Entrevista:Francisco Ayala | Escritor

"Soy el mismo que se ríe de sí mismo"

Francisco Ayala cumple hoy 101, y es el mismo de siempre. Lo dice él, y se le ve. El mismo de siempre, "el que se ríe de sí mismo". El miércoles le fuimos a ver a su casa, en Madrid, y allí el novelista granadino estaba con su mujer, Carolyn Richmond, que durante este año de celebraciones y agasajos ha sido, y es, "el baluarte en el que me apoyo"; sobre su mesa baja, el primer volumen que ha aparecido de las obras completas que publica Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg. Han empezado por el volumen tres, de estudios literarios, que ha compilado la propia Richmond, porque estos materiales ensayísticos del autor más que centenario han sido más fáciles de recopilar que las otras obras de Ayala, que es sociólogo, periodista, editor, ensayista..., pero sobre todo novelista. Sobre el cumpleaños giró esta conversación, en la que también intervino su mujer, y que nosotros reproducimos tal como se produjo. El vigor con el que habla es reflejo del vigor con el que afronta el inicio de su segundo centenario.

"Voy a celebrar mi cumpleaños en la soledad total, que es la soledad con mi soledad [dice señalando a su esposa]"
"El futuro para mí ahora es un muro, una pared. No quiero recordar. Ya escribí 'Recuerdos y olvidos"
"La literatura es lo esencial. Todo lo que no sea literatura no existe. Porque, ¿dónde está la realidad?"
"En la última fase de mi obra he roto las fronteras entre la imaginación y la experiencia. No hay fronteras"
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Ayala, 103 años y con perfil en Facebook
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-Le gana usted a García Márquez por 21...

-¡Le gano en el tiempo!

-Ahora, usted tiene ahora mejor aspecto que cuando cumplió 100...

-Es que entonces estaba muy cansado, y ahora me encuentro mejor. He estado pésimo; no sé ni cómo me he podido reponer. Más o menos me defiendo...

C. Richmond. Es que tuviste una pulmonía el año pasado... Cuando se abrió la exposición del centenario en la Biblioteca Nacional estabas mal también...

-Pues ahora está usted estupendamente.

-¡Pero no puedo arriesgarme a mucho! No puedo ir a ningún sitio sin Carolyn...

-Y ahora ve usted salir este tomo de las obras completas... ¿Cómo se ha sentido usted con los homenajes y agasajos de este año?

-Yo pienso que todo esto no se corresponde con mi personalidad. Yo no soy vanidoso. Y esto es un regalo para los vanidosos, que se vuelven locos con los agasajos. Yo lo veo como desde fuera. Lo veo fríamente. Lo he pasado bien y lo estoy pasando bien. Pero soy el mismo. El mismo que se ríe hasta de sí mismo.

-¿Qué es lo que ha quedado más en su memoria de todo lo que ha pasado: la cena con los Reyes, la exposición, las publicaciones...?

-Procuro que no me queden muchas cosas en la memoria porque vivo para el futuro. Y el futuro para mí ahora es un muro, una pared. Yo no quiero recordar. Ya escribí ese libro, Recuerdos y olvidos. Con más recuerdos que olvidos, a decir verdad.

-Los recuerdos a veces son como un martirio.

-El pasado no lo tengo ya, se muere. Recuerdo una cosa y al día siguiente la recuerdo de otro modo y es otra cosa. Cada recuerdo es una experiencia pasada que no tiene vigencia, no tiene inmovilidad. No es que sea una estatua, es una película.

-A veces está bien que la vida vaya conduciéndolo a uno a los disparates. Porque eso es la literatura.

-Yo digo que la literatura es lo esencial, lo básico. Todo lo que no sea literatura no existe. Porque, ¿dónde está la realidad? Un árbol lo es porque uno lo está nombrando. Y al nombrarlo está suscitando la imagen inventada que teníamos. Pero si no lo nombras el árbol no existe.

-¿Cómo es el presente? ¿Cómo lo ve?

-Sé que los viejos son muy pesimistas, y hay razón para justificar ese pesimismo.

-¿Esta época le recuerda a otras?

-No. Creo que no.

-Ahora salen sus ensayos. Los Estudios literarios.

-Sí, están repitiendo ediciones, y yo me alegro mucho porque así los libros de uno llegan al alcance de la gente que de otro modo no tendría ni idea de quién soy, y a uno le gusta que la gente sepa que uno existe, o ha existido, como es mi caso.

