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Reportaje:

El poeta secreto de Colombia

Giovanni Quessep reúne en 'Metamorfosis del jardín' su poesía completa

Hace unos años, a Giovanni Quessep no le hubieran dejado ni poner un pie en el hotel en el que ahora se aloja, un establecimiento de lujo en Bocagrande, el Benidorm de Cartagena de Indias. "Las cosas han cambiado en Colombia", afirma el poeta, que ha vuelto desde el interior a su Caribe natal para presentar Metamorfosis del jardín, el rotundo volumen de casi quinientas páginas en el que ha reunido sus 11 libros de poemas y que Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores acaba de lanzar simultáneamente en España y América Latina. No lo dice porque ahora pueda permitirse una habitación aquí. Lo dice porque durante su infancia tuvo que escuchar una y otra vez la misma frase en boca de todos los porteros: "Los turcos no pueden entrar". Giovanni Quessep, que nació en San Onofre, no lejos de Cartagena, en 1939, no es turco. Su familia paterna -que se remonta a los Quesed de la estirpe de Abraham citados en el Génesis- llegó a Colombia a finales del siglo XIX con pasaporte del Imperio Otomano. Venían del Líbano, pero se quedaron con lo de turcos: "Para un niño era una tragedia que le dijeran que no podía jugar en un sitio por tener la piel de un color determinado", recuerda ahora, moreno y flaco, aquel muchacho al que su padre puso un nombre italiano para no "marcarlo" con uno árabe. "Soy un cruce de culturas", añade refiriéndose a su madre, bogotana de origen vasco, y a su pasión por Las mil y una noches, Dante y Rubén Darío. De esa amalgama surge el sentido de extranjería que atraviesa una obra que es el gran secreto de la poesía colombiana contemporánea. De hecho, en España no se había publicado hasta ahora ni un solo libro suyo.

Con todo, es difícil encontrar pistas de un pasado duro en los poemas de Giovanni Quessep, que se reconoce desencantado de la política de su país. Aunque, al instante, matiza: "Claro que quiero a mi país, pero jamás sería capaz de hacer un poema político. La poesía política es tan peligrosa como la amorosa. Una tiende a la cursilería, la otra, al panfleto. El propio Pablo Neruda, con ser grande, cae a veces en cosas espantosas. Llega hasta al insulto. A mí me interesa transfigurar la realidad. Dante, por ejemplo, es un poeta político, lo que sucede es que en su obra la política está cubierta por la eternidad y eso le da una carga emocional que no cabe en un panfleto".

Más cercano a la poesía pura que a ningún tipo de realismo, Quessep asistió en Bogotá a los cursos del maestro español de la pureza poética Jorge Guillén: "Era un poeta intelectual, yo no. Nunca me he sentado a escribir un poema. Los escribo de memoria por largos que sean. Normalmente, me surge un verso y el verso se queda allí". Los poemas de Quessep se mueven casi siempre entre un puñado de temas: el amor, el exilio, el mar, el jardín, el desierto. Autor en ocasiones de un léxico de aires orientales, muchas veces ha sido acusado de exótico. Él le quita importancia: "Hablo del patio de mi casa. La gente cree que hablar de los pájaros y de la ciudad de Biblos me viene de Rubén Darío, pero me viene de mi padre. Como decía Eliot, mi tradición tiene tres mil años. No me invento nada. Tampoco García Márquez se inventa nada. Es el Caribe. Aquí uno puede ver a un hombre que camina seguido por una cola de cientos de mariposas amarillas".

En su prólogo a Metamorfosis del jardín, Nicanor Vélez, director de la colección de poesía del Círculo de Lectores, sostiene que, al contrario que Perú o Chile, Colombia no ha dado nombres de referencia a la poesía en lengua española. Giovanni Quessep asiente. Y, recordando que el Congreso de la Lengua ha llenado Cartagena de escritores y filólogos, añade: "Ésta fue siempre tierra de grandes gramáticos. Siempre hubo demasiado apego a la norma. El peso de la gramática cortó el vuelo a la imaginación y petrificó la poesía. Y, claro, la buena poesía se escribe siempre a medio camino entre la tradición y lo desconocido"."El peso de la gramática cortó el vuelo a la imaginación y petrificó la poesía"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de marzo de 2007