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Crítica:

Donde hay pelo, hay alegría

Steven Shainberg se dio a conocer con una de las más poderosas, imprevisibles y atrevidas películas de amor de los últimos años: Secretary (2002), un relato de sumisión, con almas fracturadas en el interior, que convertía el rostro de la actriz Maggie Gyllenhaal en un instrumento de alta precisión. Shainberg parecía, pues, la persona apropiada para llevar a la gran pantalla la extraña vida de Diane Arbus, la retratista neoyorquina capaz de revelar al aristócrata dentro del freak y al freak dentro del sujeto común. Utilizando como lejana referencia la biografía escrita por Patricia Bosworth, el cineasta ha preferido acercarse al personaje por los desvíos del biopic onírico y el resultado, amén de banalizar la figura de Arbus, acaba conquistando la inesperada cima de la comedia involuntaria.

RETRATO DE UNA OBSESIÓN

Dirección: Steven Shainberg. Intérpretes: Nicole Kidman, Robert Downey Jr., Ty Burrell, Jane Alexander. Género: Biopic onírico. Estados Unidos, 2006. Duración: 122 minutos.

Nicole Kidman encarna a la Arbus como si fuera una pariente lejana, ensimismada y bohemia de los Addams: nunca queda claro si sus ojos, perpetuamente vigilantes, tienen que ver con la idea que la actriz tiene de la mirada de un fotógrafo o con su pasmo ante el pedestre simbolismo manejado por Shainberg. Como un Lynch de serie Z, la cámara del cineasta recorre cañerías, encuentra bolas de pelo cargadas de significado y desvela un arsenal de referencias que va de Alicia en el país de las maravillas a La bella y la bestia vista por Cocteau. El espectador se lo puede pasar en grande, siempre y cuando no se la tome demasiado en serio, que sería lo realmente raro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de mayo de 2007