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Entrevista:JULIO BOCCA | Bailarín

"A la gente del ballet le gusta el drama"

Durante unos años se decía que Julio Bocca, que ahora va a cumplir 40 años, era el mejor bailarín del mundo. Siendo una estrella, siempre ha seguido siendo el muchacho bonaerense, amable, disponible siempre, gentil con las otras figuras de la danza, virtuoso en escena, a veces con un divismo que nunca llegaba a la exageración. Hace tres meses se despidió en el Metropolitan de Nueva York y ahora lo hace en Madrid. Deja las tablas, pero no la danza, que es su vida.

Julio Bocca recibe a la prensa como un médico en su consulta diaria: entre 5 y 10 minutos por paciente/periodista. A veces dice de quedarse un poco más, contando cosas, pero un gendarme de ocasión con cara de pocos amigos entra y brama: "Se acabó". En lo que ha podido contestar, Bocca muestra una vitalidad fuera de serie y despide una lozanía que nada tiene que ver con la edad que va a cumplir. Su tono muscular, su actitud, es la de siempre, la del artista incansable. Y viene a Madrid con su última creación: Adiós hermano cruel, que el miércoles se estrenó en el teatro Albéniz, donde permanecerá hasta el próximo 25 de este mes. La música es de Lito Vitale y la coreografía de Ana María Stekelman, una de sus más fieles colaboradoras desde hace años.

"El desinterés de los Gobiernos y de los teatros puede matar la danza"

"El Teatro Real debía tener un cuerpo de baile de ballet clásico como tiene un coro"

"Necesito libertad, días, meses, años..., no sé..., no tomar decisiones"

Pregunta. Adiós hermano cruel para decir adiós a la danza. ¿Casualidad, ironía o metáfora?

Respuesta. De todo un poco. Me gustan los sentidos figurados y las indirectas en el lenguaje escénico. Este ballet es una vieja idea, un sueño. Se basa en una obra de John Ford, Lástima que sea una puta. El ballet tiene dos actos y, repito, equipo, somos los mismos que hicimos La corbata roja, que funcionó muy bien.

P. ¿Y, además, de título rompedor, de qué habla?

R. De incesto, de un amor aparentemente imposible, de un embarazo. Es atemporal, sin espacio preciso. En Buenos Aires lo estrenamos en octubre de 2006 y teníamos nuestras dudas por su crudeza, pero fue un éxito. Pienso que a la gente del ballet le gusta el drama.

P. Una esencia romántica...

R. Algo así. El caso es que los argumentos trágicos pegan más fuerte. Mira, Manon

[el ballet con que Bocca, acompañado de Alessandra Ferri, bailó para su retirada en Nueva York], que la gente repite y ve mil veces y mil veces, se enternece ante esa historia de amores frustrados, de impotencia ante las circunstancias. Hace poco, en octubre pasado, fui a La Habana a su festival de ballet y fue emocionante. Hice Giselle, y al drama mismo de la obra se unía la emoción, la vibración de aquellas 2.000 personas que me conocen, que me han visto bailar muchas veces y que eran conscientes de que era la última vez.

P. Una vez colgadas o quemadas las zapatillas, ¿planes personales y planes laborales?

R. Primero, nada. Me voy en un viaje a la Antártida en un barco rompehielos. Después veré. Necesito libertad, días, meses, años... No sé... No tomar decisiones.

P. Pero muchas cosas giran y funcionan y seguirán funcionando alrededor de Julio Bocca.

R. Lo sé. La fundación que hemos creado, que va muy bien; la escuela, el teatro.

P. ¿Y el destino de la compañía, de su ballet?

R. La compañía sigue con Sara Nieto, la bailarina uruguaya, como codirectora. Mantenemos el repertorio y lo renovaremos, seguiremos implicándonos en creaciones. En 2008, por ejemplo, haré varios ballets del repertorio del coreógrafo venezolano Vicente Nebrada, que la nueva política cultural del Gobierno de Hugo Chavez ha vetado, para que no se pierdan. Con la fundación, ayudados por Petrobras, hemos iniciado un plan para becar bailarines de Perú. Eso también es muy bonito.

P. Paradójicamente, en Caracas no se pueden ver los ballets de Nebrada...

R. Una incongruencia, una crueldad más.

P. Últimamente, varias figuras internacionales se han expresado sobre la carencia en España de una verdadera compañía oficial de ballet clásico. ¿Usted qué opina, ya que bailó varias veces invitado por el Ballet Nacional Clásico cuando existía?

R. Es la falta de interés oficial. Y que conste que no quiero ofender a nadie ni meterme donde no me llaman; el desinterés de los gobiernos y de los teatros puede matar la danza, y no sólo a la clásica. No tener una compañía de ballet un país rico, culto, importante, es un pecado. Y lo paradójico es que de aquí, de España, siguen saliendo bailarines maravillosos. El Teatro Real debería tener un cuerpo de baile de ballet clásico, tal como tiene un coro y una orquesta; es un deber. Y ya sabemos que no es trabajo de un día.

P. Ha bailado usted con varios españoles y españolas.

R. Sí, y los bailarines españoles siempre dicen que quieren volver a su tierra, no es como los rusos o los norteamericanos.

P. Que usted no pase otra vez por el teatro Colón en su despedida es, además de una broma cruel, un imposible.

R. El Colón está en restauración y, como siempre, en crisis permanente. No se reabre hasta 2008 para celebrar el centenario. Ellos me han hablado. Son conscientes de lo que significa mi retirada de los escenarios para el ballet argentino y de hecho algo se ha hablado. Yo no estoy cerrado a nada. Amo el Colón. Es nuestra historia, es en cierto sentido nuestra propia vida en el arte. Pero al mismo tiempo mantengo que es lamentable que hagan sólo 20 o 22 funciones de ballet al año. Pero en Argentina se mueve mucho el ballet, hay compañías pequeñas. Yo para esta obra traigo un grupo de jóvenes muy jóvenes de gran talento.

P. Y la retirada real, es decir, la final final, ¿cuándo será? ¿Tiene fecha?

R. ¡Claro que tiene fecha! Será en Buenos Aires el 22 de diciembre. Primero haré en septiembre cinco funciones de El lago de los cisnes en Luna Park. En octubre iré a Moscú. El show final, el de diciembre... No quiero pensar en ello todavía, aunque tampoco puedo evitarlo. Serán muchas emociones, muchas cosas a la vez. Ahora pienso en el 5 de marzo, mi cumpleaños: hago 40 años, y los cumpliré en Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de febrero de 2007