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El Premio Príncipe de Asturias reconoce la descripción de las leyes del diseño del cuerpo

Los genetistas Peter Lawrence y Ginés Morata colaboran desde hace más de 30 años

Los biólogos Peter Lawrence (Reino Unido, 1941) y Ginés Morata (Almería, 1945), que mantienen una estrecha colaboración desde hace años, fueron galardonados ayer con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica por sus trabajos conjuntos e individuales en la biología del desarrollo, esenciales para conocer los procesos de formación de organismos complejos y el envejecimiento, así como las alteraciones genéticas que causan enfermedades como el cáncer. El galardón -50.000 euros y la reproducción de una escultura de Joan Miró- lo recibirán en Oviedo en octubre.

El trabajo de Peter Lawrence y Ginés Morata, premiados ayer con el Príncipe de Asturias, es un pilar básico de la biología del desarrollo, la ciencia de las leyes que rigen la conversión de un óvulo fecundado -una sola célula- en la prodigiosa organización de los ejércitos de células que forman nuestro cuerpo. Los dos genetistas se conocieron hace más de 30 años, compartieron laboratorio en Cambridge y son destacados miembros de la fly people -los investigadores de la mosca Drosophila melanogaster-, pero sus descubrimientos tienen cada vez más relevancia para la biología humana.

La relación entre los dos científicos arranca de un experimento clásico que Morata, Pedro Ripoll y Antonio García-Bellido publicaron a principios de los setenta, y que demostró que el cuerpo del embrión se va dividiendo y subdividiendo en territorios ("compartimentos") mediante el trazado de unas fronteras nítidas, de pureza geométrica.

Este trabajo capturó de inmediato la atención de Lawrence y de su entonces jefe directo en Cambridge, el codescubridor de la doble hélice del ADN Francis Crick. Lawrence pasó entonces una temporada en el laboratorio madrileño, y Morata le devolvió con creces la visita en Cambridge, como investigador posdoctoral de la unidad del MRC dirigida por Crick en la época.

Morata y Lawrence trabajaron con un gen de la mosca llamado engrailed, pero tanto el gen como la lógica de su funcionamiento son universales en el reino animal. Su investigación reveló que la subdivisión del cuerpo en compartimentos se basa en una genética combinatoria de asombrosa simplicidad: todas las células a un lado de la frontera -y ninguna del otro lado- activan el gen engrailed para los restos, en ellas y en todas sus hijas. Y eso es justo lo que mantiene la frontera, porque si estropeas el gen engrailed en una célula, todas sus hijas se saltan la frontera.

Engrailed es uno de una veintena de genes selectores que subdividen en compartimentos el cuerpo de todos los animales. Diez de estos genes forman una fila en el genoma: los genes Hox, que encarnan una especie de mapa del eje longitudinal del cuerpo (el primer gen de la fila define un trozo de cabeza en moscas y humanos, y el décimo define la zona anal, también en ambas especies).

Otros funcionan en el sentido longitudinal, formando una cuadrícula con los Hox. La veintena de genes selectores se completa con los que definen los ojos y los apéndices (brazos, alas, patas, piernas y este tipo de cosas). Morata ha dedicado a estos genes el resto de su vida profesional, ya en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid. Lawrence se ha centrado más bien en lo que ocurre dentro de cada compartimento: cómo las células miden la distancia a la frontera y se organizan en consecuencia.

Hace unos meses, Lawrence tuvo que cambiar su casa durante 37 años -el Laboratorio de Biología Molecular del MRC de Cambridge, la cuna de esa ciencia- por uno nuevo en el departamento de Zoología de la misma ciudad: la razón es que ha cumplido 65 años, y no le hace muy feliz.

"Tenemos un principio en el Reino Unido: cuando celebras tu 65 cumpleaños tienes que parar la mayor parte de tus investigaciones", comentaba ayer a EL PAÍS. "Lo he vivido como un caso de discriminación por edad; yo creo que hay que juzgar a la gente por su rendimiento, y no por su edad, raza o sexo". En parecidos términos se ha expresado en este diario Antonio García-Bellido, jubilado también el año pasado. Ambos son científicos en plena productividad intelectual.

El jurado, que adoptó la decisión por unanimidad, según es costumbre en el Príncipe de Asturias de Investigación, considera que los trabajos "son esenciales para conocer con claridad algunos detalles del proceso de formación de organismos complejos". "Sus investigaciones pioneras arrojan luz", sostiene el acta "sobre el funcionamiento de los compartimentos biológicos como unidades funcionales que regulan, mediante gradientes moleculares y conjuntos de genes, el programa de desarrollo embrionario".

El galardón reconoce "el esfuerzo de ambos científicos para esclarecer los procesos morfogenéticos, basado en modelos experimentales sencillos", y que "posibilita abordar cuestiones de notable complejidad", como "la función de algunos genes altamente conservados, desde los insectos al hombre".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de junio de 2007