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Reportaje:La ofensiva terrorista

Dos kilómetros con el féretro a hombros

Familiares y amigos de Diego Armando Estacio recibieron su cadáver en Machala, el pueblo del que salió hace seis años

La cadena de acontecimientos es de oráculo. En la mañana del sábado, con la primera lluvia de la temporada, el aeropuerto internacional José Joaquín Olmedo de Guayaquil amanecía invadido por una plaga de grillos que ocultaba fachadas y hacía imposible caminar con la boca abierta. Sucede todos los años. "Pero no hay quien se acostumbre", refunfuñaba una empleada del aeropuerto que está llenando bolsas de plástico gigantes con estos incómodos visitantes.

El fenómeno dura apenas dos o tres días, lo que está durando un luto forzado en esta región sureste de Ecuador. Con los grillos, llegan las lluvias. Por culpa de la lluvia -y de cierta imprudencia temeraria-, se produjo un accidente de tráfico dantesco en el kilómetro 52 de la carretera que une Guayaquil con Machala, la ciudad de 250.000 habitantes de donde salió hace seis años Diego Armando Estacio.

Su padre, Winston Armando, estaba triste de volver a Machala "en esta situación"

La jornada de ayer se convirtió en un día de luto en la capital de la provincia de El Oro

Un autobús se tragó a un microbús que patinó a las 8.30 sobre la carretera. La policía tardó en llegar 20 minutos y, mientras, decenas de conductores trataron de sacar de los buses, ahora de papel retorcido, a los 40 heridos que sobrevivieron al choque, del que quedaron nueve cadáveres. Varias de las víctimas eran de Machala. La lluvia no conseguía lavar la sangre ni frenar el tráfico endemoniado en esta carretera que atraviesa las inmensas plantaciones de banano y cacao de la región.

El oráculo diría que ayer era un día de luto para la capital de la provincia de El Oro, en Ecuador. Siempre comenzando en el aeropuerto de Guayaquil, a unos 190 kilómetros al norte de Machala. Allí llegó a la 1.40 el vuelo especial del Ejército del Aire español con el féretro sellado de Diego Armando Estacio, que tenía 19 años, repitiendo un ritual que Ecuador ya conoció dos días antes -cuando llegaron los restos de Carlos Alonso Palate a Quito y luego a Picaihua, en la provincia de Tungurahua-. Los dos, que fallecieron bajo los escombros del aparcamiento de la nueva terminal del aeropuerto de Barajas, son las últimas víctimas mortales de la banda terrorista ETA. En esta ocasión, los familiares de Estacio que iban a bordo del Boeing 727 de bandera española eran 29 y la delegación oficial española que los acompañaba estaba encabezada por la secretaria de Estado de Emigración e Inmigración, Consuelo Rumí.

A diferencia del caso de Palate, los familiares de Diego decidieron descansar unas horas en Guayaquil, antes de enfrentar el trayecto de tres horas hasta Machala, a donde llegaron cerca del mediodía.

En el contacto con los medios de comunicación, Rumí confirmó que la familia de Diego Armando recibirá una indemnización de unos 280.000 euros, más lo que aporte la Comunidad de Madrid. "La familia Estacio sabe que nos tiene a su disposición para todo lo que le haga falta", insistió la secretaria de Estado, quien repitió que los dos ecuatorianos víctimas del atentado de ETA el pasado 30 de diciembre "serán tratados como cualquier español que es objeto de violencia terrorista". Añadió después que "en este momento, tan lleno de emoción, una vez más Ecuador y España, dos pueblos tan unidos, también estamos unidos por el dolor por la pérdida de dos de sus hijos".

Después de descansar hasta las nueve de la mañana, la comitiva emprendió la marcha y, tres horas después, llegó al cementerio Jardín de Paz, para reeditar las escenas de dolor que se vivieron antes en Picahua, la parroquia montañosa de donde era Carlos Alonso Palate y donde recibió sepultura el sábado.

El arribo a Machala fue tenso. En una pequeña discusión familiar que se convirtió en pública, dos sectores peleaban por el lugar para el velatorio. Por un lado, los que querían que fuera en el barrio Useza 2, donde reside su abuelo Avelino Sivisipa. Por otro, los que deseaban que fuera en la casa donde nació y se crió Diego, en el barrio 8 de Noviembre, al sur de la ciudad.

Finalmente, los amigos y familiares de Estacio, que querían seguir la tradición, sacaron el ataúd del coche fúnebre y lo cargaron a pie en un recorrido de casi dos kilómetros hasta la casa de su bisabuela materna, Inés Feijó, una mujer de 71 años que ha visto emigrar a España e Italia a la gran mayoría de su familia.

Los pocos que nunca se fueron del país recuerdan a Diego todavía niño, con los 13 años que tenía cuando su madre, Jacqueline Sivisipa, se lo llevo a Italia, donde ella vivía desde 1994. "Obediente, humilde, divertido", los adjetivos se pegan con fuerza al recuerdo de un muchacho que jugaba a fútbol y bromeaba a menudo: un muchacho.

Su padre, Winston Armando, se mostró ayer conmovido y triste de volver a Machala seis años después de haber emigrado junto a Diego "en esta situación, por esta calamidad". "Me hubiera gustado venir por las fiestas, a ver a la familia". Diego Armando Estacio había salido de Ecuador seis años atrás, con destino a Italia junto a su madre. Hacía tres años que se había instalado en España, enamorado de Verónica Arequipa. Su padre contó de nuevo la historia en el aeropuerto: cómo Diego Armando, un día antes del atentado, después de jugar un partido de fútbol con sus vecinos, había bebido unas cervezas. Al día siguiente fue al aeropuerto de Barajas a esperar a los padres de su novia. Mientras ella iba a la terminal, él decidió quedarse echando una cabezada en el coche porque estaba agotado. Allí lo sorprendió ETA.

Después de unos minutos en la casa de Inés Feijó, llegó el coche fúnebre y, esta vez con el féretro en su interior, el cuerpo de Diego Armando fue trasladado al barrio 8 de Noviembre.

Allí fue recibido por unas 250 personas. "No mucha gente, entienda que es domingo, pero fue muy triste", explica Alberto Chávez, periodista del matutino local, El Correo.

Lo demás es dolor y cansancio. Jackeline, la madre de esta joven víctima del terrorismo, alcanzó a repetir, antes de refugiarse en la familia, lo obvio ante las preguntas martilleantes de los medios: que el dolor es "muy profundo"; la delegación española ofreció todo el apoyo posible. Ecuador, ahora familiarizado con el terrorismo de ETA, está enfrascado en la lucha política que protagonizan el presidente electo, Rafael Correa, y el Congreso de la República alrededor de la posible convocatoria de una Asamblea Constituyente.

Hoy, con el entierro de Diego Armando Estacio, a las 4 de la tarde (hora local), Ecuador pasa una página con la seguridad, como dice Elba Berruz, presidenta de la Asociación Mundial de Ecuatorianos en el Exterior, de que las muertes de este joven y de su compatriota Palate "son el reflejo real de la tragedia del éxodo ecuatoriano".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de enero de 2007