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Reportaje:

La timba de los suecos

El grupo Calle Real, con el hijo de Bebo Valdés, recicla la música de baile cubana

Timba cubana desde el país de Abba. Tocada por músicos con apellidos como Thullberg, Linde o Tomaszewski. ¿Es posible? Calle Real demuestra que sí. Son 12 miembros -10 en el disco Con fuerza (Galileo Music)- que crecieron en Suecia, "con la MTV, pero con gran afinidad por los ritmos cubanos", dice el sueco de origen chileno Patricio Sobrado, tresero y fundador del grupo, que ha estado en Madrid con el cantante Thomas Eby y el percusionista Rickard Valdés para hablar de su proyecto.

Cuando escogieron el nombre de Calle Real ignoraban que fuera el título de un disco de Camarón. "Lo hicimos por nuestra forma de tocar salsa que es bien callejera y auténtica. Si alguien deduce que somos monárquicos, allá él", bromea Sobrado. El embrión fue un trío que nació en 1999: "Tenía que organizar una fiesta para 200 personas, pero no podía pagar a una orquesta de salsa así que pregunté a mi hermano y a otro chico si querían montar unos números. Tocamos dos del Trío Matamoros".

El proceso hasta llegar a 12 músicos y a la timba fue lento. "Al principio, como no había piano, la denominamos acid-son", cuenta Rickard Valdés. "Yo quería tocar música con más energía, pero alguien no quería", dice mirando de reojo a Sobrado. "Llegó a decir que tocaríamos timba sólo sobre su cadáver", recuerda Thomas Eby, que empezó a tocar las tumbadoras de niño y con 19 años se fue a estudiar a Cuba. "Me tuve que comer mis palabras", admite Patricio Sobrado con una sonrisa.

La timba surge como música de baile en los años noventa en Cuba con NG La Banda y se desarrolla con la Charanga Habanera, Issac Delgado, Paulito FG... "Una mezcla de ritmos afrocubanos y música negra norteamericana", explica Valdés. "Mete un bajo bien duro, con batería o bombo y caja, mucha polirritmia. La manera de cantar es más pop que en el son tradicional y los arreglos distintos de los de la salsa".

"Para llegar a la timba, que es muy compleja, tienes que entender e interiorizar los fundamentos de la música cubana. Nosotros, inconscientemente, hicimos un viaje partiendo desde el son. Y desde el primer momento supimos que queríamos hacer canciones, no sólo improvisaciones o ritmos", aseguran.

En los países nórdicos siempre hubo interés por lo latino. "Estuve en un concierto de Buena Vista Social Club en Finlandia. Llovía a mares y había 25.000 finlandeses bajo sus paraguas sin moverse de allí. Eso es un fenómeno", afirma Sobrado.

En marzo tocarán en el festival de la Calle Ocho, en Miami, y hace tres años se presentaron en el Benny Moré: "Había 10.000 personas en Cienfuegos. Nunca habíamos tocado ante tanta gente. Los cubanos vieron que se podía hacer timba en otra parte".

Rickard Valdés es hijo de Bebo y hermano de Chucho, dos gigantes de la música cubana. Hace cinco años, Calle Real grabó una maqueta, Rickard la llevó a Cuba y se la hizo escuchar a Chucho y a toda la familia Valdés. "Estaban callados. Hasta que Chucho dijo '¿por qué tocan tan rápido?", recuerda Rickard, que acompaña a su padre en la big band y grabó el disco Lágrimas negras. Antes de que lo rescatara Paquito D'Rivera y Fernando Trueba le devolviera la gloria, Bebo Valdés vivía olvidado en Estocolmo. "Mi padre nos contaba que en Cuba había tenido su programa de radio, una editora, una orquesta y que era famoso. Pero en Suecia tocaba el piano en bares de hoteles y, para un niño como yo, famoso era Michael Jackson. 'Sí, papá, seguro', le decíamos. La primera vez que fuimos a Estados Unidos la gente se acercaba a decirme que mi padre era una leyenda. ¡Pero si estaba tocando en un bar! Empecé a pensar que nos había contado la verdad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de diciembre de 2006