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Crítica:

Psicosis mundial

¿Qué une a los seres humanos en estos años de inicio del siglo XXI? ¿Qué pueden compartir un hombre de negocios de Japón, unos críos marroquíes que se dedican al pastoreo en el desierto, una asistenta mexicana y una acomodada pareja estadounidense? En un mundo de incomunicación y de recelo, de sensibilidades opuestas, de carnicería diaria, de miradas de soslayo, de barreras físicas y morales, quizá sea la violencia lo que nos une. La de unos que afecta a otros. La de los otros que afecta a los unos. ¿Quién empezó la guerra? Cualquiera de ellas: las que enfrentan a países contra países, a países contra terroristas, a amigos contra vecinos. El hombre es un lobo para el hombre. Alejandro González Iñárritu, con la ayuda de su inseparable guionista Guillermo Arriaga, ha compuesto en Babel un retrato del estado del mundo, una portentosa historia que quizá se estudie dentro de 50 años como muestra de la psicosis que acechaba a las civilizaciones en un tiempo cargado de pesimismo. Del terror que provoca una raza capaz de unir el devenir de un heterogéneo plantel de personas gracias a un simple rifle.

BABEL

Dirección: Alejandro González Iñárritu. Intérpretes: Brad Pitt, Cate Blanchett, Adriana Barraza, Rinko Kikuchi. Género: drama. EE UU, México, 2006. Duración: 142 minutos.

Con características formales semejantes a sus dos admirables trabajos anteriores (Amores perros y 21 gramos), Iñárritu y Arriaga descomponen la linealidad para abrazar un puzle de historias que encajan con brutal desconsuelo. En Babel cuentan al alimón un puñado de historias que no se desarrollan en paralelo, como son mostradas en la película, sino consecutivamente. Un juego espacio-temporal que tiene en la Rayuela de Julio Cortázar su exponente literario máximo y que ellos han elevado a la categoría de arte cinematográfico en sus demoledores filmes. Arriaga e Iñárritu colocan a un matrimonio estadounidense fuera de su hábitat y todo se viene abajo. ¿Qué hace una pareja de occidentales bajo un humilde chiringuito del desierto marroquí pidiéndole a un camarero una Coca-Cola light y dudando si tirar el hielo o no porque vaya usted a saber la insalubridad del agua? ¿Quieren visitar el Tercer Mundo para creerse solidarios y quizá modernos, pero no quieren escapar de sus comodidades habituales? "¿Qué hacemos aquí? Estar juntos, solos", responde el marido.

Huida. Ruina. El mundo comparte los medios de comunicación, pero éstos pocas veces nos sirven para estar más informados. El mundo comparte un atroz individualismo que nos separa no sólo de los diferentes sino también de nuestros iguales. Arriaga e Iñárritu nos lo muestran. Nos lo escupen. La torre de Babel está más viva que nunca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de diciembre de 2006