Sigo a la espera
Escribo en relación al artículo publicado en EL PAÍS el 16 de enero titulado "Duelo por el bebé que se fue al nacer", con el que me he sentido identificada. El 18 de junio de 2006, a las 20.00 horas di a luz en el Hospital Sur de Alcorcón, entidad privada. Ingresé de urgencias porque el bebé se quedó sin latido mientras lo monitorizaban. Una vez me hicieron la cesárea, el bebé nació muerto.
Al dolor que sufrimos los padres se unió una serie de hechos que nos han afectado mucho: el mal trato de los médicos ("¿Por qué no vino antes?", dijeron al poco de dar a luz); la falta de atención psicológica y, lo que es peor, la dejadez y abandono del hospital y la Administración. Han pasado más de siete meses y aún espero información de lo ocurrido. Mi bebé nació muerto y todos se han desentendido. Ni autopsia, ni informe oficial.
Me he dirigido al hospital, al Anatómico Forense, a Atención al Paciente de la Comunidad de Madrid, al departamento de Embriología de la Complutense... y nada. Sigo a la espera. El abandono provoca que unos padres atormentados lleguen a pensar lo peor, que el cuerpo de su hijo se ha perdido en el tráfico ilegal de órganos.
Aunque en mi caso no haya consuelo posible, considero que si el Hospital y la Administración hubieran actuado con mayor diligencia, el daño psicológico podía haber sido menor. Y con estas líneas sólo quiero evitar que otros padres vivan el mismo infierno.


























































