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Blair da el relevo a Sarkozy como aliado de EE UU

El presidente electo de Francia se perfila como el nuevo puente entre Europa y Washington

Cinco días antes de tomar posesión como presidente de Francia, Nicolas Sarkozy recibió ayer al primer ministro británico, Tony Blair, que dejará el cargo en mes y medio. El encuentro de ambos líderes, cuya sintonía ha quedado de manifiesto en el pasado, escenifica el vuelco radical que se avecina en las relaciones franco-británicas, muy deterioradas durante la presidencia de Jacques Chirac. El renacimiento del eje Londres-París y el perfil aperturista y proatlantista de Sarkozy, en los antípodas del antiamericanismo tradicional de los gobernantes franceses, convierten al nuevo presidente en el heredero del proyecto de Blair, truncado por la guerra de Irak: hacer de puente entre Europa y Estados Unidos.

El nuevo acercamiento franco-británico va a consolidarse con Gordon Brown

Antes de reunirse con Sarkozy, Blair se despidió de Chirac, que deja el cargo el próximo 16 de mayo. Se cerraba así un capítulo marcado por un pésimo entendimiento personal, que ha complicado aún más unas relaciones bilaterales lastradas por problemas insalvables, entre ellas los intereses contrapuestos que tienen ambos países en materia de ayudas agrícolas europeas o la incapacidad de un débil Chirac para seguir la senda de las reformas económicas propugnadas por el Nuevo Laborismo de Blair y Gordon Brown.

Tras salir del Elíseo, el primer ministro británico se entrevistó y cenó con Sarkozy. Los dos hombres ya se habían encontrado a solas el pasado 31 de diciembre, en Londres. Entonces Blair, a modo de gran elogio, dijo de Sarkozy: "¡Dios mío, este hombre no es francés!". Y durante la campaña electoral, Sarkozy alabó el aperturismo de Blair y puso como ejemplo, frente al inmovilismo francés, el modelo británico, capaz de vencer el desempleo y preservar al mismo tiempo el Estado del bienestar.

Empezaba así a superarse una brecha política que no se corresponde con la realidad social. Aunque históricamente enemistados, ambos países están vinculados por una especie de atracción-repulsión. En los últimos años, la City de Londres ha vivido una invasión de jóvenes ejecutivos franceses en busca de oportunidades que el conservador sistema económico francés parece negarles. Y los ingleses siguen admirando con cierta envida la alta cocina, los vinos y la moda de Francia.

En París, Sarkozy y Blair, abogados los dos, cincuentones y pragmáticos ambos, abordaron la paralización de la construcción europea, debida al no francés y holandés al Tratado Constitucional -Sarkozy propone como recambio un minitratado- y la próxima reunión del G-8, en la que el recalentamiento del planeta estará en el centro del debate.

Pero más allá de la agenda inmediata, la complicidad entre ambos dirigentes marca el surgimiento del eje París-Londres, que sin duda va a tener consecuencias en las relaciones transatlánticas. Sarkozy está dispuesto a tomar el relevo de Blair en su esfuerzo por servir de puente de unión entre Estados Unidos y Europa. Ya en su primer discurso como presidente electo, Sarkozy declaró que "Francia siempre estará al lado de Estados Unidos cuando la necesite".

Esta nueva etapa de acercamiento va a consolidarse con la segura elección de Gordon Brown como primer ministro del Reino Unido. Tanto el nuevo presidente francés como el futuro dirigente laborista están a favor del aperturismo económico y de estrechar lazos con Washington. Brown es aún más proamericano que Blair. Y aunque su visión del mundo y de la economía están algo más a la izquierda, por su especial hincapié en la lucha por las igualdades sociales, Brown fraguará encantado una firme alianza con París, de la que no tiene por qué quedar excluida la Alemania de Angela Merkel. De hecho, si Tony Blair es el primer jefe de Gobierno que encuentra a Nicolas Sarkozy tras la elección, la canciller alemana será la primera que le recibirá tras el traspaso oficial de poderes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de mayo de 2007