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Reportaje:66ª Feria del Libro de Madrid

Las muchas historias de España

Una nueva colección se enfrenta al pasado superando los grandes mitos esencialistas

Mañana termina la cita anual con los libros en el Retiro madrileño. Durante las dos últimas semanas, el buen tiempo ha acompañado el ya tradicional encuentro entre los autores y su público lector. La Feria no da cifras, desde hace ya años, ni de asistentes, ni de ventas, ni señala cuál ha sido el libro más vendido. Quizá sea una política sensata: lo que importa es la celebración de la lectura, no la competencia. En esta edición, dedicada a África (estuvo el guineano Donato Ndongo), se han presentado obras ambiciosas como una nueva Historia de España y el ensayo sobre pornografía de Barba y Montes. El sector aprovechó para manifestar sus inquietudes ante la próxima aprobación de la Ley del Libro.

"He intentado escribir una visión de la historia que incluyese también a los excluidos de la participación activa en la política del liberalismo, que al fin y al cabo eran los más, y que tratase de escuchar lo que pensaban y soñaban, en lugar de limitarse a hablar de reyes, ministros y espadones", explica Josep Fontana, autor del volumen sexto y codirector, junto a Ramón Villares, de la Historia de España que acaban de empezar a publicar las editoriales Marcial Pons y Crítica.

"He intentado escribir una visión de la historia que incluyese también a los excluidos de la participación activa en la política del liberalismo, que al fin y al cabo eran los más, y que tratase de escuchar lo que pensaban y soñaban, en lugar de limitarse a hablar de reyes, ministros y espadones", explica Josep Fontana, autor del volumen sexto y codirector, junto a Ramón Villares, de la Historia de España que acaban de empezar a publicar las editoriales Marcial Pons y Crítica.

El ambicioso proyecto (la última historia general de España se publicó hace 25 años, dirigida por Tuñón de Lara) tendrá 12 volúmenes, escritos por prestigiosos especialistas. Diez de ellos reconstruyen el pasado desde criterios cronológicos, con un peso decidido sobre las épocas más recientes, y los otros dos lo hacen de manera transversal: en uno, de lo que se trata es de profundizar en la relación de España con Europa; en el otro, se analiza el proceso de construcción de las historias de un país plural, atendiendo a sus debates y a sus mitos.

Ramón Villares, uno de los directores, comenta que han intentado hacer "una historia menos esencialista de lo que se acostumbraba hasta ahora. Pensamos esta obra como un trabajo de reflexión intelectual y no de adoctrinamiento patriótico". Tres son los volúmenes que se han publicado ya: La época del liberalismo, de Josep Fontana, República y guerra civil, de Julián Casanova, y Monarquía e imperio, de Antonio-Miguel Bernal. Los tres autores de estos títulos estuvieron el jueves en la Feria del Libro para debatir sobre las líneas maestras de la historia de España, y contestaron por correo electrónico -junto a Villares- algunas cuestiones para este reportaje.

¿Cómo tratar el pasado, cómo volver sobre él? El camino parece sembrado de minas. Franco odiaba tanto el liberalismo que lo diagnosticó de manera inequívoca: "El siglo XIX que nosotros hubiéramos querido borrar de nuestra historia es la negación del espíritu español, dijo en 1950", cuenta Fontana. Fue tal el horror que le inspiraba al dictador aquel periodo que no reivindicó "ni siquiera la guerra de la Independencia, tal vez porque en ella parecía contar más el pueblo que los generales".

Ramón Villares explica que han tratado de evitar "muchos de los lugares comunes e incluso algunos mitos fundadores del relato histórico español: el carácter indómito, la cerrazón al exterior, la religiosidad, el desprecio de Al Andalus, la conciencia de la diferencia existente entre los distintos reinos. El proceso de nacionalización de la España contemporánea, o el papel de la Iglesia, se plantean no en términos de defensa ideológica, sino de problemas que explican la configuración de la España actual".

Espíritu español, pueblo, generales, carácter indómito. En cuanto se vuelve la vista atrás va pesando la carga de los propios puntos de vista. "En la construcción de eso que llamamos España hay muchas historias que dependen del prisma que se utilice para contarlas", dice Julián Casanova. "La historia no es sólo contenido, sino también forma, cómo se cuenta, y esta colección tiene el empeño de esforzarse por introducir la elegancia narrativa".

Antonio-Miguel Bernal explica que se ha centrado en la historia del largo siglo XVI (1476 a 1598). "El siglo por excelencia de la historia española en la historia universal", dice. Así que cuenta lo que pasó entonces en los reinos de este país, "en un momento excepcional en que se forma el Estado moderno en Europa, surgen los nacionalismos estatalistas, se forman las culturas y lenguas nacionales oficiales, se crean los primeros imperios, se fijan los territorios de los Estados y sus fronteras...". Bernal, que defiende de su enfoque la voluntad de relacionar lo que pasaba con los reinos y pueblos de aquí con lo que pasaba en los de Europa, reconoce haber cierto énfasis en las singularidades de España.

Frente al viejo discurso de la España esencialista, la vocación de este proyecto es ofrecer "una situación normalizada, sin urgencias de orden político o moral", cuenta Villares. Salir de los discursos solemnes y contar lo que pasó. Una forma de acercarse a lo que se ha hecho ya, y se pretende hacer, es dar la voz a los autores de los títulos publicados.

"Para entender la historia española desde el siglo XVI hasta el presente, hay tres factores decisivos", cuenta Bernal. "La fortaleza de una fe excluyente -ser hereje era ser traidor político-, una uniformización estatalista sin haber logrado una unidad -de ahí las carencias históricas hispanas en el tema de la lealtad constitucional- y el papel esencial de las colonias: la América colonial fue lo más español de España".

"Cuando se consolidó lo que parecía ser una monarquía parlamentaria constitucional", explica Fontana, "los liberales se cuidaron bien de fijar las reglas que les aseguraban que la mayor parte de la población quedaba al margen de la vida política. Con todos sus límites, el liberalismo significó, sin embargo, un avance respecto de la España anterior a 1808. Si hay que maldecir algo, debería ser la debilidad de ese liberalismo, su miedo exagerado al cambio social y su incapacidad de movilizar a las masas, de hacer nación". "La República es tan peculiar porque viene en un momento en que todos los demás países de Europa avanzaban hacia autoritarismos de derecha para frenar las conquistas sociales y parlamentarias de la izquierda", comenta Casanova. "Por eso cuando un golpe de Estado deja paso a una guerra civil, muchos ciudadanos ven eso como una batalla universal entre el Estado y la Iglesia, el oscurantismo y la modernización, la revolución y la contrarrevolución, el fascismo y la democracia"."Es una obra de reflexión intelectual y no de adoctrinamiento patriótico" (Villares)

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de junio de 2007