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Reportaje:LIBROS

Jane Austen no pasa el filtro

15 agentes editoriales británicos no detectan el plagio de capítulos de 'Orgullo y prejuicio', 'La abadía de Northanger' y 'Persuasión'

Varios clásicos de la literatura británica fueron a parar hace unos meses a las manos de 18 de los agentes literarios más influyentes del Reino Unido. Eran capítulos de Orgullo y prejuicio, La abadía de Northanger y Persuasión, escritos por una de las grandes novelistas británicas de todos los tiempos, Jane Austen (Hampshire, 1775-1817). Estaban copiados párrafo por párrafo. Pero nadie lo notó.

El responsable de los envíos era David Lassman, un británico de 43 años residente en Bath que había sufrido en propia carne el rechazo de las editoriales. Había copiado partes de estos libros de principio a fin con una irónica peculiaridad: había escogido otro nombre y firmado con un seudónimo. Se titulaba Primeras impresiones y su supuesta autora era Alison Laydee. Al poco tiempo, 15 de los 18 agentes respondieron y la respuesta fue, cuando menos, esclarecedora: "Es un libro interesante y su lectura ha resultado genial, pero no estamos interesados". Sólo uno descubrió el plagio, Alex Bowler, agente de Jonathan Cape, y recomendó a Lassman no inspirarse tanto en la autora de Sentido y sensibilidad, hasta el punto de asegurar que había reconocido pasajes gemelos en las dos obras.

"Era increíble", comenta Lassman. "Me lo planteé como una prueba para comprobar si Jane Austen era conocida y leída en nuestros días". Y la prueba obtuvo el peor de los resultados.

Austen no era conocida, ni reconocida, por la gran mayoría de los agentes literarios del Reino Unido. Y basta saber esto para imaginarse cuánto y cuán habitualmente los británicos recurren a la lectura de una de sus escritoras icónicas. "Si las grandes editoriales no pueden reconocer la buena literatura", lamenta Lassman, "quién sabe lo que la gente podrá leer en Internet". Pero este examen tamizado tenía un sentido. O varios.

Cuando decidió copiar Orgullo y prejuicio y hacérselo llegar a la élite del mundo editorial británico, Lassman tenía una doble intención. Por un lado, estaba su novela, que no lograba publicar y cuyo rechazo sistemático resume con buenas dosis de confianza -"yo creo que es material publicable", enfatiza-. Y por otro, su nuevo trabajo como director del Festival Jane Austen de Bath, en el sur de Inglaterra. "Nada más empezar a trabajar [en el Centro Jane Austen de Bath, que organiza el festival] tuve la idea y decidí ponerla en marcha", explica. "Y ha sucedido lo que me temía". Pero si la historia resulta irónica, sus detalles y pormenores lo son aún más.

Lassman mandó varios capítulos de tres de los primeros trabajos de Austen: La abadía de Northanger, publicado en 1798; Orgullo y prejuicio, de 1813, y Persuasión, que vio la luz en 1818. Los manuscritos, que llegaron a editoriales tan importantes como Penguin, Random House o Christopher Little -con quien publica J. K. Rowling, autora de la saga de Harry Potter- se agrupaban bajo un título, Primeras impresiones, que debería haber levantado las sospechas de las 18 personas que tuvieron el plagio entre sus manos.

"Elegí el título original con el que se publicó el libro de Austen y dejé como dirección de contacto el Centro Jane Austen" [Orgullo y prejuicio se llamó durante los primeros años de su publicación Primeras impresiones]. Pero el señuelo de Lassman no acababa ahí. El seudónimo con el que decidió firmar los envíos, Alison Laydee, era otra trampa: hacía alusión directa al que la novelista utilizó durante sus primeros años como escritora, A. Lady.

Las reacciones de los grupos editoriales implicados, por supuesto, no se han hecho esperar, y la mayoría han intentado explicar este gran despiste. Penguin, uno de los más influyentes, puntualizaba hace unos días en The Guardian que sus agentes no llegaron a leer el manuscrito al completo, aunque su lectura inicial les resultó interesante.

Pero la respuesta de Christopher Little, también en The Guardian, fue más detallada. Señalaba que sus expertos habían reconocido similitudes entre el manuscrito de Lassman, pero que, en cualquier caso, habían declinado la posibilidad de ofrecer representación a la tal Alison Laydee para evitar tener problemas ante un supuesto caso de plagio.

"Sabía por experiencia propia que publicar una novela era difícil", bromea Lassman, "pero no era capaz de imaginarme que incluso a Austen le resultase tan complicado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de julio de 2007