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El fuel del 'Prestige' permanece bajo la arena cuatro años después

Científicos hallan chapapote en Fisterra a un metro de profundidad

Santiago de Compostela

Científicos gallegos han levantado la alfombra en dos de las playas más afectadas por la marea negra del Prestige y, cuatro años después, han encontrado fuel enterrado a un metro de profundidad. Con el chapapote aún escondido y los arenales de nuevo contaminados por lodos procedentes de los montes quemados, una revista científica (Marine Pollution Bulletin) ha publicado las primeras investigaciones sobre la catástrofe. Revelan que, transcurrido un año, la calidad del agua estaba ya en un "estado similar" al de antes, lo cual, según sus autores, no rebaja la gravedad del daño. El próximo lunes se cumple el cuarto aniversario del naufragio.

Cada vez que un temporal de lluvia y viento azota Galicia, las galletas de fuel que el Prestige repartió hace casi cuatro años vuelven a las playas de A Costa da Morte y en las islas Cíes huele a chapapote. La imagen ya no abre los telediarios ni es portada de los periódicos, pero sigue siendo objeto de estudio. Desde que la marea de voluntarios dejó aparentemente limpios los arenales, los miembros del Grupo de Geología Marina y Ambiental de la Universidad de Vigo no han dejado de visitar las zonas más afectadas para seguir el rastro invisible de aquella catástrofe.

En sucesivos muestreos, el último realizado el pasado mes de junio, estos expertos en sedimentos han encontrado fuel enterrado a sólo un metro de profundidad. Fue en la playa de Nemiña, en el municipio coruñés de Fisterra. "En todo este tiempo hemos visto cómo la concentración de arenas grises en playas como Nemiña y O Rostro es cada vez menor y cómo las galletas son más pequeñas, mezcladas con algas y sedimento", explica Belén Rubio, una de las investigadoras del grupo. "Se ve que el fuel está más degradado, pero sigue ahí".

Cuando la meteorología se revuelve, los científicos de la Facultad de Ciencias del Mar de Vigo se trasladan a las playas de Fisterra e introducen un gran tubo en la zona intermareal, el área bañada por las mareas. Sus anotaciones sobre la profundidad a la que se encuentra el fuel del Prestige que arrastran las corrientes les sirven a estos geólogos para estudiar la ruta de los sedimentos y predecir su comportamiento en otra hipotética marea negra.

Las agitadas aguas de Galicia que cuatro años después remueven los restos de la catástrofe fueron precisamente una defensa crucial ante el ataque del chapapote. Así lo revelan las primeras investigaciones que se iniciaron en plena crisis por el naufragio del petrolero y que se acaban de cerrar oficialmente con su publicación en la revista Marine Pollution Bulletin. Los estudios, en los que participaron 150 investigadores de toda España, concluyen que "al año del accidente se había registrado un estado similar al anterior en la calidad del agua, la producción primaria y los niveles de contaminación de fondo".

Especies afectadas

¿Ha superado entonces Galicia en tiempo récord lo que parecía una catástrofe que duraría décadas? "Estas conclusiones no minimizan ni mucho menos el impacto de la catástrofe y hay que tomarlas con cautela", subraya Federico Vilas Martín, catedrático del Área de Estratigrafía en la Universidad de Vigo y uno de los responsables de las investigaciones. "Si todo estuviera recuperado, no habría actualmente 300 científicos en España que siguen investigando las consecuencias del accidente".

Los 13 estudios publicados en la revista analizan, entre otras cosas, la actividad tectónica en el área donde permanece hundido el pecio, los efectos del chapapote en los bancos pesqueros y la influencia de las corrientes marinas en el devenir del fuel que vertió el barco. Los investigadores admiten que en las zonas más castigadas por la marea negra se produjo una "reducción significativa" de langosta, cigala y gallo, aunque en el caso de estas dos últimas especies el bajón se recuperó de manera "importante" en 2004, sólo dos años después del naufragio.

El investigador Federico Vilas Martín admite que un año después de que el Prestige escupiese 70.000 toneladas de fuel se apreció en la costa gallega "una mejora drástica". Insiste, con todo, en que el hidrocarburo está enterrado y en que galletas de chapapote siguen llegando a la costa, como revelan los muestreos del grupo de geólogos marinos que él también coordina.

Vilas Martín, secretario de la comisión científica que creó el Gobierno español en Vigo para estudiar los efectos de la marea negra durante años, achaca a varios factores la rapidez con la que el ecosistema gallego plantó cara al chapapote: un fuel denso difícil de diluir y que se retiraba con facilidad, unas vedas en las capturas pesqueras que ayudaron a la fauna a recuperarse y, sobre todo, un mar rebelde que se revolvió con furia contra la agresión.

El próximo lunes 13 se cumplen cuatro años de aquel mediodía en que el petrolero Prestige sufrió una brecha en su casco mientras navegaba frente a Fisterra. La plataforma Nunca Máis, nacida días después de aquel naufragio para exigir responsabilidades políticas por la gestión de la marea negra, ha convocado una manifestación para este domingo. La marcha partirá a las 12 horas de la Alameda de Santiago de Compostela bajo el lema Otro Prestige aún es posible: evitémoslo. Los organizadores de la protesta subrayan que cada día siguen pasando frente a las costas gallegas 35 buques con mercancías peligrosas en sus bodegas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de noviembre de 2006