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Reportaje:

Berlín prohíbe extraditar a sus ciudadanos

El primer ministro italiano, Romano Prodi, está en lo cierto: las condenas a los miembros de las SS que perpetraron la matanza de Marzabotto no pasarán de ser simbólicas. Es del todo improbable que alguno de los octogenarios criminales de guerra sea encarcelado en Alemania o pueda pagar siquiera una parte de los 100 millones de euros que estipula la sentencia.

El artículo 16º de la Constitución alemana prohíbe además que se extradite a ciudadanos alemanes, sea cual sea la sentencia. A pesar de que estos delitos no prescriben y la condena es firme, los asesinos llegarán así al final de sus días sin mayor molestia, si la sienten, que ver su nombre definitivamente asociado con lo que fue uno de los más graves crímenes alemanes en territorio italiano durante la ocupación que siguió a la caída del régimen de Benito Mussolini al final de la II Guerra Mundial. Marzabotto es de hecho uno de los nombres que muchos alemanes asocian inmediatamente con la barbarie nazi.

El fallecido presidente alemán Johannes Rau visitó la localidad en 2002 y 2004 para expresar sus condolencias: "Cuando pienso en los niños y las madres, en las mujeres y en las familias enteras que fueron aquel día víctimas del asesinato me invaden el dolor y la vergüenza". Rau pidió entonces perdón en nombre de su país, donde ahora viven en libertad los 10 condenados por la matanza de Marzabotto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de enero de 2007