-Una vez le preguntaron a García Márquez, su tocayo de mes, que si hubiera escrito un solo libro de qué hubiera tratado...

-¿Y qué dijo?

-La soledad.

-¿Quién es La Soledad? ¿Una novia que tuvo por ahí? Ja, ja.

-¿Y de todos los asuntos que usted mismo ha tratado, cuál sería el preponderante?

-Me he planteado siempre cada empresa, grande o pequeña, con un nuevo afán. No puedo decir cuál prefiero. Una línea puede ser igual de valiosa que mil páginas.

-Este volumen de sus obras lo muestra como lector. Entre los inventores de literatura, ¿a cuál recomendaría hoy a un joven?

-Acuérdese de que he sido profesor, y no me gusta recomendar lecturas. Detesto decirle a los demás qué tienen que hacer y qué tiene que gustarles.

C. Richmond. Yo creo que la respuesta está en el libro: hay mucho de Cervantes, mucho de Galdós... Yo he aprendido mucho de él leyendo estos testimonios, porque nunca he sido alumna suya... Él te hace preguntas, pero nunca te dice que te has equivocado...

-Su literatura es una conversación con la realidad.

-En el vacío no puede operar el pensamiento. Tiene que operar sobre unas bases materiales, que es lo que se llama la realidad. Pero esa realidad se transforma, y es algo que tiene sentido cuando es mirado por un creador...

-Y esa realidad ha viajado con usted, en la memoria, en los años de exilio...

-La realidad básica es la de la infancia y la adolescencia, y el resto va acumulando cosas, pero son esos tiempos los que de modo tácito siguen en nosotros. Y uno puede sacar o no sacar de ese baúl.

-Debe abrumar encontrarse uno con las obras completas...

-¿Quiere usted que yo sienta remordimientos por haber escrito tanto? A veces me pongo a leer y digo: "Esto no está mal", ¡y me doy cuenta de que lo escribí yo!

C. Richmond. Yo creo que, en efecto, la obra de Ayala es un continuo diálogo... Y es interesante constatar que el primer texto de ficción que escribe después de dejar España para el exilio es el Diálogo con la muerte.

-Usted a veces parece muy escéptico, pero su obra está dominada a partes iguales por la melancolía y por la rabia, como si fuera la corriente de un río en medio de su geografía literaria...

-¡Ha salido usted crítico literario!

-Después de tanto agasajo, querrá ahora descansar.

-Sí, he llegado a estar cansado. La vida te trae y te lleva, pero, en definitiva, no cambia nada dentro de mí.

-Mucha gente le habrá pedido la receta para mantenerse tan bien.

-Influyen la biología, la suerte y la fortaleza de ser sincero consigo mismo... La mala conciencia inquieta y no deja vivir. Si uno no ha obrado bien puede que viva atormentado. Y yo no tengo nada de lo que arrepentirme.

-¿Cómo va a celebrar el cumpleaños?

-Lo voy a celebrar en la soledad total, que es la soledad con mi soledad

[dice, señalando a su mujer, y riendo].

C. Richmond. Vamos a estar solos, y luego iremos a Granada, para la inauguración de la Fundación Francisco Ayala, el lunes.

-Ya deseaba tranquilidad.

-Mucho, porque a mí la equitación no me va.

-Todo el mundo se alegra de que usted esté tan bien y siga diciendo cosas tan sensatas.

-Sensatez es lo que más falta estos días, porque todo el mundo está loco.

-¿Una locura irremediable?

-Eso no lo sé. No soy un psiquiatra.

-¿Estamos para el psiquiatra?

-Hombre, ¡con todo lo que está pasando!

-¿Qué es lo que más le alarma?

-Todo y nada. Por un lado, nada me puede afectar porque yo ya no existo prácticamente, pero por otro lado...

-Periodista, sociólogo, editor, novelista, ensayista, crítico, crítico de cine... De todas esas cosas, ¿qué es usted más?

-Un novelista, en el sentido de creador... En la última fase de mi obra he roto las fronteras entre la imaginación y la experiencia. No hay fronteras.

-Nos gustaría decirle el próximo año felices 102.

-A mí también me gustaría que me lo dijeran.

Francisco Ayala, retratado el miércoles en su casa de Madrid.
Francisco Ayala, retratado el miércoles en su casa de Madrid.RICARDO GUTIÉRREZ

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