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COLUMNA

Barcelona ama a José Tomás

La vuelta a los ruedos de José Tomás, hoy en la plaza de toros de la Monumental de Barcelona, puede convertirse en una fecha histórica dentro del mundo de la lidia. El torero de Galapagar, acompañado por Finito de Córdoba y Cayetano Rivera, toreará reses de la ganadería Núñez de Cuvillo. El regreso de José Tomás, tras una inesperada retirada hace cinco años, cuando estaba en la cumbre de su carrera y era considerado la máxima figura de los ruedos, ha colgado el cartel de "No hay billetes" en la Monumental. La escritora Nuria Amat, autora del relato Evocación torera, dentro del libro Reflexiones sobre José Tomás (editorial Espasa), expone en este artículo su pasión por el arte del torero.

Si fuera toro, sería José Tomás.

Si fuera plaza, la Monumental de Barcelona me pondría por montera.

Si fuera hombre, sería feminista, ni que fuese para fastidiar a quienes confunden toreo con hombría.

Si fuera ecologista, que lo soy, este domingo, y todos los domingos, me saltaría las políticas antitaurinas para acercarme a verte.

Llevo años preparándome para tu llegada. Te fuiste en silencio, como calla el creador cuando le da la gana. Te fuiste por la puerta secreta de los artistas de casta. Un creador descansa. Toma medidas. Castiga. Premia y rectifica. Como Dios con su obra, como Picasso y su pintura. El arte es baile, tiene de todo, luces y sombras, mandamientos, rebeldía y observancia.

El arte es baile, tiene de todo, luces y sombras, rebeldía y observancia

Y el toreo es, de todas las artes, la más loca y más profana.

Y enemigos. La obra de arte asusta, sobre todo en Cataluña, debo confesártelo. Un país contradictorio, un temperamento de extremos, definido como el país del sentido común y del ingenio o la inspiración aguda, juntas, separadas y mezcladas. Un país de artistas, hay que reconocerlo, porque estas pasiones opuestas de la condición humana se dan, a todas luces, en una ciudad que amas y te ama. Que es capaz de admirar un buen toreo y despreciar faenas adornadas. Que pone en cuestión sacrílega su antigua plaza de toros. Que separa a dos amantes universales, como fueron Dalí y Gala, en tumbas apartadas por kilómetros. Un país dispuesto a odiar y expulsar a sus más inmensos creadores, escritores y científicos. Lo supieron Miró, Picasso, Carmen Amaya, el mismo Dalí. Lo padeció Pla, uno de los más grandes prosistas en esta lengua libre, amorosa y de ironía cáustica. Lo supo Lorca, que veía en Cataluña su alma cervantina y más gitana. Basta con observar el acento híbrido en el rostro de Dalí, en la figura de Amaya, o nuestra piel bastarda, de moreneta y guitarra.

Cataluña, debo revelártelo, se come a sus crías más gloriosas, porque las considera enfermas, estrafalarias y oscuras. Tal vez por su complejo de país pequeño. A su instinto maternal de catalanidad dolida le molesta un exceso de población inclasificable. El sentido práctico del catalán está en conflicto permanente con la belleza revolucionaria que aporta la obra nueva. Algunas genialidades consiguen escapar de sus garras, logran triunfar afuera y es, entonces, cuando el país los acoge y exalta hasta la saturación mediática.

También sucede a la inversa, o sucedía antes, cuando la política no utilizaba el arte y la cultura para provecho propio. Barcelona, por ejemplo, es famosa por su condición de anfitriona de otras culturas, otras voces. Acariciadores de los forasteros, decía Espinel de los catalanes de su época. No solamente es tu ciudad elegida, la anfitriona que espera con los brazos abiertos tu vuelta nunca anunciada. Fue, también, la ciudad de Carlos Gardel, capital europea del tango y escala obligada en sus viajes. Fue inventora de la rumba gitana, internacional y catalana. Y ni que sea porque el arte taurino esté tan hermanado con el arte literario, es famosa hoy la importancia fundamental que ha tenido esta ciudad para el desarrollo de la obra de grandes escritores como García Márquez, Vargas Llosa, Donoso, Genet y tantos otros que se instalaron en la ciudad literaria para escribir sus mejores páginas. Son muchos los catalanes que ven en la diversidad la mejor manera de ser personas. Es sabido que una de las características de este pueblo, que hoy te recibe y aplaude, es precisamente la defensa de la libertad. Nuestra mejor virtud y también nuestro mejor fracaso. Ya lo dijo Lope de Vega: las damas finas son como los catalanes, que perderán mil vidas por ganar sus fueros.

Quiero creer que también por estos motivos has elegido la plaza de Barcelona para tu reaparición tan esperada. Porque siendo grande quieres parecer pequeño.

Porque eres enemigo de prohibiciones, amante del aire, amigo del arte y del capote.

Porque eres hombre y no héroe. Por torero puro.

Porque torear para ti es la mejor forma de bailar ante la muerte.

Porque la plaza es tu casa.

Todo el mundo viene a visitarte. Barcelona se felicita y acicala como una novia elegida para mecer tu pase de pecho, tu hondura de muleta y envolver con palmas la luna de tu cuerpo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de junio de 2007