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APUNTES

Un estudio avisa del olvido oficial de 25.000 estudiantes mayores de 50 años

Su crecimiento genera "necesidades didácticas, de gestión e infraestructuras" no cubiertas

Transcurrida más de una década de la instauración de los programas universitarios para mayores, la Universidad de Alicante ha dirigido el primer estudio que analiza y evalúa este fenómeno socioeducativo. Análisis y evaluación de las enseñanzas universitarias para personas mayores en España y Europa explica de manera exhaustiva los programas de enseñanzas especializadas para mayores que existen en las universidades españolas.

El proyecto, en el que han colaborado 19 universidades españolas, ha contado con una financiación de 56.000 euros, de los cuales 40.000 los ha aportado el Imserso, institución que publicará próximamente este estudio inédito para el que se han aportado más de 800 folios. El dinero restante lo han aportado las universidades copartícipes, aunque el estudio compila información de 31 universidades españolas, de 13 comunidades autónomas, además de otros 5 centros extranjeros.

La Universidad de Alicante contabiliza 53 programas para mayores en España

En la actualidad, la mayoría de las universidades españolas, públicas y privadas, cuentan con programas de formación universitaria para personas mayores: 53 universidades españolas atienden a más de 25.000 alumnos mayores de 50 años (de ellos, 2.989 son en 2007 alumnos de las universidades valencianas). Sin embargo, y ésta es una de las conclusiones trascendentales del estudio, a pesar de existir múltiples recomendaciones y mandatos de organismos e instituciones internacionales, todavía no existe una normativa y reconocimiento especial de este tipo de enseñanzas, por lo que cada universidad determina su importancia.

Los autores de este primer informe concluyen que "las Administraciones educativas, entre las que se encuentran el Ministerio de Educación y Ciencia, las comunidades autónomas y las propias universidades, han de promover cauces con las debidas garantías para que la formación de las personas mayores pueda ser una realidad avalada jurídicamente". Por ello, y a través de la AEPUM, la abreviatura de la Asociación Estatal de Programas Universitarios para Mayores, propusieron, en su momento, modificaciones y enmiendas a la Ley Orgánica de Universidades para que se produjera un reconocimiento legal específico para este tipo de programas universitarios, que sin embargo la reformada ley sigue sin tener en cuenta.

"Actualmente las universidades españolas tienen en sus aulas recibiendo formación universitaria 25.000 alumnos mayores de 50 años que no constan como tales ni para el Ministerio, ni para los gobiernos autonómicos. Y todos estos alumnos están generando unas necesidades específicas: didácticas, de gestión, de infraestructuras, de organización de servicios académicos... que no se están teniendo en cuenta", afirma Concha Bru, directora de la Escuela Universidad Permanente de la Universidad de Alicante, que ha coordinado este estudio.

Para financiar estos proyectos, existe un presupuesto mixto a expensas de la financiación vía tasas del alumnado (que cubren simbólicamente entre un 10% y un 25%) y la aportación de los gobiernos autónomos y fundaciones privadas. Las universidades facilitan los espacios y los servicios generales que son comunes para el resto del alumnado.

Por otra parte, la carencia de un marco normativo para estas enseñanzas en España y otros países de la UE provoca la exclusión de estos alumnos en buena parte de las acciones de investigación, movilidad y cooperación académica entre programas universitarios.

Por si fuera poco, el inexorable envejecimiento cuantitativo de la población, yuxtapuesto al creciente interés por la formación, hace pensar que cada vez habrá un mayor número de personas mayores que querrán ir a la universidad: "De los análisis que hemos realizado se desprende que en el año 2030, la población española mayor de 65 años puede suponer hasta un 30%, y la política educativa es sin lugar a dudas una solución paliativa de los síntomas de envejecimiento en el país que más envejece de toda Europa", advierte Bru siguiendo las proyecciones.

Este estudio aboga por programas específicos para este grupo de edad, que podrían tener dos o tres ciclos. El primero, con validez académica, permitiría el acceso a la universidad para aquellos alumnos interesados en cursar una carrera universitaria que les capacite profesionalmente (que son los menos), y un segundo e incluso un tercer ciclo, para aquellos que no quieran continuar con programas universitarios reglados y deseen especializarse en campos de conocimiento concretos.

Una cantera de Humanidades

El estudio Análisis y evaluación de las enseñanzas universitarias para personas mayores en España y Europa determina que el alumnado que acude a estas aulas es muy diverso, aunque es relativamente joven, ya que las cohortes de edad con mayor número de estudiantes se concentran entre los 55 y 64 años (55%). Otro dato que no es menor es la supremacía femenina: las mujeres representan el 64,5% de todos los estudiantes senior españoles. Además, este colectivo suele tener unos niveles de estudio superiores a la población mayor en general.

Los contenidos relacionados con las Humanidades y las Ciencias Sociales destacan con claridad sobre el resto (54,78%). En segunda posición se encuentran las Ciencias de la Salud (11,84) y a la cola los idiomas (2,24%), aunque esto difiere por comunidades autónomas.

El requisito de acceso más generalizado es el de la edad; superar los 55 años es condición necesaria para el 58% de los programas. En otros (32%), es reducido a los 50. Varios programas establecen otros requisitos de acceso, como estar jubilado o no desempeñar ningún trabajo remunerado.

Casi desde los comienzos surgió la necesidad de coordinar las distintas experiencias de modo espontáneo a través de encuentros y otras experiencias. Con respecto al marco institucional, en varias universidades son considerados como títulos propios, eso sí sin capacitación profesional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de junio de 2007

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