Reportaje:ESCAPADAS | Aizarna | Fin de semana

El vigilante del valle

Aizarna, quién puede creerlo ahora, era un cruce de caminos fundamental entre la calzada que recorría la costa cantábrica y la que unía los puertos de Getaria y Zumaia con el corazón de Guipúzcoa y, más allá, con Navarra. Por aquí pasaban pastores trashumantes y personajes ilustres, como San Ignacio de Loyola cuando regresaba a su tierra procedente de París. Aizarna, que cuenta además con el honor de haber sido el pueblo que pidió al rey la fundación de Zestoa, mantiene su prestigio en esa peculiar configuración urbana de sus casas principales, pero lo cierto es que hoy en día se encuentra apartada de todo tránsito, perdida en un valle idílico vigilado por la ermita de Santa Engrazi.

Sus casas se levantan en dos hileras enfrentadas, separadas por una gran plaza

La historia de Aizarna está ligada estrechamente a la de su hija Zestoa. Pío Baroja, que ejerció como médico entre 1894 y 1895 en esta localidad, la vinculó con un pueblo antiguo, conocido por los romanos y que "el Anónimo de Rávena llama Cistonia y que está cerca del río Deva: 'Cistonia a Deva fluvio versus...". Pero la primera referencia clara vincula la fundación de Zestoa con la solicitud hecha en 1383 por los vecinos de Aizarna al rey Juan I de Castilla para que les permitiera levantar una villa donde vivir y defenderse, de paso, de los ataques de los distintos bandos que asolaban el país.

Quizás ese peculiar carácter de los de Aizarna, tan preocupados por el futuro de la comunidad, les llevó a levantar sus casas en dos hileras enfrentadas, separadas por una gran plaza, con la iglesia en un extremo y una ermita en el otro, que evoca cierta voluntad defensiva. Probablemente, esta configuración urbana no date de aquel siglo XIV en el que se fundó Zestoa, pero sí opera como una metáfora del deseo secular que ha tenido Aizarna para mantener su propia personalidad.

Merece la pena la visita a su iglesia parroquial, con un pórtico soberbio que refleja la solera del poblado, una bonita crucería en sus bóvedas, la capilla de los duques de Granada (enmarcada por un arco gótico), que alberga un tríptico flamenco, o esa interesante silla labrada en piedra donde se cuenta que se sentaba el señor de Altzolaras. Pero la iglesia tiene también una vista atractiva desde fuera del pueblo, desde el camino que lleva al lavadero. Ahí se puede apreciar toda la estructura del templo, con la presumible casa cural adosada a sus muros, que remata el aire medieval de toda Aizarna.

El citado lavadero es otro de los puntos de interés del pueblo. Construido no hace mucho tiempo, hoy permanece entero, pero en desuso, con un abandono con sabores románticos. Sus medidas, equipamiento y construcción remiten quizás a aquellos tiempos en los que en la zona se explotaban minas de carbón que abastecían de combustible a las cementeras de la zona. Hoy, el musgo y el verdín han sustituido a las lavanderas, pero aún se mantiene en pie el tejadillo diseñado a imitación del que cubría el atrio de las casas romanas.

Las distintas salidas del pueblo conducen a las ermitas de San Pelayo, San Juan o Santa Engrazi. Antes de partir hacia esta última, llama la atención la reconversión de la fachada de la ermita de la Santa Cruz en frontón, con lo que la plaza del pueblo ya ofrecía todos los servicios necesarios a sus vecinos.

La carretera hasta esta ermita pasa junto a caseríos que rondan el medio milenio, como Aizpuru o Egaña Goikoa. Un poco más adelante, a mano izquierda, desde la venta de Santa Engrazi, se emprende el ascenso a la ermita, y sólo en los últimos 500 metros hay que abandonar el automóvil para llegar andando a un edificio imponente. La ermita, con estructura más de fuerte que de iglesia, domina todos estos valles cerrados y ofrece unas vistas envidiables de los contornos, acompañadas por el sonido de la campana, que canta las horas desde un reloj escondido en su interior.

Visita al balneario

Cómo llegar: El barrio de Aizarna se encuentra en un valle cerrado sobre la villa de Zestoa, a la que le une la GI-3730. Hasta la localidad, famosa especialmente por su balneario, se accede por la GI-631, que se puede tomar en la salida de Zumaia de la A-8.

Alojamiento: En Zestoa, además del servicio que presta el balneario (tel. 943 147140), se puede acudir al hotel Arocena (943 147040). También cuenta con alojamientos de turismo rural: Zelaikoa (943 147492) y Tolare-Berri (943 147747), en el barrio de Arroa, y Agiña (943 147909) en Aizarna.

Comer: Junto a dichos establecimientos hoteleros, Zestoa y sus barrios cuentan con buena oferta de restaurantes, como Bedua (943 860551), Ekain (943 147040), Iraeta (943 147639), Katzaola (943 147684), Landa (943 147197), Portu (943 147945), Geltoki (943 147758) o Txindurri (943 148016).

Actividades: El de Zestoa es el único balneario que se mantiene en Guipúzcoa de los 11 que llegaron a funcionar a fines del XIX. También es el más antiguo y suntuoso, como bien muestran sus instalaciones, que mantienen el esplendor de su mejor época. La primera casa de baños se abrió en 1776, impulsada por el espíritu ilustrado de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, creada por los caballeritos de Azkoitia, con Xavier María de Munibe, conde de Peñaflorida a la cabeza. Durante el XIX, esa modesta casa de baños se convierte en un complejo hotelero y balneario, que llegará a contar con cinco hoteles de distintas categorías. El último de ellos, el Gran Hotel, se construyó en 1895. Éste es el que se mantiene abierto hoy en día, y conserva buena parte del lujo original.

El balneario se abastece de dos fuentes, la de la Natividad de Nuestra Señora, cuya agua es beneficiosa para las enfermedades del riñón, y la de San Ignacio, para las del hígado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 23 de marzo de 2007.

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