EE UU, que debe dar el visto bueno.

"La locura que corre por el mundo da impulso a la industria de la defensa", como dice Jim Cramer, que dirige el programa Mad Money en la cadena CNBC, a los inversores que siguen sus recomendaciones. "Estos contratos no hay que verlos sólo como una ayuda a los países aliados en Oriente Próximo, sino como una ayuda a la industria doméstica, para que sea rentable. El futuro se presenta brillante para este sector", reitera.

Boeing, Lockheed Martin y Raytheon son algunos de los nombres que integran lo que en EE UU se conoce como el triángulo de acero o el complejo militar-industrial, un concepto utilizado por primera vez por el presidente Dwight Eisenhower para definir la simbiosis que hay entre las Fuerzas Armadas, el sector privado y la élite política en Estados Unidos. Un cartel en el que los militares dependen de la industria de defensa para dotarse de material y los contratistas de Washington para garantizarse sus ingresos.

Las cifras oficiales muestran que Arabia Saudí es uno de los principales clientes de armas de EE UU. Matt Schoerder, de la Federation of American Scientists, uno de los grupos de reflexión especializados en Defensa, explica que este país árabe "es muy dependiente de Washington en cuanto a armas y formación militar, y está dispuesto a pagar por ello". Sin embargo, no cree que este contrato vaya a suponer una revolución respecto a lo visto hasta ahora.

El nuevo paquete de 46.000 millones incluiría armamento avanzado, actualizaciones para aviones de combate y barcos. El problema es que algunos miembros del Congreso ven a Arabia Saudí como un país refugio para los terroristas y una amenaza para Israel, pese a que se trata del mejor aliado de George W. Bush en la zona.

El contrato de armas con los países del Golfo Pérsico saldrá adelante, según los expertos, a pesar de las reticencias mostradas por los liberales en el Congreso, por el simple hecho de que se trata de un importante negocio para EE UU y porque tiene especial cuidado con Israel. Schoerder no descarta, sin embargo, que se puedan a modificar algunas partes del paquete para retirar las armas que se consideran "desestabilizadoras".

Cramer insiste en que el aumento del gasto militar no parará de crecer si los republicanos pierden la Casa Blanca en 2008. "Deben gastar fortunas en Defensa para mostrar que están interesados en la seguridad, a pesar de que digan que quieren recortar gastos en Irak", reitera en sus consejos a los inversores, hasta el punto de que augura que el presupuesto en Defensa llegará al 6% del PIB.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de agosto de 2007