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Ratones ciegos recuperan visión con un trasplante celular en la retina

La pérdida de los fotorreceptores es la principal causa de ceguera en los países ricos

Un hito o una falsa esperanza más en la larga historia de los intentos de regenerar la retina, el pequeño órgano del ojo sin el cual no se puede ver. Los científicos todavía no saben si el experimento hecho público ayer, por el que ratones ciegos han podido ver algo de luz, caerá en la primera o en la segunda categoría. Es la primera vez que un trasplante de retina ha tenido resultados alentadores en mamíferos, pero los investigadores alertan de que el traslado a humanos no es automático y que, en todo caso, los primeros ensayos clínicos tardarían unos cinco años.

La retina está cubierta de fotorreceptores, células superespecializadas del sistema nervioso que traducen la información luminosa para que sea procesada como imagen por el cerebro. Estos fotorreceptores, llamados conos y bastones, son como los píxeles de una cámara digital. Cuando se mueren por una enfermedad como la retinitis pigmentosa, la degeneración macular o la diabetes, la retina no es capaz de sustituirlos, aunque el resto del órgano no resulte dañado. Su pérdida representa más casos de ceguera que todas las demás causas juntas en el mundo desarrollado. Por eso se ha intentado desde mediados del siglo pasado hacer trasplantes de retina y de células retinales. El problema es que estos trasplantes no funcionaban porque no se producía la interconexión de las nuevas células o tejidos con el resto de la retina.

Con el aislamiento, hace ocho años, de las células madre humanas, al surgir la esperanza de que tengan aplicaciones en medicina regenerativa, llegaron los primeros implantes de células madre embrionarias, que tampoco han dado resultado, por la misma razón. Ahora, científicos británicos, de Estados Unidos y de Japón, han conseguido identificar las células que sí funcionan en los trasplantes y lo publican en la revista Nature.

Precursoras

No son células madre, sino unas más maduras, llamadas precursoras, que ya tienen las órdenes de convertirse en conos y bastones de la retina pero todavía no se han desarrollado totalmente. Se obtuvieron de ratones recién nacidos (entre los tres y los cinco días de edad) y se marcaron genéticamente para que fueran fluorescentes. De ellas, funcionaron las que estaban en un estadio más avanzado de desarrollo y casi todas se convirtieron en bastones. Los ratones ciegos, que lo son porque se ha reproducido en ellos el defecto genético que produce la retinits pigmentosa en las personas, detectaron tras el trasplante niveles bajos de luz.

"Hemos encontrado que la retina madura, que antes se creía que no tenía capacidad alguna de reparación, puede, de hecho, soportar el desarrollo de nuevos fotorreceptores funcionales", ha comentado Jane Swoden, del Medical Research Council del Reino Unido, que ha trabajado en el experimento, cuyo primer autor es Robert MacLaren.

La aplicación de esta línea de investigación a los seres humanos presenta algunas dificultades obvias, señala en la misma revista el especialista Thomas Reh, pero los científicos creen que la información obtenida les servirá para circunvalarlas. Por ejemplo, para obtener este tipo de células humanas se tendrían que extraer de fetos en el segundo trimestre de gestación y también interesa que se formen conos, las células que son sensibles a los colores en la visión diurna.

100 megapíxeles

Además, como la retina humana tiene 125 millones de bastones y seis millones de conos (equivalente a una cámara de 100 megapíxeles o los píxeles de un millar de pantallas de televisión), haría falta general muchas células para trasplantar. Sin embargo, en la degeneración macular, normalmente, asociada a la edad, la zona dañada (la central) es mucho menor.

En el laboratorio de Reh, sin embargo, han conseguido cultivar células madre embrionarias humanas hasta que empiezan a convertirse en precursoras de las de la retina, y quizás se comportarían igual que las obtenidas directamente de los ratones recién nacidos. Y Robin Ali, uno de los directores del trabajo, señala: "Se ha encontrado recientemente una población de células en los bordes de la retina adulta similares a las células madre porque son capaces de autorenovarse. Se podrían extraer del paciente con una pequeña operación y hacer crecer en el laboratorio hasta convertirse en precursoras de los fotorreceptores para luego implantarse en la retina". Por ahora, sin embargo, reina la cautela entre los investigadores, como subraya en un comunicado el otro director del trabajo, Anand Swaroop, catedrático de oftalmología de la Universidad de Michigan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de noviembre de 2006