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Acuerdo entre España y Senegal para frenar la inmigración

ilegal Zapatero y el presidente senegalés posponen la firma de un convenio y la fijación de cupos

El jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, y el presidente de Senegal, Abdulayeh Wade, expresaron ayer un pleno acuerdo sobre los principios que deben guiar la política migratoria al término de una visita, la primera de Zapatero a un país del África subsahariana, que concluyó sin la firma del gran convenio global sobre inmigración propuesto por España. No obstante, sí se alcanzó el compromiso de cerrarlo cuanto antes y se adoptó una decisión conjunta de pedir la prórroga del dispositivo internacional de control de las aguas senegalesas dirigido por la Unión Europea.

En la sede presidencial ondeó la bandera preconstitucional colocada al revés

Senegal, en cambio, no obtuvo satisfacción a sus aspiraciones de que se fijaran cupos de emigrantes legales para que sus ciudadanos vengan a trabajar a España. El propio presidente Wade había anunciado, después de que el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, aceptara el pasado 10 de octubre en Dakar la introducción de dicho sistema, que 4.000 senegaleses, un número parecido al de inmigrantes de esa nacionalidad repatriados en los últimos meses desde Canarias, vendrían a trabajar legalmente a España el año que viene. Uno de sus ministros afirmó la semana pasada que 75 conciudadanos están a punto de empezar a trabajar en la empresa Acciona.

Zapatero dijo ayer que, aunque hay en perspectiva unos acuerdos sobre cupos, basados en la creación en Senegal de un Centro de Gestión de Flujos Migratorios que seleccionará y formará a los candidatos a emigrar a España, "tienen que ser desarrollados". "No voy a discutir las previsiones del Gobierno senegalés, pero para España sería prematuro dar cifras", añadió. Abdulayeh Wade, que comparecía junto a él en rueda de prensa, no añadió nada ni puntualizó estas palabras.

Pese a esta diferencia, la visita del presidente español tuvo un sentido indudable de agradecimiento y apoyo político al presidente senegalés, en vísperas de las elecciones presidenciales que deberá afrontar en febrero entre las críticas suscitadas por su decisión de readmitir a cerca de 5.000 inmigrantes repatriados por España. Esas dificultades explican precisamente que el acuerdo global sobre emigración no se firmara ayer y quedara pospuesto "a la mayor brevedad", presumiblemente a una fecha posterior a la cita con las urnas. Las prisas por poner los compromisos por escrito no son acuciantes, ya que todo funciona satisfactoriamente en la práctica.

El apoyo político fue explícito cuando Zapatero dijo que "Wade sabe que tiene en España a un fiel aliado", tras alabar las políticas de desarrollo de su anfitrión, en un país que está a la cola del desarrollo humano, con el puesto 156 de 177, y a la cabeza de los índices de pobreza, que afecta al 44% de su población. También destacó su contribución a "un enfoque global y concertado de la gestión de los flujos migratorios", que ambas partes consideraron eficaz.

Los dos líderes descartaron que la fuerte caída del tráfico de cayucos se deba al mal estado de la mar. Zapatero la atribuyó explícitamente tanto al dispositivo de control marítimo montado por Frontex, la Agencia Europea de Control de Fronteras, como a "las repatriaciones", un término que ni siquiera aparece mencionado en la declaración de intenciones y que Wade se cuidó muy bien de pronunciar.

Además de acordar pedir la prórroga por otros seis meses del sistema de Frontex, al que contribuyen España, Senegal e Italia, las dos partes firmaron acuerdos en temas relacionados con la emigración: uno, para la repatriación de menores senegaleses no acompañados y otro, de cooperación judicial frente a la delincuencia. También concluyeron un convenio para evitar la doble imposición.

Pero tanto Zapatero como Wade se esforzaron en hacer ver que sus relaciones y estrechas coincidencias son de principio y van más allá del tema concreto de las migraciones, un problema que el presidente senegalés se empeñó en considerar coyuntural. El jefe del Gobierno ancló su compromiso con África en un nivel "moral", de lucha contra la pobreza, porque "nuestro bienestar futuro", dijo, "exige reducir el malestar de los que sufren". En ese sentido, destacó que su Gobierno ha triplicado, hasta 450 millones de euros, la ayuda al desarrollo del África subsahariana y elevado de 5 a 35 millones los fondos para Senegal.

En otro momento, quiso adoptar un tono general africanista: "Siento emoción por estar donde salieron la mayoría de los esclavos durante tres siglos y quiero aprovechar la ocasión para condenar esa injusticia histórica".

Un incidente menor registrado durante esta breve visita, de apenas 18 horas, fue que la bandera española que ondeó en el mástil de la sede de la Presidencia de Senegal era preconstitucional, desplegada al revés, con el águila cabeza abajo, pese a lo cual nadie se dio cuenta hasta pasadas un par de horas. Los servicios de protocolo de La Moncloa advirtieron entonces del error a los senegaleses, que pidieron disculpas y retiraron la enseña. Funcionarios españoles recorrieron a continuación las calles y edificios de Dakar donde se habían colgado banderas, por si la equivocación se repetía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de diciembre de 2006