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Reportaje:

Magnética Barcelona

La capital catalana es la protagonista de una amplia exposición inaugurada ayer en la Provenza. Es la segunda de tres muestras internacionales que esta temporada se dedican a la ciudad. ¿Coincidencia o moda? Más bien lo segundo

Saint-Paul-de-Vence

Desde la "Barceloooona" de Freddie Mercury y Montserrat Caballé en los Juegos Olímpicos, todo un hito en la autoestima catalana, la ciudad se ha puesto de moda como destino turístico europeo. Basta darse un garbeo por las Ramblas para ver cómo está el patio, de lleno.

'Barcelona. 1947-2007' celebra, en cierta manera, el primer encuentro entre Joan Miró y Aimé Maeght

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La ciudad se ha promocionado y al parecer lo ha hecho bien, aunque el estómago de muchos ciudadanos no haya digerido aún los excesos del Fórum de las Culturas y los turistas empiecen a ser considerados más una plaga que una bendición. En fin, lo cierto es que, dicen, Barcelona está de moda. "En Holanda ha superado como destino turístico a París, aunque es verdad que a París ya la tenemos muy vista", explica Edwin Becker, jefe de exposiciones del Museo Van Gogh de Amsterdam, en donde el 21 de septiembre se inaugurará la tercera gran exposición internacional de esta temporada, en cuyo epígrafe aparece el nombre de la ciudad. Llevará por título Barcelona 1900 y se enmarca en el programa de exposiciones dedicadas a ciudades europeas durante el fin de siècle (del XIX, of course) que el centro lleva organizando desde hace años y que anteriormente ha puesto el foco en Glasgow, Viena y Praga.

La segunda gran exposición de la temporada que se dedica a la ciudad se inauguró ayer en la Fondation Maeght de Saint Paul de Vence, en la Provenza francesa. Barcelona. 1947-2007 es una mirada personal al arte realizado en la ciudad en los últimos 60 años a partir de la selección realizada por Victòria Combalía y Michel Enrici, director de la fundación, que incluye unas 150 obras de casi una cincuentena de artistas que han realizado su trabajo en la ciudad y que, en una abrumadora mayoría, lógicamente, son catalanes.

Desde Miró a Perejaume pasando por Miquel Barceló, Joan Brossa, Antoni Llena, Hannah Collins, Broto o Ignasi Aballí. La exposición, en cierta manera, celebra el primer encuentro que se produjo en 1947 entre Joan Miró y Aimé Maeght, toda una leyenda entre los marchantes de arte de la segunda mitad del siglo XX.

La familia Maeght mantiene aún su galería en Barcelona -que desde principios de los sesenta a mediados de los ochenta fue toda una referencia en el contexto artístico español- y en sus salas siempre se prestó gran atención a los artistas españoles. "Ha sido una constante en la trayectoria de la galería Maeght", comentaba ayer Enrici. "Y está claro que alguna cosa pasa en Barcelona, eso es evidente. Tal vez allí se está produciendo un modelo de funcionamiento político y cultural que se mira con interés fuera, porque resulta adecuado para el desarrollo europeo".

"¿Por qué tantas exposiciones sobre Barcelona? Porque está de moda, no hay duda. Y después de tanto hablar de diseño y arquitectura, era lógico que ahora le tocara al arte", comenta Combalía, que alerta de que para mantener el empuje habrá que tener la guardia alta, ya que entre las novísimas generaciones no ve que haya tantas figuras para tomar el relevo de los viejos maestros. Buena advertencia, si se tiene en cuenta que lo del "¿Estudias o diseñas?" de los ochenta, en los que la ciudad se autoproclamaba capital del diseño, ha acabado como el rosario de la aurora. Sin hablar de que el efecto Guggenheim fue un golpe bajo para la autodenominada "ciudad de los arquitectos".

Barcelona and Modernity. Picasso, Gaudí, Miró, Dalí fue la exposición que abrió el fuego. Se presentó el otoño pasado en el Museo de Cleveland, impulsor del proyecto, y aterrizó en la primavera de este año en el Metropolitan de Nueva York, donde fue vista por 300.000 visitantes. Menos de los previstos, pero muchos de todas formas. El proyecto fue toda una proeza: se buscaba revalorizar a los artistas coetáneos, más o menos, de los grandes maestros como Picasso, Miró o Gaudí, en una selección básicamente artística, con unas 300 piezas que abarcaban un amplio periodo, de 1868 a 1939. Había obras de Casas, Nonell o Gaudí, por citar a algunos. En cierta manera, y ésta era la intención también, la muestra que ahora se presenta en Saint Paul de Vence es la continuación cronológica de aquella, quitando el intervalo de la guerra e inmediata posguerra, y también se centra de manera casi exclusiva en la pieza artística extrapolada de su contexto.

La de Amsterdam volverá a mirar hacia atrás, pero su comisaria, Teresa M. Sala, ha concentrado el interés en pocos años -entre 1880 y 1909-, al tiempo que el enfoque es mucho más cultural e histórico. Sala lleva unos cuatro años preparándola, pero la irrupción de la exposición estadounidense ha impedido que pudiera contar con algunas obras, ya que éstas habían hecho la gira americana y necesitaban un descanso. Con todo, no faltarán importantes piezas artísticas que se mostrarán no tanto en sí mismas, sino como parte de un contexto cultural y social más amplio que, en cierta forma, ilustran. Así, incluye pinturas, esculturas, postales, fotografías, libros, carteles, muebles y objetos de todo tipo. Destaca entre estos últimos la famosa bomba tipo Orsini, aquella que no llegó a explotar en el atentado que realizó en 1893 el anarquista Santiago Salvador en el Gran Teatro del Liceo.

La Barcelona de esta exposición holandesa ofrecerá no sólo las luces, sino también las sombras de una ciudad en la que el crecimiento industrial y el auge artístico que propiciaba la burguesía se veían descompensadas por la miseria de las clases trabajadoras, entre las que abundaban los inmigrantes. No era la Barcelona hechicera sino la Rosa de Foc. Son esas otras Barcelonas que en el fondo nunca han dejado de estar allí, más o menos escondidas según las circunstancias.

En cualquier caso, ¿moda o coincidencia? Las tres exposiciones se han organizado por separado y, aunque han recibido el apoyo de las instituciones locales -el Instituto Ramon Llull (el Cervantes catalán) se ha desvivido por apoyarlas con todos sus medios-, ninguna de las tres se ha promovido a priori institucionalmente. El azar ha querido que los tres centros internacionales, de repente, mostraran cierto interés por saber qué se cocía en el mundo artístico de Barcelona. Será esto, que está de moda. Habrá que ver, con el tiempo, si eso se traduce en una mayor valoración internacional de estos artistas que refleje que, pasada la moda, el interés prevalece.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007