Editorial:
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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

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Del encuentro de ayer entre el presidente Zapatero y el líder del PP, Mariano Rajoy, parece haber salido la disposición de ambos a olvidarse de reproches mutuos en favor de la necesidad más urgente del momento: hacer frente de manera conjunta a la amenaza de ETA contra los ciudadanos. Estar a favor de la derrota de ETA, como dijo varias veces Rajoy, o de acabar con la violencia de ETA, como dijo la vicepresidenta Fernández de la Vega al dar cuenta del encuentro, no lleva a hacer cosas diferentes en la fase abierta por el fin del alto el fuego: todo lo que la ley permita contra el terrorismo, en palabras de Rajoy; reforzar la acción policial y judicial y la cooperación internacional, en las de Fernández de la Vega.

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No tiene sentido, por ello, que eventuales discrepancias sobre la mejor forma de plasmar en su momento ese final o derrota de ETA interfieran en un acuerdo posible y necesario entre socialistas y populares. Posible porque "en estos momentos no hay ningún escenario que no sea trabajar por derrotar a ETA", según dijo la vicepresidenta, zanjando un posible motivo de polémica. Necesario porque mantener el enfrentamiento sin tregua entre Gobierno y oposición otorga a los terroristas la posibilidad de condicionar la vida política, dando así un sentido a sus barbaridades.

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Hasta ahora, el PP ha usado la expectativa negociadora abierta por Zapatero para hacer política; desaparecida esa expectativa, mantener ese tema como eje principal de diferenciación con el Gobierno sería absurdo, incluso desde un punto de vista egoísta de partido. Y hacerlo cuando ETA amenaza a todos (ahora también a los nacionalistas vascos) se enfrentaría seguramente al juicio negativo de la opinión pública, que no lo entendería y se lo haría pagar a quien se empeñase en seguir esa vía. Sobre todo si ETA inicia una serie de asesinatos como la que siguió al final de la tregua de 1998. Al margen incluso de las voluntades de unos u otros, populares y socialistas se encontrarían, como entonces, en la misma trinchera, y con ellos todos los demócratas.

De momento, la amenaza genérica del comunicado de ETA ha permitido a los dos líderes desactivar su animadversión en este terreno: "Tiempo habrá de pedir responsabilidades", dijo Rajoy, para indicar que no era el momento. Las discrepancias existen, vino a decir la vicepresidenta, pero son irrelevantes para lo que ahora hay que hacer, y de lo que se trata es de evitar que se antepongan al objetivo común. Asuntos como la eventual ilegalización de ANV o la política de alianzas en Navarra y País Vasco pueden ser motivo de polémica, pero sería un error considerarlas cuestiones de principio y condicionar la unidad a un acuerdo sobre ellas. Como lo sería que alguno de los partidos que podrían sumarse al acuerdo se empeñase en hacer figurar en el mismo como cuestión sine qua non el principio de la negociación con ETA.

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