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CARTAS AL DIRECTOR

Recuerdos

Acabo de leer en la edición digital de EL PAÍS un largo artículo sobre Dionisio Ridruejo. Trata de sus ideas políticas, tan cambiantes; era falangista de José Antonio, no estaba satisfecho con Franco y allá por los años setenta andaba exiliado voluntariamente en París. Yo estaba también en París acompañando a mi padre, Luis de Zulueta, que había sido invitado por su amigo el doctor Eduardo Santos, ex presidente de la República de Colombia, a pasar unos días en París, donde él vivía. Vivíamos en un pequeño hotel residencial, el hotel de la Pérouse, cerca de la residencia del doctor Santos. Un buen día sonó el teléfono y la llamada era de Dionisio Ridruejo. Quería hablar con mi padre. Mi padre se sorprendió. Había dejado la política cuando salió de España en 1936, pero le intrigó la llamada de Ridruejo y lo recibió en el hotel. Yo estaba presente cuando llegó el joven poeta falangista. Quería conocer a Zulueta, porque era una persona que se había declarado por la paz, la paz civil entre los dos bandos luchadores; no había querido la guerra y su actitud atraía a Ridruejo, que vino a vernos y habló largamente de poesía, de su voluntad de paz en España, de romper con las tradicionales divisiones de partidos, de que no hubiera exilio republicano. Leyó varios de sus poemas y después, dejando un librito dedicado, desapareció de nuestra vida.

No mucho después, murió en España en 1975.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de julio de 2007