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MAGNÉTICA BARCELONA

Bajo el sol de Miró

Saint-Paul-de-Vence

Los grandes artistas, y Miró es uno de los enormes, suelen tener muy buen ojo para escoger los paisajes y los espacios en los que el arte se siente cómodo. Fue él quien aconsejó al matrimonio Maeght (Aimé y Marguerite), cuando buscaban crear un espacio en donde acercar el arte moderno a la gente corriente, que escogieran a su amigo Josep Lluís Sert, barcelonés como él, para que construyera el edificio. Nunca se arrepintieron. En la Fundación Maeght de Saint Paul de Vence, es arte el olor a pino, los vericuetos que llevan de escultura en escultura por unos jardines laberínticos acotados por márgenes de piedra y, por supuesto, lo es su espléndida colección de grandes maestros.

Difícil encontrar un mejor contexto para Barcelone. 1947-2007, que abre al público mañana y que podrá visitarse hasta el 4 de noviembre (www.fondation-maeght.com).

La exposición se ha hecho de forma un tanto apresurada -Victòria Combalía, comisaria científica de la misma, explica que recibió el encargo hace sólo unos cinco meses- y eso en parte se nota. Con todo, cuenta con dos ámbitos muy logrados: los dedicados al grupo Dau al Set (Tàpies, Cuixart, Joan Ponç, Tharrats, Brossa), el primer gran momento del arte catalán de la posguerra, y al movimiento conceptual de los setenta (Miralda, Fina Miralles, Muntadas, Llena, Francesc Torres, Benet Rosell...), una política y a la vez poética respuesta artística a la dictadura agonizante. También destaca en el montaje la combinación de los poemas-objeto de Brossa (casi todos realizados en los ochenta) con los dibujos y pinturas de Zush/Evru.

Sobre la exposición planea la figura de Miró, el gran padre de todos. De él se exhiben varias obras, entre ellas una pieza de 1947 cuyo título es uno de estos poemas suyos que casi compite en emoción con su pintura: Le serpente à coquelicots traînant sur un champ de violentes peuplé par des lézards en deuil. Destaca también una sala con unos tàpies espléndidos, casi todos de los sesenta y setenta, cuando el artista aún estaba en la escudería Maeght (tras la muerte de Aimé, el que había sido su mano derecha, Daniel Lelong, se quedó en parte con sus salas y con algunos de sus artistas).

Del resto de artistas se muestra casi siempre una sola obra que, según Combalía, "representa lo mejor de su producción". Es, reconoce, una elección "subjetiva" que puede estar sujeta a debate. Parece acertar con obras como el Mapa de carn (1982), del primer Barceló aún salvaje; la famosa serie fotográfica Voy a hacer de mí una estrella (1975), de Carlos Pazos; Corrección (2001), en la que Ignasi Aballí borró con tipex su retrato quedando como resultado un cuadro monocromo, o Intemperie (1993-1999), una especie de habitáculo realizado con marcos dorados de cuadros de Perejaume que enmarca, en una sala fuera de recorrido, algunas obras de la colección.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007