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Reportaje:

Reformas al ralentí en México

El presidente Calderón ha contratado más policías, ha lanzado seis planes sociales y ultima una reforma fiscal, pero no ha cerrado las heridas de conflictos como el de Oaxaca

Un año después de la revuelta social en el Estado mexicano de Oaxaca, que costó 26 muertos, la tensión sigue latente en aquellas tierras. "Si bien Oaxaca no continúa en llamas, está ardiendo internamente. Hay heridas que no han cerrado y es un foco que en cualquier momento puede estallar", ha advertido el magistrado de la Corte Suprema de México, Genaro Góngora Pimentel, que presidió el más alto tribunal entre 1999 y 2002. Oaxaca y otras zonas calientes reflejan la precaria normalidad que vive México desde la investidura del presidente Felipe Calderón, vencedor de la controvertida elección de julio de 2006. Las promesas de más seguridad, menos pobreza y más empleo que hizo el mandatario en el discurso inaugural del 1 de diciembre siguen siendo asignaturas pendientes.

Desde enero ha habido 1.200 asesinatos, la mayor etapa de violencia interna en años

"Si bien Oaxaca no sigue en llamas, está ardiendo internamente", afirma un magistrado

"¿Qué está pasando en México?", preguntó esta semana Góngora en el debate, no concluido, entre los integrantes de la Corte Suprema sobre los hechos de Oaxaca de hace un año. Se refería el magistrado a las diversas solicitudes que han llegado al tribunal desde el Congreso, a favor de una investigación sobre violaciones de las garantías individuales en diversos puntos del país. "Hay una especie de efervescencia de conflictividad microcósmica", señala el columnista Jorge Zepeda Patterson, director de la revista Día Siete. "Corremos el riesgo de que México se fraccione en 300 escenarios de este tipo, sin cauces, por falta de interlocutores políticos".

Calderón y sus ministros insisten en presentar la lucha contra la inseguridad en las calles, el aumento de la competitividad y el logro de una democracia efectiva como las metas centrales del Gobierno para los próximos cinco años. Así lo acaba de señalar el presidente en la presentación del Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012 al cumplir medio año en el poder.

A la hora de evaluar los operativos del Ejército y la policía contra el narcotráfico crecen las voces que reprochan la improvisación del Gobierno. Hay consenso en combatir al crimen organizado, pero se echa en falta la preparación de la batalla. "Calderón no tenía siquiera el control de las fuerzas de seguridad, no sabía en qué cuerpos policiales podía confiar", señala Jorge Zepeda.

El analista José Antonio Crespo reconoce que el presidente mexicano, a diferencia de su antecesor (Vicente Fox), ha incorporado a la agenda con EE UU el tema de la cooperación bilateral para combatir el crimen organizado. Sin embargo, precisa que la ayuda de Washington difícilmente se traducirá en una participación directa del Ejército o cuerpos policiales estadounidenses, como sucedió con el Plan Colombia contra el narcotráfico y la guerrilla.

De momento, los resultados no son para tirar cohetes. El despliegue de más de 30.000 militares y policías en una docena de estados no ha impedido la mayor escalada de violencia interna de los últimos años, con 1.200 asesinatos desde enero. ¿Hay alternativa? Cirugía mayor, reclama Zepeda, para atacar la corrupción y el lavado de dinero. "Éste era el trabajo previo que había que hacer antes de sacar las tropas".

Los niveles de pobreza compiten en México con los de desigualdad, de los más altos del planeta. De momento, se atisban pocos cambios en las políticas públicas. Calderón ha incorporado seis nuevos programas sociales a los existentes. Durante la campaña electoral se presentó como el futuro presidente del empleo, lo que le reportó un buen caudal de votos. Cumplir las promesas de creación de puestos de trabajo es extremadamente complicado en una economía con uno de los índices de recaudación de impuestos más bajos de la región, entre el 12% y el 14%.

"La fábrica de pobres está inscrita en el modelo económico, que abre la brecha y genera riqueza para el 1% más rico", replica Jorge Zepeda. El poder de los monopolios, públicos y privados, permanece intacto. Calderón apenas aludió al tema antes y después de las elecciones, a pesar de que organismos tan poco sospechosos como el Banco Mundial han criticado la falta de competitividad en sectores clave como un obstáculo para el crecimiento. Hacienda prevé un crecimiento del 3,3% para este año, por debajo del 3,6% que había fijado inicialmente en los criterios de política económica para 2007. El principal factor de riesgo para México y causa de la revisión a la baja del crecimiento del PIB es la desaceleración de la producción industrial estadounidense y el comportamiento del sector del automóvil.

Desde las filas gubernamentales, se ha hecho oír la voz del ministro de Hacienda, Agustín Carstens, que ha calificado de indispensables la reforma fiscal, el combate a las prácticas monopolistas y la promoción de la pequeña y mediana empresa. Una propuesta de reforma fiscal será enviada los próximos días al Congreso.

La única reforma aprobada hasta la fecha es la de la Ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, que ha sido duramente criticada por los sindicatos disidentes, especialmente de los maestros, que consideran que la nueva ley beneficiará a las poderosas burocracias sindicales. En este punto, hay que hacer una mención especial a la figura de Elba Ester Gordillo, líder del sindicato de maestros, con más de un millón y medio de afiliados. Calderón le debe en buena medida su victoria electoral, gracias a la intensa labor que "la maestra" realizó a través del sindicato, un partido escindido del PRI y de los gobernadores de varios Estados. Gordillo está dispuesta a cobrar la factura de su apoyo a Calderón. Armas no le faltan. Controla el presupuesto de educación básica (equivalente al 3,5% del PIB).

Al regresar de su última gira por Europa, Calderón declaró que México es visto por los inversores como un destino "atractivo y creíble". Algunos empresarios, como Olegario Vázquez Raña, le han dado la razón. La situación económica en México, dijo, "está estupendamente bien". El punto negro, añadió, es la inseguridad, que obliga a contratar vigilancia privada a algunas personalidades.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de junio de 2007