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Reportaje:

El héroe comunista que elogia Sarkozy

El nuevo presidente francés eleva a símbolo nacional a un icono de la izquierda, Guy Moquet, asesinado por los nazis en 1941

Nicolas Sarkozy, el nuevo presidente francés, gusta de los símbolos del pasado. Y especialmente si escapan del espectro de referencias que se le supone a un político conservador. Sus mejores discursos están llenos de Historia, de gestas patrióticas. Arrancó la campaña electoral robándole a la izquierda a dos de sus principales héroes: Jean Jaurès, el gran patriarca del socialismo, y Leon Blum, el hombre del Frente Popular. Y ha comenzado su mandato revistiéndose del espíritu de la Resistencia al invasor nazi y reclamando el espíritu de Guy Moquet.

Su visita al monumento de la Cascada del Bosque de Boulogne, donde fueron asesinados 35 resistentes en 1944, tan sólo una semana antes de la liberación de París, fue todo un golpe de efecto. Y más aún su homenaje al mítico Guy Moquet, el joven de 17 años ejecutado a principios de la guerra en represalia por el atentado contra un oficial alemán, y su anuncio de que, a partir de ahora, al comienzo de curso, cada año, se leerá en las aulas la emocionante carta que escribió a sus padres antes de morir, que comienza: "Mi pequeña mamá querida, mi pequeño hermano adorado, mi pequeño papá querido, voy a morir".

El mandatario llega al Elíseo revistiéndose del espíritu de la resistencia a los nazis

A diferencia de los mártires del Bosque de Boulogne, Guy Moquet fue ejecutado al principio de la ocupación, el 22 de octubre de 1941. Tenía 17 años, pero no era un desconocido, un héroe anónimo. Había sido detenido un año antes, el 13 de octubre de 1940, por policías franceses del Gobierno colaboracionista de Vichy. Militante de las juventudes comunistas, era un internacionalista y un antifascista. Alumno del Liceo Carnot, repartía octavillas cuando le cogieron en la estación de metro de la Gare de l'Est. Era hijo de Prosper Moquet, un diputado comunista del distrito 17 de la capital, que había sido detenido poco después de la ocupación, encarcelado y deportado a Argelia.

En comisaría, Guy fue interrogado y torturado por la policía pétainista. Fue encarcelado en la prisión de Fresnes y poco después trasladado al campo de detención de Châteaubriand. Para las autoridades nazis eran rehenes. Cuando el 20 de octubre de 1941 el feldkomandant Karl Hotz fue abatido en Nantes por tres resistentes comunistas, los responsables de las fuerzas ocupantes pidieron al Gobierno de Vichy que tomara represalias y entregaron a Pierre Pucheu, ministro del Interior del Gobierno del mariscal Pétain, una lista de resistentes encarcelados para que escogiera aquellos que serían ejecutados. Pucheu seleccionó a 27, casi todos comunistas, para "evitar tener que fusilar a 50 buenos franceses". Dos días más tarde, a la salida de Chateaubriand, los 27 fueron fusilados y murieron dando vivas a Francia.

Moquet deja la carta en la que pide a sus padres que sean valientes, reconoce que "hubiera querido vivir", pero desea "de todo corazón" que su muerte "sirva para algo"; y le dice a su padre que ha "hecho todo lo posible para seguir el camino" que le ha trazado. Y entra en la leyenda. Por toda Francia hay retratos y esculturas de este joven bien parecido de mirada melancólica. No ha necesitado a Sarkozy. Moquet había sido un referente de la izquierda, un comunista, porque la Resistencia al ocupante nazi tuvo muchas caras y hubo incluso zancadillas entre los distintos grupos.

Por contra, el episodio de los 35 mártires de la Cascada del Bosque de Boulogne, a quienes el nuevo presidente francés rindió homenaje el día de su toma de posesión, representa la Francia cohesionada del final de la guerra. Sucede el 16 de agosto de 1944, una semana antes de la liberación de París. Las tropas aliadas avanzaban hacia la capital francesa y sus habitantes se preparaban para la insurrección contra el ocupante nazi. Un grupo de 35 resistentes de todas las confesiones -cristianos, comunistas, gaullistas- busca hacerse con el armamento. Un agente francés de la Gestapo infiltra el grupo y les promete armas. Es una trampa. Cuando se dan cuenta ya están dentro de los camiones y conforme bajan son ametrallados y rematados con granadas de mano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de mayo de 2007