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Editorial:

Calentamiento humano

La tierra, el aire y el agua han sufrido un calentamiento. Esto ya es algo seguro, según el informe presentado ayer en París, tras una semana de debates de 500 expertos, por el Panel Internacional para el Cambio Climático (IPCC) creado por la ONU. Y en buena parte, es obra del hombre. "El efecto neto de las actividades humanas desde 1750", es decir, desde la primera revolución industrial, ha sido un calentamiento global, que se ha reforzado desde 1960, esencialmente debido al uso de combustibles fósiles y del cambio en el uso de los terrenos. De seguir así las cosas, la temperatura media en el mundo aumentará probablemente entre 1,8 y 4 grados para finales de siglo, el nivel del mar se elevará entre 28 y 43 centímetros, lo que sería desastroso para países como Bangladesh, y habrá, con casi total seguridad, más olas de calor y tormentas tropicales más intensas.

Más que grandes novedades, este informe y otros que seguirán aportan la necesaria base científica en favor de acuerdos de obligado cumplimiento para todos a escala global, con un resumen para quienes toman decisiones. El Protocolo de Kioto se ha quedado corto, y su fecha de expiración, 2012, demasiado larga. No se puede aguardar tanto, y esta vez tienen que subirse al carro Estados Unidos, China e India. Estamos sentados todos sobre una bomba de relojería, que podemos desactivar. El calentamiento puede tener efectos dramáticos sobre la vida individual, colectiva y la seguridad global. Cabe recordar que el anterior informe de Nicholas Stern concluía que, gastando anualmente un 1% del PIB mundial, se podía dar marcha atrás en este calentamiento. De no hacer nada, se perderá un 5% y hasta un 20% del PIB. De hecho, el propio informe reconoce que ha habido progresos, por ejemplo, en cuanto al uso de aerosoles nocivos.

Las alarmas están sonando. El alcance de los cinco minutos de apagón voluntario en la tarde del jueves muestra que la conciencia ciudadana está creciendo, y cada vez más políticos van comprendiéndolo. La ciencia llevó a la revolución industrial. Ahora nos llega con este aviso. También puede aportar remedios. No está claro que los humanos seamos los herederos de la Tierra, pero sí los responsables de preservarla, aunque sea por puro egoísmo, pues los efectos del calentamiento son ya un hecho a corto y medio plazo. Rectificar los efectos de la conducta humana en este terreno nos corresponde a todos y obligará a reequilibrar el crecimiento y la solidaridad económica, nuestra forma de vivir y el propio concepto del progreso. De no hacer algo, el último ni siquiera podrá apagar la luz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de febrero de 2007